Hernan Kazah fue uno de los fundadores de Mercado Libre en 1999 junto con Marcos Galperin hasta que partió a fundar Kaszek, con las credenciales de ser el fondo de capital de riesgo más importante en invertir en empresas tecnológicas en América Latina. Analizó 30.000 proyectos y apostó en 175 compañías. Cuenta con US$ 3.000 millones.
Esta tarde habló de lo que más conoce: el ecosistema tecnológico latinoamericano. Dice que ha madurado, que hay más emprendedores y fondos locales, y que los inversores internacionales comprenden mejor las oportunidades de la región.
El fondo ha invertido aproximadamente la mitad en Brasil, entre 20 % y 25% en México y el resto en otros países, con Colombia y Argentina compitiendo por el tercer lugar. “En los últimos doce meses, Argentina fue el principal destino de nuevas inversiones, por la aparición de equipos atractivos y por un mayor optimismo respecto del país”, dijo.
Señaló que percibe un entorno más favorable a los negocios, que anima a los emprendedores a crecer. Eso sí, al margen del resultado de las elecciones del próximo domingo, espera que Brasil siga liderando las inversiones del próximo fondo, aunque Argentina podría disputar el segundo o tercer puesto.
Se le preguntó cómo evalúa las oportunidades. “Antes, la principal incertidumbre al invertir era si una empresa alcanzaría el ajuste producto-mercado, si los clientes valorarían y recomendarían la solución y generarían tracción orgánica. La inteligencia artificial (IA) acelera el desarrollo y la experimentación; hoy es posible validar rápidamente la demanda hablando con clientes que ya usan el producto y quieren ampliar su adopción. Por eso, la pregunta central pasa a ser si la empresa podrá mantener una ventaja duradera y capturar valor significativo en cinco o diez años. Esa sostenibilidad es difícil de determinar”.
Aquí otras de sus definiciones:
- El fondo de etapa temprana agrupa sus oportunidades en tres categorías. La primera comprende negocios que ya podían existir antes de la IA, pero que ahora pueden escalar más, operar a menor costo o crecer más rápido; incluye fintech e infraestructura y servicios financieros, salud y educación. La segunda abarca aplicaciones construidas sobre modelos fundacionales, por ejemplo, herramientas que automatizan procesos y servicios en recursos humanos, asuntos legales o finanzas. La tercera corresponde a la infraestructura necesaria para desarrollar IA: además de energía, incluye áreas como comunicaciones, cohetes y defensa.
- La demanda de procesamiento para IA es enorme y supera ampliamente la asociada anteriormente con blockchain y criptomonedas. La energía es una ventaja potencial para Argentina, especialmente ante las restricciones y resistencias que afrontan los centros de datos en otras regiones. Sin embargo, disponer de energía no basta. Se necesitan chips y otros equipos importados, por lo que el régimen de importación y los impuestos deben ser competitivos y previsibles; cambiar las reglas puede desincentivar inversiones de largo plazo.
- También se requiere capital de miles de millones de dólares —muy por encima de lo que puede aportar por sí solo un fondo— y experiencia especializada para construir y operar instalaciones de esta escala. Argentina tendrá que ofrecer condiciones suficientemente atractivas para captar capital, tecnología y talento. La oportunidad es importante, pero su éxito depende de ejecutar bien y no está garantizado.
- Argentina afrontó históricamente dos limitaciones recurrentes: el déficit fiscal y la falta de divisas. Un mayor control fiscal podría reducir la inflación y la dependencia de la emisión; en el frente externo, el agro sigue siendo clave, pero su exposición a sequías y excesos de lluvia lo hace volátil. La energía, la minería y la economía del conocimiento pueden diversificar las fuentes de crecimiento y de ingreso externo. Para aprovecharlas, hace falta sostener un rumbo y reglas estables más allá de los cambios de gobierno: modificar las condiciones continuamente perjudica tanto a las empresas como a las inversiones de largo plazo.
- La diversificación energética global y la demanda de mercados como Estados Unidos podrían favorecer a Argentina y a Latinoamérica, junto con la complementariedad con China y Europa. Pero esas ventajas deben ganarse con consistencia y trabajo. No se espera necesariamente un crecimiento extraordinario como el de China; sostener tasas anuales de 2 % a 4 % durante veinte años produciría, por efecto compuesto, una transformación considerable y beneficios sociales amplios.
- Hicimos bastantes cosas para tropezarnos con nuestros propios cordones, y, además, Brasil, que era el mercado más grande, tomó un poco más de tracción, y el ecosistema tecnológico dentro de Latinoamérica se concentró bastante en en Brasil que va a seguir siendo en nuestro próximo fondo el destino número uno, pero tal vez tenemos Argentina peleando el segundo, tercer lugar.
- ¿Cuál es la gran duda que tenemos hoy en día? ¿Es es esa solución, esa plataforma sostenible en el tiempo? ¿Está construyendo alguna ventaja que dentro de cinco o diez años va a ser más grande y le va a permitir extraer un valor extraordinario de de ese mercado o no?
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