Fue suficiente con la exhibición por particulares de un trozo de tela con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” durante el desarrollo del último Mundial de futbol, para encender nuevamente la discusión sobre la soberanía del mencionado archipiélago usurpado mediante el uso la fuerza por Gran Bretaña. Es también una demostración contundente de que la lucha por la recuperación de nuestra soberanía sobre las islas late en el corazón y en el alma del pueblo argentino.
Además, en esta oportunidad el reclamo está teniendo una importante repercusión internacional, como quedó demostrado con las recientes manifestaciones del presidente de Estados Unidos Donald Trump, amenazando con dejar de apoyar a Inglaterra en el tema Malvinas y referirse a la posible independencia de algunos países que la integran
La posición oficial y definitiva de la República Argentina sobre Malvinas fue establecida al más alto nivel legislativo, en la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional sancionada en 1994, en base a un proyecto que tuve el honor de presentar, siendo aprobada por unanimidad y aclamación de los convencionales constituyentes. Esta norma determina de un modo contundente una verdadera política de Estado para la recuperación total y definitiva del suelo patrio. Para ello proclama la legítima e imprescriptible soberanía sobre el territorio insular y los espacios marítimos correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional, estableciendo además que se respetará el modo de vida de los habitantes conforme a los principios del Derecho Internacional, lo que configura un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.
Los ingleses han sido reticentes en resolver la disputa de soberanía mediante conversaciones directas con nuestro país. La única razón para esa actitud es que no tienen ningún argumento válido para oponer a los derechos de Argentina basados en la sucesión de los Estados, en este caso de España como todo el territorio nacional. Parece increíble que esta altura de la civilización pueda seguir alegándose derechos de soberanía sobre territorios usurpados mediante el uso de la fuerza y ubicados a doce mil kilómetros del país colonialista. No estaría de más recordarle a los ingleses las invasiones de 1806 y 1807, cuando fueron rechazados valientemente por el pueblo argentino.
La última falacia de los ingleses para justificar la usurpación es el de la autodeterminación de los ex kelpers, ahora millonarios gracias a los recursos que sustraen a los argentinos, pero es sabido que ese principio no procede cuando implica la mutilación del territorio sobre el que se pretende aplicar porque prevalece el principio de integridad territorial
Considero que, sin perjuicio de continuar el trámite oficial del reclamo radicado en el Comité de Descolonización de Naciones Unidas, los argentinos debemos seguir proclamando nuestros derechos sobre Malvinas en todos los foros y circunstancias que se presten. Por otra parte, y teniendo en cuenta que los países vecinos y hermanos de Latinoamérica expresaron su apoyo al reclamo argentino por Malvinas en el orden internacional, habría que hacer una gestión para solicitarles que no brinden ningún tipo de colaboración a la potencia invasora en todo lo relacionado con nuestras islas.
Mantener viva la lucha para recuperar el territorio argentino, será además una forma de rendir el homenaje que se merecen los compatriotas que ofrendaron su sangre y sus vidas en defensa de la patria.
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