Mucho antes de convertirse en Neverland, el gigantesco refugio de Michael Jackson era una propiedad ganadera de California. Cuando el cantante adquirió Sycamore Valley Ranch en 1988, compró cerca de 2.700 acres -más de 1.090 hectáreas- de terreno en el valle de Santa Ynez, en el condado de Santa Bárbara.
Una particularidad del inmueble era que estaba alcanzado por el Williamson Act, un programa californiano pensado para conservar las tierras agrícolas mediante contratos que restringen determinados desarrollos a cambio de una valoración fiscal más favorable. No se trataba de una exención creada para Jackson: era un régimen disponible para terrenos que reunieran las condiciones exigidas.
Jackson transformó gradualmente el lugar en el universo privado que se haría famoso en todo el mundo: una residencia, trenes, animales, instalaciones recreativas y numerosas atracciones. Al mismo tiempo, gran parte de las tierras mantuvo un uso agrícola real. Funcionarios del condado confirmaron que Jackson arrendaba legítimamente la mayor parte del rancho a una explotación ganadera.
La inspección que puso a Neverland bajo la lupa
El equilibrio comenzó a generar preguntas en 2003. Los responsables de planificación del condado advirtieron que la zona destinada a entretenimientos podía no ser compatible con todas las condiciones vinculadas al programa agrícola y comenzaron a revisar la propiedad.
La investigación detectó otra cuestión: durante cerca de una década se habían realizado obras sin tramitar todos los permisos de construcción correspondientes o sin ajustarse completamente a las ordenanzas de zonificación.
Una vista aérea del rancho Neverland. Foto: AP
Entre las instalaciones mencionadas por las autoridades aparecieron una garita de entrada, un garaje para tres vehículos, un centro para primates, una pista de karting, siete juegos del parque de diversiones y una gigantesca pantalla de cine al aire libre.
Esto no significaba que todo Neverland hubiera sido construido ilegalmente. Los propios funcionarios señalaron que Jackson había seguido los procedimientos para diversas instalaciones; el problema estaba concentrado en determinadas obras y atracciones.
Los 70 acres que quedaron fuera del beneficio agrícola
En septiembre de 2003, la Junta de Supervisores del condado votó por 4 a 0 a favor de una propuesta presentada por Jackson para separar del programa agrícola unas 70 acres, que incluían la casa, el zoológico, el parque de diversiones y otros edificios.
La entrada del rancho Neverland. Foto: AP
Las autoridades estimaban entonces que el régimen podía representar para Jackson un ahorro cercano a 70.000 dólares anuales en impuestos inmobiliarios. La salida de esas tierras no implicaba que el aumento se produjera de golpe: estaba previsto que la valoración fiscal se modificara gradualmente durante nueve años.
El episodio dejó una de las paradojas más curiosas de Neverland. Detrás de la imagen de un parque de fantasía privado, con animales y atracciones mecánicas, seguía existiendo una enorme finca ganadera. El conflicto no consistió simplemente en que Jackson tuviera un zoológico en una propiedad agrícola, sino en determinar qué desarrollos eran compatibles con el régimen de conservación y cuáles requerían permisos o debían quedar fuera de él.
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