Hay personas capaces de descansar con platos en la cocina y ropa sobre una silla. Otras sienten una incomodidad creciente hasta que todo vuelve a su sitio. Ordenan la mesa antes de trabajar, hacen la cama aunque nadie vaya a verla y, cuando están nerviosas, empiezan casi automáticamente a limpiar cajones.

La psicología ofrece una explicación interesante: organizar el entorno puede convertirse en una estrategia de regulación emocional.

Las psicólogas Darby Saxbe y Rena Repetti, en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), estudiaron a 60 personas pertenecientes a parejas con dos ingresos. Los participantes recorrieron sus casas describiéndolas mientras los investigadores analizaban el lenguaje utilizado y, durante los días posteriores, midieron también sus niveles de cortisol.

Las mujeres que describían sus viviendas utilizando más términos relacionados con desorden, acumulación y tareas pendientes mostraban un patrón diario de cortisol más plano y un aumento del estado de ánimo depresivo a lo largo del día.

En cambio, quienes describían el hogar como más reparador mostraban un patrón hormonal diferente y un mejor perfil emocional.

El estudio no demuestra que ordenar la casa reduzca automáticamente el cortisol. Pero sí respalda algo importante: el modo en que experimentamos nuestro entorno doméstico está relacionado con nuestro estado psicológico.

Limpiar después de una discusión o reorganizar un armario durante una semana estresante puede tener una lógica psicológica. Foto: Pexels.

Otra línea de investigación explica por qué organizar puede resultar tranquilizador.

El antropólogo y psicólogo Dimitris Xygalatas, de la Universidad de Connecticut, junto con Martin Lang y Jan Krátký, de la Universidad Masaryk, han estudiado durante años la relación entre ansiedad y comportamientos ritualizados.

En un experimento, provocar ansiedad hizo que los movimientos de las personas se volvieran más repetitivos y rígidos. Los autores interpretaron esa conducta como una posible manera de recuperar previsibilidad y sensación de control frente a la incertidumbre.

Ordenar afuera puede hacer que el mundo se sienta más manejable adentro

En investigaciones posteriores, el mismo grupo comprobó que las secuencias conductuales predecibles podían contribuir a reducir algunos componentes de la ansiedad, aunque los efectos no eran enormes ni aparecían idénticamente en todas las personas.

Por eso, limpiar después de una discusión o reorganizar un armario durante una semana estresante puede tener una lógica psicológica. Es una tarea concreta, con un principio y un final claros, donde existe control inmediato: algo estaba desordenado y ahora no lo está.

Eso no significa que toda persona extremadamente ordenada esté ansiosa.

La señal relevante aparece cuando el orden deja de ser una preferencia y se convierte en condición imprescindible. Foto: Pexels.

Puede disfrutar genuinamente de la estética, haber adquirido el hábito durante la infancia o considerar que un espacio organizado simplemente facilita su rutina. Tampoco debe confundirse esta conducta cotidiana con el trastorno obsesivo-compulsivo, que implica obsesiones o compulsiones que generan sufrimiento, consumen tiempo o interfieren con la vida.

La señal relevante aparece cuando el orden deja de ser una preferencia y se convierte en condición imprescindible para poder tranquilizarse.

En esos casos, ordenar quizá no sea únicamente mantener limpia la casa. Puede ser una pequeña forma de decirle al sistema nervioso: “esto sí puedo controlarlo”.