Antes de convertirse en uno de los magnates tecnológicos del mundo, Jeff Bezos fundó Amazon bajo la idea de que sus empleados eran la fuerza productiva que llevaría a la empresa al éxito o al fracaso. En su carta a los accionistas de 1998, el estadounidense fijó tres elementos que modelaban su criterio de contratación.

El líder tecnológico formuló tres preguntas clave que los gerentes debían hacerse antes de contratar a alguien: ¿Admiras a esta persona?, ¿Esta persona elevará el nivel medio de eficacia del grupo?, y ¿En qué área podría esta persona convertirse en una superestrella?

Las tres respuestas hacen eco de una reflexión escrita hace dos mil años en manos del filósofo romano Séneca, quien dijo: "Rodéate de aquellos que te ayudarán a ser mejor persona. Acoge a aquellos a quienes tú mismo puedes mejorar".

Las personas que nos rodean pueden influir mucho más de lo que pensamos. Amigos, familiares, compañeros de trabajo e incluso a quienes seguimos en redes sociales pueden modificar, de manera consciente o no, nuestra forma de pensar, nuestros hábitos y hasta nuestras aspiraciones.

Jeff Bezos, fundador de Amazon.com, en 1999. [AP Photo/Stuart Ramson]

También deberíamos elegir a aquellos a quienes nosotros podemos mejorar. En otras palabras, siempre podemos aprender de otros, pero también tenemos algo que enseñar.

Esta segunda dimensión transforma el consejo del filósofo, porque deja de ser una estrategia para beneficiarse de las relaciones y se convierte en una concepción mucho más equilibrada de la amistad y del aprendizaje. Porque Séneca sostenía que enseñar también permite aprender.

Quién fue Séneca

Lucio Anneo Séneca, tal su nombre completo, nació en el año 4 antes de Cristo, en Córdoba, actual España, y murió en el año 65 d.C., en la ciudad de Roma, capital del Imperio Romano. En Roma estudió gramática y retórica y recibió la influencia de los Sextios, un grupo afín al estoicismo.

Escultura de Nerón y Séneca, Museo del Prado, Madrid. Foto: Wikimedia Commons.

Luego, ejerció la abogacía y tuvo discrepancias con los emperadores Calígula, que lo quiso matar, y con Claudio, que ordenó su destierro en el año 41, luego de acusarlo de haber cometido adulterio con Julia Livila.

Al volver del destierro, en el año 49 d. C., fue nombrado preceptor de Nerón con el fin de prepararlo para el gobierno. Al asumir Nerón, en el año 54, logró que gobernara de manera moderada, según los ideales del estoicismo.

Su suerte cambió luego de que Nerón lo forzara al suicidio por acusaciones de conspiración que, al parecer, eran infundadas. Séneca se suicidó y dejó un gran vacío pero también un gran legado para la filosofía.

La muerte de Séneca, pintura de Peter Paul Rubens, Museo del Prado, Madrid. Foto: Archivo.

Una de sus obras más importantes es Cartas morales a Lucilio (Epistulae Morales ad Lucilium), una colección de 124 textos en los que aborda cuestiones cotidianas desde la filosofía estoica: la muerte, el dinero, la amistad, el tiempo, la riqueza, el miedo, la felicidad y el dominio de las pasiones. Muchas de las frases atribuidas a Séneca proceden de estas cartas.