Cuando un libro se torna inclasificable, abre una puerta, inventa algo, habilita un desvío. Macramé (Leteo), de la periodista y escritora Miri Molero, es esa clase de trabajo. Podría ser un ensayo, pero es un entramado de artículos con contenido ensayístico, pero no solo eso. Podría ser una antología de investigaciones periodísticas y, aunque hay especialmente investigación, también hay crítica literaria, referencias personales, bitácoras de trabajo. Podría ser, y esto es lo más certero, un policial sin policías ni cadáveres, pero con el ritmo trepidante que no permite suspender la lectura hasta conocer el desenlace. “La pesquisa es un foco de placer”, dice la autora a Clarín. Placer para ella y para quien lee, en todo caso.

La periodista y escritora Miri Molero. Foto: David Fernandez.

Alguna vez, Molero se definió así: “Soy fan de las bibliotecas públicas más que de las librerías, defensora de las obras de género cuando son atacadas por los devotos del estilo y abogada del e-book contra los fundamentalistas del papel”. Como periodista, trabajó en La Nación, Perfil, Canal 7 y Radio Mitre, y es autora del policial El rapto (Vestales) y del ensayo En busca de la Sirenita: diario de lectura del cuento de Hans Christian Andersen. Una palabra que podría capturar su esencia es “indómita”. Otra, “incansable”.

Y de alguna manera, esas dos palabras explican la existencia de este libro sin manada y del material que lo compone. Porque todo comienza con una pieza que no encaja, con una pregunta, con algo que no cierra. Si Joseph Conrad era tan amigo de William H. Hudson, ¿por qué no aparecen huellas de esa amistad? ¿Qué significa que Rodolfo Walsh se haya definido como un “muy mal samurái” de Enriqueta Muñiz, la periodista que lo acompañó en la investigación de los fusilamientos de José León Suárez en 1956?

Siguen las preguntas: César Aira en la novela Un episodio en la vida del pintor viajero cuenta que a Johann Moritz Rugendas cayeron dos rayos, ¿es eso posible? ¿Cuándo nació la veterinaria como disciplina en la Argentina? ¿Quién fue la mujer detrás del seudónimo masculino que firmó el primer bestseller literario en la Argentina?

Datos y nudos

Las respuestas a esas y otras preguntas hechizan a Molero, que no suelta la búsqueda hasta encontrar una respuesta. Cada dato es un nudo que puede cerrar, pero el hilo sigue y hay que hacer otros nudos cuando aparezcan las certezas. Como en la técnica del macramé, de ahí el título del libro.

Esa es una singularidad. La otra, que atraviesa la mayor parte de las investigaciones, es que la pesquisa se resuelve más en las bibliotecas y hemerotecas que en internet. Entre papeles y microfilmes, preguntándole a un archivista, leyendo, siguiendo una pista. Molero es una detective incansable y cada uno de esos textos, un thriller canónico.

“Me seduce investigar en general. La pesquisa es un foco de placer. Por eso tengo investigaciones hechas que siguen en mi cabeza porque a la hora de escribir la dopamina, digamos, baja drásticamente”, cuenta a Clarín. Y si hoy algunas de esas pesquisas forman parte de este libro, se debe justamente a este diario.

“Estas eran investigaciones hechas para mí, pero un día Horacio Convertini me invitó a hacer una columna para Clarín, un texto de verano que proponía ser turista en la ciudad y me empeciné de pronto con el Teatro Regio porque me daba cuenta de que la información sobre sus orígenes y su historia tenía blancos, datos que no cerraban aún en guías oficiales”.

Allá fue Molero a cuestionar lo que se venía repitiendo desde hacía décadas, a no creer en algo solo porque hace mucho que se dice, a enfocar en los agujeros del tejido e interrogarlos sobre lo que callaban.

“Cuando el artículo se publicó –continúa– causó una suerte de furor, pero los mensajes no vinieron de donde yo los esperaba. Yo preveía que las instituciones me escribieran, me dijeran qué fantástico, ahora conocemos la historia, vamos a corregir los folletos... No sucedió. Recibí mensajes de lectores que habían sido vecinos del barrio o tenían algún dato, otros simplemente me escribieron porque habían disfrutado de la aventura de investigar. Me llamó la atención y percibí la fuerza del artículo”. Esa es la fuerza que ahora concentra Macramé.

Bibliotecas y hemerotecas

Hay artículos dedicados a celebridades y otros a perfectos desconocidos. Hay mujeres de alcurnia y señoras desposeídas y marginales. Hay novelas argentinas y autores extranjeros. Nada escapa a la curiosidad de Molero, que para cada pregunta tiene un repertorio de bibliotecas, hemerotecas y especialistas a los que recurrir. Lugares públicos, la mayor parte de ellos céntricos, que son invisibles para la mayor parte de las personas (y de los periodistas).

“Creo que en el campo de la investigación, que excede incluso al periodismo, ha disminuido, a la vista de muchos resultados, la voluntad de ir a fondo. Los periodistas, investigadores, académicos de la generación X somos anfibios, somos nacidos analógicos y nos hicimos digitales, usamos todos los recursos. Si no encontramos algo online vamos a lo físico, si no encontramos en el archivo físico vamos al online”, considera la autora.

La periodista y escritora Miri Molero. Foto: archivo Clarín.

Y valora el empecinamiento, un poco demodé, de insistir: “Quizá, el diferencial, además, es que conservamos cierta terquedad a la hora de alcanzar un objetivo. Esa terquedad es una gran motora de la persistencia. Podés mirar un estante, decir: No está, e irte. Podés buscar algo en Internet, ver la primera página de resultados, decir No está, y abandonar. O podés mirar un estante, luego el de al lado, el de abajo, podés chequear decenas de archivos, podés googlear y a partir de un resultado fallido volver a googlear otras combinaciones y así hasta dar con algo y una vez que te topas con ese algo aferrarte a ese algo y empezar otra vez para afinar el dato”, ejemplifica.

Y recuerda una opción también poco moderna: “Se puede hablar con las personas. Hay que hablar con el que sabe, con el que está donde vos no podés estar o que hace mucho se dedica a un tema sobre el que no sabés nada, pero necesitás un dato. Las personas son muy generosas con su conocimiento, especialmente los bibliotecarios”, comparte.

Además de retratar los resultados de sus propias investigaciones, Macramé funciona como un manual para detectives principiantes, para periodistas en formación y para curiosos irredentos. Por eso, podría sumarse al canon del policial, aunque no haya casi sangre en sus páginas.

“Contar el paso a paso, para mí, es el corazón de Macramé –dice Molero–. En el fondo mi deseo es contagiar esa forma de investigar que no sirve solo para un libro o para encarar el estudio –me encantaría que llegara a las escuelas secundarias– sino también para la vida. Estamos rodeados de fake news, mentiras que se echan a rodar a la velocidad de las redes sociales, videos fabricados con IA, así que tener desarrollado un instinto de sospecha, tener las herramientas para buscar información, contrastar y descartar lo falso, para mí es la resistencia que hoy hace falta”.

Porque lo que es cierto sigue siendo cierto y lo que es falso sigue siendo falso: “Hay que animarse a decir esto es verdad, esto es mentira por tales y tales motivos y dejar el relativismo filosófico junto a aquella sociedad de la modernidad en la que el mundo tenía una materialidad más estable y no era el puro espejismo que es hoy”, afirma la autora.

La periodista y escritora Miri Molero. Foto: David Fernandez.

Rodolfo Walsh, el samurai

Y las verdades y mentiras alcanzan, en Macramé, a quien corresponda. Incluso a Rodolfo Walsh.

–Abordás el vínculo entre Rodolfo Walsh y Enriqueta Muñiz y lo hacés sin endiosar a Walsh, toda una audacia. ¿Qué aporta ese trabajo que hiciste al imaginario que se construyó sobre Walsh?

–Aporta sobre Enriqueta más que sobre Walsh. Para mí Walsh es dios. En cuanto a lo que sucedió entre ellos, él no hizo otra cosa que comportarse como los hombres de su época se comportaban con las mujeres. Todavía hoy muchos hombres siguen comportándose así, ven a las mujeres como secretarias o asistentes, no como pares. La gran diferencia es que, después, al confesar la verdad en el mismo lugar, en el prólogo de la siguiente edición de Operación masacre, Walsh se comportó muy por encima de los hombres de su tiempo. En eso también fue un adelantado. Quizás esta interpretación personal no está explícita en el texto de Macramé porque no me gusta decirle a las personas qué tienen que pensar. Yo te doy los datos, vos tenés que sumar dos más dos. Me acuerdo de cuando trabajaba en el diario La Nación, un colega me reprochaba que en mis notas yo no sacaba conclusiones ni daba opiniones definitivas para orientar al lector; yo le respondía que esa no era mi función, que mi trabajo era dar la información chequeada para que el lector elaborara su propia opinión, que no quería pensar por nadie. Este capítulo del libro me hizo conocer a Enriqueta, su templanza, su orgullo, su calidad, su inocencia, su capacidad de pelear por su trabajo y sus convicciones sin amilanarse, su entrar en la adultez tan rudamente en pocos años, desde abandonar España hasta descubrir el lado negro de los medios de comunicación, su callarse tantos años.


Macramé, de Miri Molero (Leteo).