Entre las falsas disyunciones, naturaleza o cultura, humanidad o paisaje, la obra de Nicolás García Uriburu es pionera en explorar el conservacionismo ecologista desde los 60. Con trabajos que van de la performance a la pintura, el artista inauguró una fuerte práctica activista a través de sus obras y de sus proclamas. A diez años de su fallecimiento, las instituciones gestionadas por su núcleo familiar, además de otros museos y colecciones, honran su legado.

“Me considero receptor del mundo exterior”, dice Nicolás García Uriburu en 1961 en entrevista a La Prensa. “No creo en teorías filosóficas ni dejo de creer en ellas: no me interesan. El aprender a vivir nos cuesta exactamente una vida y se paga por ello. La pérdida de conciencia de lo eterno, la visión polifacética del universo, las diferentes cosmogonías… todo eso se refleja en nuestra pintura actual”.

Nicolás García Uriburu © Legado Nicolás García Uriburu, Buenos Aires, 2026.

Nació en 1937 en Buenos Aires, en una familia numerosa. Estudió arquitectura y desde joven ya se percibía su talento. Con el tiempo, el mensaje político-ecológico se fue acentuando en su trabajo, en una discusión que se instalaba pero que no formaba parte del registro de época como hoy.

La cita forma parte del libro Uriburu, que fue reeditado. “Se había publicado en 2001, escrito por el crítico francés Pierre Restany en Sur, la casa de Laguna del Sauce de Nicolás; lo que se hizo ahora fue ampliarlo con las obras que siguió produciendo hasta 2016 y también se rediseñó”, explica Catalina Fabbri, coordinadora del Legado Nicolás García Uriburu.

"Latinoamérica. Reservas naturales del futuro. Unida o sometida" (1973). © Legado Nicolás García Uriburu, Buenos Aires, 2026.

Verdes como muchos de los ombúes que pintó, como los ríos o la vegetación que contiene gatos salvajes en sus obras, como las aguas del Gran Canal de Venecia que tiñó un 19 de junio, la misma fecha de su muerte pero 50 años antes. Ese verde latinoamericano de selva, con el mapa invertido y un agua rojiza de colores violentos: la obra Sur es la imagen de portada. El agua y un territorio como pregunta y como demanda, que aparecen en buena parte de su producción.

Verde, también, las aguas de la foto trabajada con pastel de la intervención al canal del 68; las raíces, como cauces de agua; el ombú enorme: tres cuadros que se exhiben en la Colección Amalita, como parte de los homenajes. En la Argentina, son muchas las instituciones que tienen obra de este artista precursor.

Green Venice, June 1968. Nicolás García Uriburu © Legado Nicolás García Uriburu, Buenos Aires, 2026.

Utopía del sur, que forma parte de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes, se exhibe en el hall de entrada, también otro homenaje. En el Museo Moderno, García Uriburu participó con dos de sus obras en la exposición Naturaleza arquitecta, hasta abril de 2027.

A esta conmemoración anual, se suman museos en Bélgica y Seúl, la fotografía intervenida Coloración MASP, Brasil, 1992, en Histories of Ecologies que vuelve al MASP en San Pablo tres décadas después. También instituciones en Alemania y Chile muestran trabajos del artista.

Ombú (1982). Nicolás García Uriburu. © Legado Nicolás García Uriburu, Buenos Aires, 2026.

Utopías del Sur es el proyecto más amplio que engloba el trabajo en los distintos espacios que integran el acervo de García Uriburu. El Legado tiene la misión de preservarlo y transmitir su mensaje de conservación, cuidar y dar continuidad a la obra. A este se suma la Fundación que él mismo creó, para preservar su colección de piezas prehispánicas del Noroeste argentino.

Utopías contiene, además, los proyectos de la Reserva El Potrero, en Entre Ríos, que fundó Azul García Uriburu hace casi veinte años, y la reciente Reserva El Yerbal, en Aiguá, Uruguay: un afán contundente por continuar sus prácticas como activista desde la acción concreta, reintroducir especies en peligro, educar en el trabajo con escuelas; explorar todas las dimensiones materiales del conservar.

Coloration of the Grand Canal, Venice (1968), Nicolás García Uriburu. © Legado Nicolás García Uriburu, Buenos Aires, 2026.

“Hay ciertos temas; por ejemplo, no volver a colorear las aguas. Es algo que hizo Nicolás y creemos que nadie dentro del legado debería repetir, entonces se van armando ciertos protocolos para poder armar este legado”, cuenta Fabbri sobre las buenas prácticas. “En estos diez años, profesionalizamos el trabajo que él dejó. Cintia Mezza está recatalogando sus obras, coordinando la digitalización de todo su archivo y el acervo documental con un convenio con la Fundación Bunge y Born, gracias a Mecenazgo”. Se busca abrir el archivo para la investigación y acceso al público, con intención educativa que se replica en todas las dimensiones de Utopías, que ahora dirige Azul Pereda, nieta del artista.

La cita de García Uriburu continúa. Él dice: “Hay un deber fecundo y siempre nuevo: el de trabajar con firmeza e irrenunciable fidelidad consigo mismo”, un afán que sostuvo con su práctica y que hoy, las herederas de ese legado, siguen manteniendo. Una tarea que nunca es fácil, continuar la voluntad, extender los efectos de la obra y pensar una práctica que continúe el empeño activo de una vida a través de su descendencia.