Los niños se encargan cada vez más de redefinir los límites de la educación tradicional. Aiden Wilkin, con apenas 9 años, cursa el segundo año de la escuela secundaria en Collegeville, Pensilvania. Pero existe un dato por demás llamativo: asiste tres veces por semana al Reach Cyber Charter School y toma clases de neurociencia dos veces por semana en la Universidad Ursinus.

El niño se sometió a varias pruebas de capacidad, y los especialistas confirmaron sus grandes dotes. En 2023, Aiden aprobó con éxito el examen oficial de aptitud para alumnos superdotados (gifted test) que administraba su instituto y avanzó con rapidez los niveles hasta la preparatoria. Dejó claro que necesitaba un estímulo intelectual mayor y un nuevo desafío académico.

Esa referencia fue suficiente para que su madre investigara y se decidiera por Ursinus College, por sus cursos y su proximidad a su casa. Desde la institución, Kelly Sorensen, vicerrectora asociada de asuntos académicos, recordó que Aiden se presentó por primera vez en marzo "con un elegante traje y corbata, curioso y ansioso por hablar sobre células gliales y neuroplasticidad, e incluso sobre Shakespeare".

Aparte de buscar ayudar a los más chicos desde la ciencia también lo hace con colectas solidarias: fundó Fresh Start to Success, una organización sin ánimo de lucro, para ayudar a pequeños en hogares de acogida con material escolar y apoyo.

Las habilidades tempranas y el diagnóstico de altas capacidades

Los cercanos de Aiden confirman que su talento fue notorio desde pequeño: a los 2 años comenzó a leer sin ningún tipo de instrucción o preparación previa. Mientras sus compañeros todavía balbuceaban sus primeras palabras, él ya comprendía textos enteros.

Los cercanos de Aiden confirman que su talento fue notorio desde pequeño.

Al poco tiempo, el interés del niño ya estaba centrado en la anatomía y particularmente en el cerebro: dedicaba tiempo a buscar información y mirar videos del órgano central. Su mamá, Veronica Wilkins, recuerda que este niño le entregaba hojas con ecuaciones algebraicas para que ella las resolviera, su razonamiento estaba muy adelantado para su edad.

A los 7 Aiden ya cursaba materias de secundario, ahora en un aula de neurociencia repleta de jóvenes de entre 18 y 20 años.

Más allá de lo cargada que está su agenda académica, Aiden logró encontrar los espacios para mantener sus actividades recreativas, como jugar videojuegos o practicar fútbol. “Es emocionante porque está haciendo historia y sabés que se siente genial. Creo que es muy importante ser visto y escuchado. Estoy sumamente orgullosa porque todo es suyo. Todo es natural. Yo estoy detrás de escena y él va tras lo que quiere”, dijo Veronica.

Vocación por la medicina

Aparte de buscar ayudar a los más chicos desde la ciencia también lo hace con colectas solidarias: ayuda a hogares con apoyo y materiales escolares.

A los 3 años, Aiden comenzó a manifestar que la medicina era su pasión. “Quiero ser neurocirujano pediátrico, principalmente porque me gusta ayudar a niños de mi edad. Es triste ver a otros con discapacidades neurológicas, así que quiero ayudarlos”, explicó.

Aiden desea que su historia sirva para motivar a otros niños y jóvenes: “Lo que realmente quiero que la gente sepa es que, según mi historia, lo único que hay que hacer es esforzarse para lograr lo que uno se proponga”.

Para sus futuros estudios universitarios y de medicina, Aiden ha expresado un gran interés en instituciones de élite como la Universidad de Princeton y la Universidad Johns Hopkins. También tiene consejos para otras personas que quizá no sean consideradas superdotadas. "Puedes lograr cualquier cosa. Solo tienes que esforzarte", sostuvo.