A los 27 años estaba a punto de concretar una operación millonaria en Estados Unidos y parecía haber alcanzado el sueño de cualquier emprendedor. Pero detrás de aquella historia de éxito había una realidad que terminó llevándolo al hospital.

Después de aquel episodio decidió cambiar por completo su manera de trabajar y de vivir. Años más tarde volvió a vender una compañía, esta vez por una cifra que multiplicaba varias veces el valor de su primera startup (empresa emergente).

Se trata de Rahul Vohra, un inversor británico que actualmente tiene 42 años. Crecido en Birmingham, Inglaterra, el científico informático -educado en la Universidad de Cambridge- dio detalles del cambio en su estilo de vida en una entrevista concedida a Fortune.

Una venta millonaria

En su última etapa como veinteañero, desde afuera parecía que Vohra estaba viviendo el momento que cualquier emprendedor de Silicon Valley habría soñado. Su startup crecía, había despertado el interés de una de las compañías tecnológicas más importantes del mundo y estaba a punto de concretar una venta millonaria.

Sin embrago, mientras el negocio avanzaba hacia una adquisición por parte de LinkedIn, el cuerpo empezó a pasarle factura al emprendedor.

En 2012 LinkedIn compró su startup. Foto ilustrativa: Pexels.

Vohra había cofundado Rapportive, un complemento para navegador y servicio de correo electrónico, menos de dos años antes. La empresa había conseguido convertirse rápidamente en una pieza atractiva para LinkedIn y en febrero de 2012 terminó siendo adquirida por esa compañía en una operación que, según se informó, alcanzó los 15 millones de dólares.

El problema era que el éxito empresarial escondía una situación muy distinta en la vida cotidiana del joven empresario.

Rapportive se estaba quedando sin dinero. El joven estaba sobrecargado de trabajo y llevaba meses acumulando una presión que, según reconoció años después, ni siquiera identificaba como estrés.

“No creía estar estresado, pero creo que es porque cuando uno está estresado todo el tiempo, ya ni siquiera se da cuenta”, le dijo recientemente al destacado medio.

El día en que el cuerpo dijo basta

El episodio que terminó modificando su manera de entender el trabajo comenzó durante la madrugada.

Vohra se despertó alrededor de las 3 con fuertes náuseas y un intenso malestar. Aun así, siguió adelante con su jornada.

Su punto de quiebre fue un desmayo en las calles de San Francisco. Foto: Eddie Hernandez

Para el mediodía, el dolor se había vuelto insoportable. En medio del día decidió acercarse a una farmacia ubicada a pocas cuadras de su oficina, en San Francisco. No llegó a completar el trayecto con normalidad. Se desplomó frente a un McDonald's.

Uno de sus cofundadores acudió para ayudarlo y consiguió analgésicos para aliviar el dolor. Pero Vohra tomó una decisión que, con el tiempo, consideraría absurda.

“Como un idiota”, según sus propias palabras, volvió directamente a trabajar. No fue al hospital hasta el día siguiente.

Dos años de pizza y brownies y una enfermedad que lo obligó a frenar

Los estudios médicos finalmente dieron una explicación a lo que estaba sucediendo.

Después de dos años prácticamente sin cuidar su alimentación, sin hacer ejercicio y sometido a una enorme presión por la situación de la empresa, Vohra había desarrollado una enfermedad por reflujo gastroesofágico.

El diagnóstico también vino acompañado de una advertencia que lo impactó. Una enfermera le dijo que su sistema digestivo parecía corresponder al de una persona entre 10 y 20 años mayor que él.

Hasta entonces, Vohra había asociado el sacrificio extremo con la construcción de una empresa. El paso por el hospital comenzó a modificar esa idea.

Permaneció una semana internado. Después pasó varias semanas recuperándose junto a su familia y desconectándose del trabajo.

Durante ese período empezó a preguntarse no solamente cómo quería construir su próxima compañía, sino también qué clase de vida quería tener mientras lo hacía. La respuesta terminaría influyendo en su siguiente gran proyecto empresarial.

Qué cambió después de pasar por el hospital

Durante el mes que siguió al problema de salud, el empresario se acostumbró a una rutina completamente diferente.

Se alejó del trabajo y pasó tiempo con su familia. También desarrolló un vínculo especial con el perro de sus tíos y recuperó una afición que había quedado relegada durante sus años de emprendimiento: los videojuegos narrativos.

El inversor británico se acercó más a su familia y a los animales.

Pero hubo una práctica que terminó convirtiéndose en una de las piezas centrales de su nueva vida. La meditación trascendental.

Varios amigos del mundo empresarial le recomendaron que recurriera a un coach especializado en bienestar. A través de esa persona comenzó a practicar meditación trascendental siguiendo la tradición Raj de la India.

El método incluía una enseñanza individual, en la que un maestro guiaba personalmente al alumno mediante una práctica y un mantra.

Al principio, las sesiones duraban varias horas y se extendían durante varios días. Con el paso del tiempo, Vohra mantuvo encuentros presenciales cada dos o tres meses.

La práctica también cambió su relación con el mundo de los negocios.

“Tenía una nueva fuente de determinación y resiliencia. Simplemente les planté cara a los inversores que me estaban mintiendo y me negué a tratar con ellos porque había encontrado una nueva fortaleza: la simple gratitud por estar vivo”, indicó.

La rutina de meditación que incorporó a su jornada

La meditación dejó de ser una actividad ocasional para convertirse en parte de su agenda diaria.

Cada mañana, Vohra dedica 30 minutos a la práctica. Durante los primeros 20 repite su mantra y luego permanece otros 10 minutos tumbado.

El empresario sostiene que ese ritual tiene un impacto directo en su estado mental, su creatividad y su felicidad. También asegura que le permite comenzar la jornada con una mente más tranquila y despejada.

La práctica no termina allí. Alrededor de las 15:30, mientras trabaja en la oficina, abandona su escritorio y se dirige a una sala de meditación para realizar otra sesión breve.

La meditación es parte de su día a día. Foto ilustrativa generada por XAI

“Defiendo esa parte de mi calendario y la integro en mi vida, y creo que merece la pena”, afirmó.

La diferencia con sus primeros años como emprendedor no estaba solamente en la cantidad de horas que trabajaba. También había cambiado la manera en que concebía el costo de esas horas.

"Superhuman", el segundo gran negocio de Rahul Vohra

En 2014, apenas dos años después de vender Rapportive, Vohra volvió a apostar por el software relacionado con el correo electrónico.

Junto a Conrad Irwin y Vivek Sodera fundó Superhuman, una compañía que desarrolló una suite de productividad basada en inteligencia artificial para gestionar el correo electrónico.

El nuevo emprendimiento alcanzó una valoración de 825 millones de dólares en 2021. La empresa terminó siendo adquirida por Grammarly en 2025, aunque el monto de esa operación no fue revelado.

Después de la adquisición, el producto original de correo electrónico pasó a llamarse Superhuman Mail. Vohra continuó involucrado en el proyecto y siguió publicando actualizaciones.

Pero, más allá de las cifras, había una diferencia fundamental respecto de su primera compañía. Esta vez, Vohra llegó a la venta en una situación personal y financiera muy diferente.

La decisión de trabajar de otra manera

Entre una venta y la otra habían cambiado muchas cosas. El británico había mejorado su alimentación y establecido una rutina constante de ejercicio. También había incorporado la meditación a su vida y había buscado maneras más eficientes de organizar su trabajo.

Para hacerlo, recurrió a distintos especialistas, entre ellos dietistas, nutricionistas, instructores de meditación y asesores ejecutivos.

También había desaparecido una de las principales fuentes de angustia que había marcado su primera experiencia.

Superhuman ya no estaba constantemente al borde de quedarse sin dinero.

La compañía había conseguido recaudar más de 100 millones de dólares de inversores antes de ser adquirida por Grammarly. Esa financiación le había dado a Vohra una libertad financiera considerablemente mayor que la que tenía durante los últimos meses de Rapportive.

El cambio no fue solamente económico. La relación con los inversores también era diferente y el empresario había adquirido más experiencia en la búsqueda de financiación.

En lugar de vivir pendiente de la supervivencia de la compañía, podía concentrarse en una pregunta diferente: qué camino era mejor para el futuro del producto.

“Creo que simplemente ser mayor y más sabio, tener una perspectiva más amplia, hacer ejercicio, practicar la meditación y comer mucho mejor”, explicó.

Y agregó: “No había angustia existencial. No nos estábamos quedando sin dinero. Estábamos creciendo más rápido que nunca. Podría haber recaudado más fondos”.

La advertencia a los emprendedores más jóvenes

Vohra también convirtió aquella experiencia en una advertencia para otros empresarios.

Aseguró que le preocupa especialmente ver a emprendedores de poco más de 20 años sometidos a niveles extremos de agotamiento y, además, presentando ese sacrificio como una señal de éxito.

“Personalmente, me entristece y me desanima ver a emprendedores veinteañeros agotándose por completo, a menudo mucho más de lo que yo lo hice”, afirmó. “Están haciendo lo mismo que yo, además de jornadas laborales absurdas, y lo lucen como una medalla de honor. Espero que quienes lean esto se den cuenta de que existe otro camino”.