Viajar en auto sin cinturón, jugar durante horas en la calle, ir caminando solo a la escuela o pasar una tarde entera en la plaza sin que los padres supieran exactamente dónde estaban. Para muchos adultos de hoy, esas situaciones forman parte de los recuerdos de infancia. Para la Generación Z, en cambio, son escenas difíciles de imaginar.

Los baby boomers, es decir, las personas nacidas aproximadamente entre 1946 y 1964, crecieron en una época en la que muchas de las medidas de seguridad actuales todavía no existían o no estaban incorporadas a la vida cotidiana. Los chicos podían viajar en el asiento delantero, andar en bicicleta sin casco, jugar en plazas con estructuras de metal y superficies duras o estar en una casa donde los adultos fumaban.

Con el paso de los años se fueron sumando cuidados que hoy parecen básicos. El cinturón de seguridad, las sillas infantiles, los cascos, los espacios libres de humo, los controles sobre los medicamentos y las normas de seguridad laboral son algunos ejemplos. También cambió la manera de entender la crianza, la salud mental y la privacidad.

El psicólogo Cort W. Rudolph, investigador de la Universidad de Saint Louis y coautor de un estudio sobre las diferencias generacionales, advierte que las generaciones no deben entenderse como grupos con características psicológicas fijas. La investigación académica encuentra que muchas de las supuestas diferencias entre generaciones están influidas por la edad, el período histórico y el contexto social, además de la cohorte a la que pertenece una persona.

13 cosas aterradoras que los baby boomers sobrevivieron y que destrozarían a la Generación Z

Un artículo de bolde reúne situaciones habituales durante la infancia y adolescencia de los baby boomers que hoy serían consideradas poco seguras. Algunas tienen respaldo en los cambios registrados por organismos de salud pública.

Las formas de crianza cambiaron y modificaron el nivel de autonomía de niños y adolescentes. Foto: Pexels.

1. Viajar en auto sin cinturón. Los chicos podían viajar en el asiento trasero sin ningún sistema de protección. En viajes largos era posible que fueran acostados, compartieran el asiento o cambiaran de lugar durante el trayecto. Hoy, en cambio, el uso del cinturón y de los sistemas de retención infantil forma parte de las medidas básicas de seguridad.

2. Jugar en plazas con pisos de cemento. Los parques infantiles tenían toboganes de metal, hamacas y estructuras que no siempre estaban acompañadas por superficies preparadas para amortiguar las caídas. Actualmente, los juegos infantiles incorporan materiales y diseños destinados a reducir el riesgo de lesiones.

3. Fumar dentro de la casa. Era posible que un adulto fumara mientras los chicos estaban mirando televisión, durante una comida o dentro del auto. También se podía fumar en restaurantes, oficinas y otros espacios cerrados. La evidencia sobre los riesgos del humo de segunda mano llevó a establecer restricciones que hoy son habituales.

4. Tener plomo en el entorno cotidiano. El plomo podía estar presente en pinturas, combustibles, tuberías y otros materiales. Durante años, muchas familias convivieron con esta sustancia sin conocer completamente sus efectos. Los controles posteriores limitaron su utilización y redujeron las posibilidades de exposición.

5. Pasar horas jugando afuera sin supervisión. Después de la escuela, muchos chicos salían a jugar y podían pasar varias horas fuera de casa. Andar en bicicleta, jugar a la pelota o ir a la plaza no requería avisar cada movimiento. Hoy los padres cuentan con celulares y sistemas de ubicación para mantenerse en contacto con sus hijos.

6. Ir solos a la escuela. Caminar varias cuadras hasta la escuela o regresar solo a casa era una situación habitual para muchos chicos. La edad en la que se permite esta autonomía varía según cada familia y lugar, pero actualmente existe una mayor preocupación por la seguridad durante esos recorridos.

7. Castigos físicos en la escuela. La disciplina escolar podía incluir castigos corporales. La autoridad del docente tenía un peso mayor y estas prácticas fueron aceptadas durante décadas en distintos lugares. Con el tiempo, fueron cuestionadas y reemplazadas por otras formas de disciplina.

8. Trabajar con menos medidas de protección. Las fábricas, talleres, minas y obras de construcción podían tener menos elementos de seguridad que los que actualmente se consideran indispensables. Las normas laborales incorporaron equipos de protección, capacitación y protocolos destinados a reducir accidentes.

Las tareas domésticas y el cuidado de hermanos formaban parte de la rutina de muchos adolescentes décadas atrás. Foto: Pexels.

9. El médico tenía la última palabra. La relación entre médico y paciente era más vertical. La persona podía recibir una indicación y seguirla sin contar necesariamente con información detallada sobre alternativas o efectos secundarios. Actualmente, el paciente tiene un rol más activo y puede acceder a mayor información antes de tomar decisiones sobre un tratamiento.

10. Medicamentos con otros niveles de control. La regulación farmacéutica también cambió. El caso de la talidomida, asociada con graves defectos congénitos, contribuyó a reforzar los controles sobre la seguridad de los medicamentos. Actualmente existen procesos de evaluación y seguimiento mucho más exigentes.

11. Convivir con contaminación ambiental. La contaminación industrial podía estar presente en el aire, el agua y el suelo sin que existieran los controles actuales. Con el tiempo, las regulaciones ambientales fueron incorporando límites y mecanismos de control para reducir estos riesgos.

12. No hablar de salud mental. La ansiedad, la depresión y otros problemas emocionales no solían discutirse abiertamente. Muchas personas crecieron con la idea de que había que soportar determinadas situaciones sin pedir ayuda. Hoy la conversación sobre salud mental es mucho más frecuente y la terapia tiene una aceptación social mayor.

13. No preocuparse por la privacidad digital. Los baby boomers crecieron sin redes sociales, teléfonos inteligentes ni plataformas digitales. No tenían que pensar qué fotos publicar, quién podía verlas o qué información personal quedaba almacenada. La Generación Z, en cambio, creció en un entorno en el que la privacidad digital es parte de las preocupaciones cotidianas.

El debate sobre la autonomía infantil suele compararse entre quienes crecieron antes y después de la expansión de la tecnología digital. Foto: Pexels.

Estas diferencias no significan que una generación haya sido más resistente que otra. También reflejan que las normas de seguridad cambian cuando aparecen nuevas investigaciones, tecnologías y políticas de prevención. De hecho, el CDC (sigla en inglés de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos), registra una reducción histórica de las muertes infantiles asociadas a accidentes de tránsito a medida que se incorporaron cinturones, sistemas de retención y otras medidas de protección.