El día después de la clasificación de España a la final del Mundial tiene un denominador común: la ilusión. Desde las grandes ciudades hasta los pueblos más pequeños, el triunfo sobre Francia desató una ola de entusiasmo que atraviesa todo el país y convirtió a la selección en un punto de encuentro poco habitual en una sociedad acostumbrada a las diferencias.

La Roja no solo jugará por el título en Estados Unidos. También alimenta un sentimiento de pertenencia que se refleja en cada rincón del mapa español. Los futbolistas llegan desde realidades muy distintas, pero comparten un origen que hoy cobra protagonismo: muchos crecieron en localidades pequeñas antes de dar el salto a las grandes ligas europeas. Esa conexión con sus raíces explica, en parte, la identificación que generan.

Pedro Porro, una de las figuras frente a Francia, fue portada en medios de toda Europa, especialmente en el Reino Unido por su presente en el Tottenham. En lugares muy diversos del Viejo Continente, como por ejemplo en Austria, reflejan sorpresa y reconocimiento por la superioridad mostrada por España.

La radiotelevisión pública ORF destaca que el campeón de Europa "rompió el hechizo de Francia en semifinales" y "desactivó" a Francia al no permitir que su "elenco de estrellas" desplegara su juego y acabó con el sueño mundialista de Kylian Mbappé y sus compañeros precisamente en el Día Nacional de Francia.

La celebración de Pedro Porro. Foto: EFE/ Carlos Ramírez

El exdelantero austríaco Toni Polster, que jugó en equipos como el Sevilla y ahora es comentarista deportivo del diario Österreich, destacó la "disciplina y la solidez" con la que España impuso su juego ante Francia: "Mis españoles tomaron las riendas desde el principio y jugaron como se tiene que jugar contra el que se supone que es el mejor equipo del mundo. ¡Olé!"

Pero el mayor orgullo se vive en Don Benito, la ciudad natal de Porro, autor del 2-0 definitivo y figura de la cancha en el AT&T Stadium de Dallas, donde la clasificación a la final se celebró casi como un título.

La escena se repite en otros puntos del país. En Los Palacios y Villafranca, Sevilla, ya preparan un homenaje para Fabián Ruiz y Gavi si España levanta la Copa del Mundo. La promesa incluye 140 kilos del tradicional tomate "bombón colorao", un gesto que recuerda el reconocimiento que años atrás recibió Jesús Navas tras el Mundial de Sudáfrica 2010.

En San Marcial del Vino, un pueblo zamorano de apenas 150 habitantes, el orgullo tiene nombre y apellido: Unai Simón. Aunque el arquero nació en el País Vasco, la historia familiar lo vincula con esa localidad, que sigue cada partido como si uno de los suyos defendiera el arco. Casos similares se repiten con Mikel Merino, Álex Baena y otros integrantes del plantel, cuyas historias personales conectan a la selección con pueblos y ciudades de toda España.

El festejo de los hinchas en Madrid. Foto: AP/Bernat Armangue

El equipo llega a la final después de un recorrido que no estuvo exento de dificultades. Hace dos años era considerado casi imbatible, pero las lesiones y los problemas físicos de futbolistas como Lamine Yamal, Nico Williams o Mikel Merino redujeron parte de ese favoritismo. Aun así, España encontró respuestas colectivas y confirmó en el Mundial el nivel que venía mostrando en el ciclo reciente.

Más allá de las individualidades, la fortaleza del seleccionado estuvo en el funcionamiento del grupo. La solidaridad para recuperar la pelota, la capacidad para adaptarse a distintos escenarios y la aparición de diferentes protagonistas sostuvieron una campaña que ahora tendrá su capítulo decisivo.

Con Nueva Jersey como escenario de la final, España quedó a un paso de volver a conquistar el mundo. Mientras espera conocer a su rival, el país disfruta de un día después marcado por el orgullo, la expectativa y la sensación de que esta selección volvió a convertirse en un símbolo capaz de unir a millones de personas detrás de un mismo sueño