"¿Qué es el amor sino un episodio?", escribe Claudia, alias Clodia, alias Lesbia, en un poema dedicado a su amante, Gaius Valerius Catullus, conocido como Cátulo. La historia de estos amantes de la Roma del siglo I a. C. es recuperada por Elvira Orphée en Amada Lesbia. La novela había sido finalista del concurso "La sonrisa vertical" a fines de los 80, pero fue publicada recién en 2026 y gracias a, justamente, una sucesión de episodios encadenados.
Amada Lesbia. De Elvira Orphée Editorial Sur y después.
Elvira Orphée había nacido en San Miguel de Tucumán en mayo de 1922 y murió en abril del 2018. Escribió siete novelas y tres libros de cuentos. Unos meses después de su muerte, sus hijas encontraron algunos textos inéditos entre los que estaba el manuscrito de la novela. Ocho años más tarde, en abril de 2026, una de ellas, Flaminia Ocampo junto con Adriana Lorusso y Silvina Friera, fundó la editorial Sur y después, inaugurando su catálogo con Amada Lesbia. El nombre de la editorial remitía –era obvio– a la mítica revista Sur. Además, en esa misma revista, Orphée había publicado sus primeros cuentos. Aunque, en el prólogo, Friera advierte que ella nunca fue reconocida como miembro de ese grupo editor ni encajó con los cánones dominantes de la literatura latinoamericana de la época.
Como si cada episodio estuviera cosido al otro, Amada Lesbia podría ser leída como una especie de monumento, una ruina romana que, aunque en apariencia se ubique en el pasado, resulta atemporal. Claudia es una mujer de la aristocracia, casada con su primo, un influyente miembro de la política romana para quien matrimonio, sexo y amor van (o pueden ir) por carriles separados. Al verla por primera vez, Cátulo dice que “la túnica se me alzó en lo alto de las piernas sin que pudiera ocultar sus pliegues ni mi túnica interior” porque el impacto del cuerpo femenino se da directamente sobre el masculino. Decide llamarla Lesbia (en alusión a las habitantes de la isla de Lesbos, como manera de ocultar su identidad y proteger su reputación).
Lejos de la idealización, los tres episodios del relato, el amor, los celos y el abandono, son narrados de una manera directa y terrenal. El lenguaje de Orphée es tan plástico que puede trazar un arco que va desde el amor más puro hasta el detalle de los fluidos de los órganos sexuales: “hazlo lentamente, sin apretar, solo acariciar como si fueran pétalos”. En este juego de oposiciones, por ejemplo, lo masculino se contrapone a lo femenino por sus formas (y aquí “formas” debe ser tomado desde su literalidad).
Claudia entiende que el cuerpo femenino, el suyo especialmente, no es solamente un lugar para la complacencia masculina, sino una especie de reverso del poder público masculino. Así, no solo opone los espacios, sino que reclama lo privado como soberanía femenina.
Elvira Orphée.
Cátulo queda subordinado a ese poder y sufre. Advierte que para su amante la infidelidad es un arma y es una política y teme ser abandonado. Los celos, que al principio se mencionan de manera tímida, van cobrando cada vez más cuerpo, un cuerpo que convierte a cualquiera en sospechoso. Esa materialidad es aprovechada para describir las escenas íntimas. No se trata del nivel del detalle sino de su visceralidad. Una en la que se capta tanto el placer físico como el sufrimiento psíquico.
La vulnerabilidad y los celos de Cátulo lo transforman en un ser débil, casi afeminado. Orphée parece usarlo como chivo expiatorio para burlarse de la arrogancia masculina. Por eso, en un momento del relato se advierte que la subordinación a la voluntad femenina no es el problema específico del poeta enamorado, sino que podría ser un guiño transepocal. Un gesto que subsiste porque Lesbia, a los ojos de su amante, aparece como una persona fría, calculadora, cínica y descreída. Su voz podría leerse como la de una mujer real, alguien que dice lo que piensa en un lenguaje creíble. Pero si en el ámbito privado los roles pueden invertirse, no sucede lo mismo en el público. Su carácter rebelde es castigado con difamación y falsas acusaciones relacionadas con su voluntad “libertina”.
Escritores. Leopoldo Brizuela con Elvira Orphée, en 2010.
Al final, Claudia abandona a Cátulo y en ese gesto parece volver a confirmar el ejercicio de la libertad. Un gesto similar al de la escritura orphéeana que desafía la época desde espacios marginales y subrepticios. Porque la historia de Lesbia y Cátulo no debe leerse como una metáfora, sino más bien como un momento, una excusa para advertir que nada es tan serio, tan determinante ni tan eterno como el cuerpo y sus deseos más inmediatos. Al fin y al cabo, como dice Claudia, el amor es apenas un episodio dentro de una trama mucho más larga y menos controlable, como la escritura o la vida más allá de cada persona en particular.
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