Cuarenta años atrás San Juan Pablo II convocó a los representantes de las religiones del mundo para el rezar juntos por la paz en la estación de la “guerra fría”.
Decía el papa polaco: “Por primera vez en la historia, las iglesias y comunidades eclesiales cristianas y las religiones del mundo nos hemos congregado desde todas partes en este lugar sagrado dedicado a San Francisco para testimoniar ante el mundo – cada uno según sus propias convicciones – la naturaleza transcendente de la paz.”
Y agregaba: “La paz es una cantera abierta a todos y no solo a los especialistas, sabios y estrategas. La paz es una responsabilidad universal; se mantiene a través de miles de pequeños actos de la vida diaria.”
Una responsabilidad universal que la Comunidad de Sant’Egidio quiso tomar en sus manos, continuando con coraje y creatividad, aquel “espíritu de Asís” que había engendrado la profética intuición de Juan Pablo II. En este próximo 27 de octubre será León XIV a subir en la colina de Asís para pedir y buscar con las religiones mundiales aquella “paz desarmada y desarmante” que pide con fuerza y gran firmeza desde el comienzo de su pontificado. Las guerras y los conflictos como nos recuerda Andrea Riccardi, se eternizan y la lógica bélica parece haber borrado del panorama mundial la palabra paz.
Pero la construcción de la paz, como recordaba Juan Pablo II, es una responsabilidad personal que necesita ser ayudada también por las naciones. Aquella estructura tan vituperada por muchos políticos que es la Organización de las Naciones Unidas, puede todavía, con modificaciones oportunas, ser un instrumento de mediación de los conflictos y controversias que golpean a nuestro planeta y amenazan de forma permanente la convivencia humana.
Esta convivencia entre diferentes, entre diversos que goza nuestro país. El cardenal Koovakad, en su reciente visita a Buenos Aires ha hablado de un “espíritu de Buenos Aires” que se une a lo de Asís. Un talento, que come aquel de Asís, va gastado para que la paz y la cultura del encuentro pueda empapar todavía nuestra sociedad, a menudo desgarrada por la polarización.
El imperativo de la paz no es algo semejante a una piadosa exhortación sino requiere una urgencia para evitar el crecimiento de desigualdades sociales que son siempre la causa de posibles estallidos sociales.
La paz va garantizada en un trabajo diario de encuentro, de diálogo, de búsqueda de puntos en común, siempre en la perspectiva de la construcción del bien común, ajeno de intereses espurios.
A una semana de la visita de Papa León XIV, en la tarde del 1° de Noviembre, la Comunidad de Sant'Egidio en colaboración con la Comisión de Diálogo Ecuménico y Interreligioso de la Arquidiócesis de Buenos Aires reunirá todas las religiones para rezar por la paz en el Auditorio de la Paz de la Asociación laica budista Soka Gakkai. En esta oportunidad se ha lanzado un concurso de dibujos para niños, adolescentes de los colegios de todos los grados sobre el tema de la “paz desarmada”. Están todos invitados a la cantera de la paz.
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