Cuando May Martínez habla sobre el viaje de más de ocho horas en auto desde Jacksonville hasta Nashville, no empieza mencionando a Christa Pike quien enfrentará la inyección letal este miércoles 30 de septiembre de 2026. Empieza hablando de Colleen.
Para los medios y los registros judiciales, el nombre de Colleen Slemmer quedó congelado en enero de 1995 como la víctima de uno de los homicidios juveniles más brutales en la historia de Tennessee. Pero para May, Colleen era una joven de 19 años de sonrisa constante, apasionada por la informática, los videojuegos antiguos y las tardes de patinaje.
Colleen Slemmer, la compañera de clases y víctima de Christa Pike. Foto: First Coast News
"Era una sabelotodo, pero una buena sabelotodo", recuerda su madre con una mezcla de ternura y nostalgia. Tres décadas después de que Christa Gail Pike —entonces de 18 años— la atraera a una zona boscosa del campus de la Universidad de Tennessee para torturarla por celos infundados, Martínez busca que el mundo recuerde a la persona y no solo la tragedia.
"Es como si las víctimas no importaran"
A lo largo de 31 años, Martínez ha convivido con la frustración de ver cómo la atención pública se centraba casi exclusivamente en la figura de la asesina: la reclusa más joven del pabellón de la muerte, las apelaciones judiciales, los diagnósticos psiquiátricos y las solicitudes de clemencia.
"Nunca se trata de las víctimas. Es como si Colleen nunca hubiera estado allí. Estuve sentada en el juzgado durante tres semanas seguidas en el juicio de 1996 y nadie se dio cuenta de que estaba sola en un hotel, sin apoyo", relata Martínez sobre el desamparo del sistema judicial.
May Martínez, madre de Colleen Slemmer, y un detective retirado del departamento de policía de Knoxville, a las afueras de una sala de audiencias para una vista posterior a la condena en 2006. Foto: J. Miles Carey/USA TODAY/ Reuters
Esa soledad la acompañó en cada etapa de la lucha, incluso cuando tuvo que pelear legalmente durante años para que le devolvieran un pedazo del cráneo de Colleen que Pike se había llevado como "trofeo" de la escena del crimen, para así poder dar a su hija una sepultura digna y completa.
La fría respuesta a los pedidos de clemencia
En los días previos a la ejecución programada en la Institución de Máxima Seguridad de Riverbend, el equipo legal de Christa Pike solicitó al gobernador Bill Lee la conmutación de la pena por cadena perpetua, argumentando un historial de violaciones y abusos infantiles severos, además de severos trastornos mentales. Asimismo, la defensa lamentó que Pike no pudiera volver a compartir una comida con su familia.
El antropólogo forense Murray Marks testifica sobre las heridas en el cráneo de Colleen Slemmer durante el juicio por asesinato de Christa Pike en el Tribunal Penal del Condado de Knox el 25 de marzo de 1996. Foto: News Sentinel
La respuesta de May Martínez ante esos argumentos es tan tajante como desgarradora:
"Sí, Colleen tampoco volvió a hacerlo nunca. No pudo volver a ir al centro comercial, ni a la pista de patinaje, ni a celebrar un cumpleaños. Son momentos que jamás recuperaré".
Fotografía cedida por el Departamento de Correccionales de Tennessee donde aparece la rea Christa Pike, quien recibió la pena capital como castigo después de ser condenada en 1996 por el asesinato de Collen Slemmer. Foto: EFE/ Correccionales De Tennessee
El gobernador Lee rechazó el pedido de indulto el lunes, allanando el camino para que Pike se convierta en la primera mujer ejecutada por el estado de Tennessee en más de 200 años.
Un frente a frente en silencio
Consultada sobre si intentaría dirigirle la palabra a Christa Pike si tuviera la oportunidad de estar cara a cara antes del procedimiento de inyección letal, Martínez aseguró que no gastará palabras en la asesina de su hija.
"Yo no le diré nada. Le mostraré la foto de Colleen para recordarle lo que hizo. ¿De qué sirve hablar con ella ahora, después de tantos años, cuando nunca se disculpó ni mostró remordimiento hacia nuestra familia?", explicó.
May Martínez ha lidiado con el dolor y la ira desde el asesinato de Colleen Slemmer, su hija. Se mudó varias veces en Florida y se ha esforzado por preservar la memoria de Colleen. Foto: Zack Wittman / The New York Times
Para la familia, el mes de septiembre siempre ha sido una carrera de obstáculos emocionales: el 15 de septiembre perdieron a su mascota, el 20 habría sido el cumpleaños de Colleen y a finales de mes se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de su otra hija mayor. La fecha fija para la ejecución añade una pesada carga, pero Martínez asegura que no podía faltar a la cita.
"Tal vez ahora por fin tengamos justicia. Puede que no me devuelva a mi hija, pero podría evitar que otra persona muera, porque ella lo volvería a hacer", concluyó Martínez. "Yo soy su voz. Alguien tiene que hablar por Colleen".
Todavia no hay comentarios aprobados.