En una cocina comercial a las afueras de Raleigh, Carolina del Norte, Nicholas Hohns extiende una pasta viscosa azul verdosa en un molde cuadriculado, elaborando uno de los productos emblemáticos de su empresa: potentes gomitas de THC, que contienen el principal compuesto intoxicante que está presente en la marihuana.

Es un negocio que quizá pronto tenga que abandonar. El mercado estadounidense de productos intoxicantes de cáñamo—desde bebidas con gas tipo seltzer con THC que se venden en algunas tiendas Target hasta flores de cannabis para fumar, y distinto de la industria de marihuana legal regulada— tiene un valor de miles de millones de dólares y enfrenta una posible eliminación después de que el Congreso votara para cerrar un vacío legal en la ley federal que le ha permitido prosperar.

Defensores del sector, junto con algunos legisladores, luchan por salvarlo. El proyecto de ley de financiación gubernamental a corto plazo que firmó el presidente Donald Trump el mes pasado retrasó la fecha de entrada en vigor de la “prohibición del THC del cáñamo” del 12 de noviembre al 11 de diciembre, dando al Congreso más tiempo para considerar regular los productos en lugar de prohibirlos.

“Es una posición tan rara”, manifestó Hohns. “Trabajaste 100 horas a la semana durante los últimos cuatro años y, sí, ganaste algo de dinero. Pero ahora quizá no te quede nada que mostrar por ello”.

El senador Mitch McConnell cerró un vacío legal en la ley del cáñamo que él impulsó La marihuana y el cáñamo son la misma planta: el cannabis. La marihuana se cultiva por sus altos niveles de THC en sus flores. El cáñamo con bajo THC históricamente se ha cultivado por sus fibras resistentes, alimentos o productos de bienestar. “Rope, not dope” (“cuerda, no droga”) fue durante mucho tiempo el lema de los agricultores que apoyaban la legalización del cáñamo.

Para dar a los agricultores un nuevo cultivo rentable, el senador republicano de Kentucky Mitch McConnell impulsó con éxito la legalización del cáñamo industrial en la ley agrícola de 2018.

Pero la forma en que esa ley definió el cáñamo —como aquel que tiene menos del 0,3% de un tipo específico de THC, llamado delta-9, por peso— abrió un enorme vacío legal. Bebidas o bocadillos podían cumplir ese umbral y aun así contener más que suficiente THC como para dopar a la gente.

Aceite para vapear, gomitas, frituras, refrescos y otros productos no regulados ni probados, cargados de THC derivado del cáñamo, se extendieron por todo el país, hasta en gasolineras o tiendas de conveniencia, donde estaban disponibles incluso para adolescentes. Algunos negocios empezaron a vender marihuana bajo la teoría de que el THC de la marihuana cruda está en una forma llamada THC-A, que solo se convierte en el delta-9 intoxicante cuando se calienta o se quema.

Los productos eludían las prohibiciones estatales sobre la marihuana recreativa o socavaban el cannabis fuertemente gravado y regulado donde es legal.

Decenas de estados respondieron regulando o prohibiendo los productos intoxicantes de cáñamo.

McConnell finalmente cerró el vacío legal a finales del año pasado al incluir una prohibición del THC del cáñamo en una medida que puso fin al cierre del gobierno más largo de la historia.

La prohibición, que limita la cantidad de THC en productos de cáñamo a 0,4 miligramos por envase, no entraría en vigor hasta un año después.

Una industria intenta salvarse La prohibición “amenaza con reducir los ingresos minoristas en 28.300 millones de dólares, desplazar 225.000 empleos y reducir el potencial de impuesto estatal sobre las ventas en 2.100 millones de dólares”, según un informe publicado el mes pasado por Whitney Economics, que estudia el mercado.

La industria espera salvarse restringiendo los productos intoxicantes a personas de 21 años o más, limitando cuánto THC puede haber en un paquete y prohibiendo compuestos de cannabis importados.

Eric Zipperle y Jim Higdon, propietarios de Cornbread Hemp, de Kentucky, están dispuestos a fijar un tope a sus productos en, por ejemplo, 5 miligramos si eso es lo que se necesita para ganar apoyo de los legisladores. Pero el límite de 0,4 miligramos destruiría su negocio, afirmaron.

“Si se aprueba en diciembre, este lugar está acabado: desaparecerá”, expresó Zipperle.

Tienen 105 empleados, venden bebidas de cáñamo en 18 estados y esperan ingresar 65 millones de dólares este año.

El tope de 0,4 miligramos es tan bajo que prohibiría incluso algunos productos de CBD no intoxicantes, como lociones tópicas, señaló Jonathan Miller, asesor jurídico general del grupo industrial U.S. Hemp Roundtable.

Algunos consideran dedicarse a otra cosa Hohns, que dirige Deutermann Farms en Clayton, Carolina del Norte, entró en la industria del cáñamo tras perder su trabajo como entrenador personal durante la pandemia de COVID-19. Carolina del Norte no ha legalizado la marihuana ni medicinal ni recreativa, pero muchos de los comestibles que elabora Hohns son más potentes que los productos disponibles en estados que sí lo han hecho.

“Cuando empecé a ver que se vendían comestibles con THC… pensé: tengo de 18 meses a dos años para ganar dinero en esta industria”, comentó Hohns. “De ninguna manera el gobierno se va a quedar aquí sentado y dejarnos hacer esto cuando se suponía que era para fibra, plásticos, materiales de construcción, cuerda”.

Eso fue hace más de cuatro años. Hohns mantuvo al mínimo sus inversiones de capital, temiendo un cierre. Ha considerado fabricar otros productos, como gomitas de creatina, si tiene que salir del negocio del THC de cáñamo.

Para otros, las cosas han sido más estresantes. Drinkin’ Buds, una empresa de bebidas de cannabis en Sheboygan, Wisconsin, ha paralizado la producción. El cofundador Matt Swanson se retiró de la nómina el jueves.

“Hay demasiada incertidumbre”, dijo Swanson. “Estoy buscando empleo activamente”.

Aliados y opositores se alinean Entre quienes han salido en defensa de la industria del cáñamo están minoristas de alcohol, incluido Total Wine & More. Las ventas de bebidas gaseosas de cannabis han ayudado a compensar la caída en las ventas de alcohol.

Entre los opositores hay personas que sostienen que los productos son peligrosos.

“Tengo compasión por la gente que pierde su empleo, pero también tengo compasión por las muchísimas más personas cuyas vidas se ven afectadas por esto”, afirmó Kevin Sabet, director ejecutivo de Smart Approaches to Marijuana.

La industria de marihuana legal regulada, que ve el THC de cáñamo como una competencia desleal, también respalda la prohibición. Cory Harris, un cabildero de operadores de cannabis legal a nivel estatal, sugirió que las sombrías predicciones sobre su efecto en la industria del cáñamo intoxicante están exageradas.

Aunque la prohibición pondría fin a las ventas interestatales de productos como bebidas gaseosas y gomitas con THC, algunos podrían encontrar un lugar en mercados legales dentro de los estados, indicó. Es posible que las bebidas con THC pudieran venderse en tiendas en los estados donde se produjeron. Estados como Carolina del Norte podrían adoptar programas legales de cáñamo.

“Si pasas de no tener prácticamente ninguna regla a tener de pronto un montón de ellas, eso mata el ambiente”, comentó Harris. “Bienvenidos a nuestro mundo. Pero si estableces todo tu negocio dentro de un vacío legal de legalidad cuestionable, ese es, en cierto modo, el riesgo que asumes”.