Hay personas que sienten la necesidad de explicar prácticamente todo lo que hacen. Si rechazan una invitación, cuentan los motivos; si cambian de trabajo, detallan las razones; si prefieren quedarse en casa, buscan una justificación que haga que su decisión resulte aceptable para los demás.

Frente a esa conducta, existen quienes simplemente toman una decisión y continúan con su vida. No necesariamente porque sean indiferentes a las opiniones ajenas, sino porque consideran que algunas elecciones pertenecen exclusivamente al ámbito personal y no requieren aprobación externa. Y la psicología afirma que muchas de ellas tienden a tener más autoestima.

La diferencia es analizada por Bolde, un sitio web especializado en contenidos sobre estilo de vida y psicología. En uno de sus artículos, el medio plantea que las personas que dejan de justificar determinadas decisiones pueden mostrar una relación diferente con su autoestima y con la necesidad de recibir aprobación.

¿Cuándo las personas toman decisiones sin sentir la necesidad de justificarlas? Foto Shutterstock

El artículo identifica siete situaciones concretas en las que esta actitud puede aparecer. Se trata de elecciones cotidianas que algunas personas aprenden a tomar sin sentir que deben presentar argumentos para convencer a quienes las rodean.

Decir que no sin buscar una excusa

Una de las situaciones mencionadas aparece cuando alguien decide abandonar una reunión antes que los demás. En lugar de inventar que tiene que levantarse temprano o que apareció otro compromiso, simplemente se despide y se marcha porque quiere hacerlo.

No convertir cada negativa en una explicación extensa forma parte de los límites personales. Foto Shutterstock

Algo similar sucede cuando una persona rechaza una bebida o cualquier otra propuesta. Puede responder que no quiere y mantener esa decisión incluso si alguien pregunta nuevamente por qué. No convertir cada negativa en una explicación extensa forma parte de establecer límites personales.

También aparece la posibilidad de terminar una amistad sin redactar una explicación interminable. Algunas relaciones dejan de funcionar y, en determinadas circunstancias, las personas pueden tomar distancia sin sentir que deben justificar cada motivo detrás de esa decisión.

Elegir cómo gastar el propio dinero

El dinero constituye otra de las áreas señaladas. Una persona puede decidir ahorrar para un viaje, comprar algo que desea o pagar una experiencia que considera importante sin sentir que necesita defender el gasto frente a familiares o amigos.

Algunas decisiones económicas no necesitan la aprobación de familiares o amigos. Foto Shutterstock

El mismo criterio aparece cuando alguien decide quedarse en casa un viernes por la noche. No necesita inventar que está enfermo, que tiene trabajo pendiente o que debe madrugar. Puede simplemente preferir pasar la noche en casa.

Cambiar de trabajo y tomarse un día para uno mismo

Entre las decisiones restantes aparece también cambiar de trabajo. Una persona puede abandonar un puesto porque considera que necesita otro rumbo profesional, aunque quienes la rodean no comprendan completamente sus motivos.

Tomarse un día para descansar también puede ser una decisión válida sin explicaciones. Foto Shutterstock

El artículo vincula esta conducta con la idea de actuar de acuerdo con los propios valores y no exclusivamente por presión externa. En ese sentido, explicar una decisión puede ser una forma de comunicarla, pero no necesariamente una obligación para conseguir que los demás estén de acuerdo.

Finalmente, se menciona algo tan sencillo como tomarse un día personal. En lugar de inventar una enfermedad o una cita médica, algunas personas simplemente reconocen que necesitan tiempo para sí mismas. Las siete situaciones planteadas por el sitio apuntan, en definitiva, hacia una misma cuestión: aprender a diferenciar entre comunicar una decisión y tener que defenderla.