En el auditorio Blaquier de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, con el apoyo de Clarín y de revista Ñ como media partners, un cruce dramatizado emuló un debate electoral para discutir el impacto educativo, laboral, geopolítico y democrático de las tecnologías emergentes. De la desapropiación del pensamiento a la necesidad de construir credibilidad sin oscurantismos.
Un debate en Buenos Aires reunió al científico Diego Fernández Slezak y a la especialista en comunicación Ingrid Sarchman en Pausar la IA. Foto: Laura Dalto, gentilza.
El sol de la tarde del sábado invitaba a la caminata o al descanso al aire libre, pero adentro del auditorio Blaquier de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes el clima era otro: una convocatoria repleta demostró hasta qué punto la inteligencia artificial dejó de ser un asunto puramente técnico para transformarse en un dilema ético, cultural y político cotidiano.
Con el título ¡Pausar la IA! El debate, la jornada propuso un ejercicio singular presentado por Daniela Gutiérrez (Medifé) y moderado por la periodista especializada Emilse Garzón: una simulación de debate electoral en la que los expositores extremaron posturas antagónicas para forzar el análisis sin caer en lugares comunes ni en un cinismo paralizante.
De un lado de la mesa, Diego Fernández Slezak, director del Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada de la Universidad de Buenos Aires (UBA), encarnó la mirada enfocada en los procesos técnico-matemáticos, el potencial transformador y la apertura de la "caja negra" tecnológica. Del otro, Ingrid Sarchman, licenciada en Comunicación y docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, asumió la perspectiva crítica para cuestionar las promesas de aceleración y desnaturalizar el entorno digital.
Un debate en Buenos Aires reunió al científico Diego Fernández Slezak y a la especialista en comunicación Ingrid Sarchman en Pausar la IA. Foto: Laura Dalto, gentilza.
Con una estructura rígida de cinco bloques temáticos –educación, trabajo, soberanía, entrenamiento y privacidad de datos, y democracia– cronometrados al segundo y con derecho a réplica, la experiencia buscó bajar a tierra una discusión atravesada por mitos, temores apocalípticos y entusiasmos acríticos.
El tema es la educación
El bloque de apertura abordó la irrupción de las herramientas generativas en las aulas y las controvertidas iniciativas gubernamentales que promueven su uso en niveles primarios. Frente al diagnóstico de una caída generalizada en los rendimientos pedagógicos, Fernández Slezak desvinculó de manera drástica el fenómeno del auge de la IA. Remarcó que los problemas del sistema educativo venían gestándose desde hacía décadas y que atribuir la crisis a la tecnología resultaba "absurdo y equivocado". Desde su visión, la herramienta obliga a revisar la gestión escolar y los métodos de evaluación, pudiendo aportar valor significativo si se aplica con criterio, separando la formación técnica temprana de su uso en disciplinas tradicionales.
Por su parte, Sarchman situó el eje en el concepto mismo del aprendizaje, definiéndolo como un proceso que requiere "incomodidad, búsqueda y distancia". Advirtió sobre el riesgo de una "desapropiación de la pregunta", un escenario en el cual los estudiantes delegan mecánicamente la tarea en los algoritmos y entregan producciones sin siquiera haberlas leído. Al anularse la tensión entre la duda y la respuesta, sostuvo, se debilita la capacidad de proyectar futuros profesionales reflexivos.
CUL / Pausar la IA debate
El choque de miradas sumó matices durante la réplica. Mientras el científico objetó el valor pedagógico de la "incomodidad" argumentando que el conocimiento no tiene por qué ser feo ni tortuoso, la comunicadora defendió la incomodidad como una fuerza motora productiva que impulsa la curiosidad y desarticula la pasividad.
Trabajo y automatización
En el eje laboral, el debate giró en torno a la automatización de tareas y la reconfiguración de la fuerza de trabajo. Fernández Slezak citó evidencias empíricas que señalan cómo las inteligencias artificiales permiten a los empleados juniors incrementar hasta un 40% la calidad de sus entregas, reduciendo la brecha con los trabajadores con más experiencia. Sin embargo, reconoció que, al optimizar los tiempos de los perfiles sénior, el mercado tiende a requerir menos personal en formación, lo que plantea un desafío estructural de reskilling o reconversión de habilidades.
Sarchman cuestionó el alcance de esta reconversión, señalando que los discursos de adaptación suelen dejar afuera a vastos sectores que no cuentan con el capital económico ni simbólico para recapacitarse. Asimismo, alertó sobre la pérdida de sentido identitario en una sociedad donde el trabajo define en gran medida la construcción del sujeto: "Si las máquinas reemplazan estas tareas, ¿cómo vuelven esas personas a circular y a identificarse en el mundo?".
Un debate en Buenos Aires reunió al científico Diego Fernández Slezak y a la especialista en comunicación Ingrid Sarchman en Pausar la IA. Foto: Laura Dalto, gentilza.
El bloque cerró con una reflexión sobre la resignificación de los trabajadores en las últimas décadas, en las que la transformación de las áreas de personal en "recursos humanos" ya anticipaba la lógica de tratar al individuo como una pieza intercambiable dentro de un engranaje productivo.
Soberanía y el modelo agroexportador de datos
Uno de los momentos de mayor sintonía política entre los expositores se dio al analizar la infraestructura científica nacional. Ante la preocupante desinversión en organismos clave como el Conicet o la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Fernández Slezak advirtió sobre el peligro de que la Argentina quede reducida a un rol primario dentro de la cadena global de valor. "El proyecto de instalar data centers sin desarrollo propio termina siendo equivalente al modelo agroexportador de hace 150 años: la extracción de minerales para que otros construyan la pirámide del conocimiento", graficó.
No obstante, al referirse a la soberanía cognitiva y tecnológica, marcó los límites de las iniciativas regionales frente al rendimiento de las grandes corporaciones internacionales, abogando por la creación de agencias reguladoras e institutos de auditoría independientes –similares a la ANMAT en el campo de la salud– que puedan validar el uso de algoritmos sin conflictos de interés comercial.
Sarchman puso el foco en las barreras idiomáticas y estructurales, recordando que los lenguajes de programación y las grandes plataformas (Google, Amazon, Meta) responden a centros de poder concentrados, principalmente en Estados Unidos. Para la docente, apelar a una soberanía local sin revisar la hiperconexión global corre el riesgo de transformarse en una expresión de deseos si no se contemplan la infraestructura física y los marcos culturales latinoamericanos.
Datos y vigilancia
Al discutir sobre privacidad, ciberpatrullaje y el entrenamiento de modelos a partir de la huella digital masiva, la controversia osciló entre la responsabilidad individual y los vacíos institucionales. Sarchman sostuvo que la extracción desmedida de información no nació con la IA generativa, sino que se profundizó con las redes sociales, donde los usuarios entregan voluntariamente su intimidad y sus datos biométricos. Calificó la implementación de parches normativos o auditorías superficiales como "poner una curita" ante un problema de fondo basado en la exposición sistemática.
Un debate en Buenos Aires reunió al científico Diego Fernández Slezak y a la especialista en comunicación Ingrid Sarchman en Pausar la IA. Foto: Laura Dalto, gentilza.
En contrapunto, Fernández Slezak expuso las contradicciones del desarrollo científico: mientras las corporaciones operan con "cajas negras" nutriéndose de datos vulnerados, los investigadores académicos enfrentan severas restricciones de comités de ética. Puso como ejemplo el hito de modelos abiertos como Stable Diffusion, cuya liberación permitió democratizar el conocimiento y abrir el código a la comunidad global. Ambos coincidieron en que, aunque la masa de datos ya circula libremente por la red, resulta indispensable educar a los usuarios sobre los alcances reales de los "términos y condiciones" que aceptan a diario.
Democracia, deepfakes y el ejercicio ciudadano
El último bloque proyectó las sombras de la IA sobre las campañas electorales y el deterioro de la discusión pública. Ante el auge de los deepfakes, la manipulación de contenidos y la nanotargetización de audiencias, Fernández Slezak propuso trasladar herramientas de validación digital y certificación –similares a las firmas criptográficas o los protocolos de salud pública– para identificar el contenido sintético y comprometer a las multinacionales tecnológicas a respetar las regulaciones locales.
Sarchman manifestó una postura marcadamente pesimista sobre la degradación de la ciudadanía, criticando cómo la política sustituyó las plataformas programáticas por la lógica del "videíto de TikTok", caricaturas o puestas en escena superficiales. Ante la repregunta de si esta mirada no implicaba subestimar la capacidad analítica del votante o sugerir veladamente un voto calificado, la docente rechazó de plano esa idea y enfatizó que la formación democrática exige recuperar la lectura, la educación cívica y la generación de contenidos con mayor densidad conceptual.
Un debate en Buenos Aires reunió al científico Diego Fernández Slezak y a la especialista en comunicación Ingrid Sarchman en Pausar la IA. Foto: Laura Dalto, gentilza.
Desnaturalizar para volver a elegir
A modo de cierre, la moderadora Emilse Garzón sintetizó la jornada instando a romper la narrativa de la resignación tecnológica, apelando al ejercicio cotidiano del "derecho a decir que no" ante la recolección abusiva de datos personales y revalorizando las voces del pensamiento crítico argentino.
En sus palabras finales, Ingrid Sarchman insistió en la urgencia de desnaturalizar el entorno digital, promoviendo la creación de espacios de "educación digital ciudadana" en las escuelas para formar usuarios activos y no meros espectadores. Por su parte, Diego Fernández Slezak cerró con un llamado a construir credibilidad científica y salir del "oscurantismo tecnológico": abrir la caja negra para que la sociedad pueda comprender, cuestionar y, fundamentalmente, decidir sobre las tecnologías que moldean su presente y su futuro.
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