Cuando el entomólogo Doug Tallamy y su esposa, Cindy, compraron en 2000 una propiedad de 10 acres en Oxford, Pensilvania, encontraron un terreno que había sido utilizado durante décadas como campo de heno. Tras varios años sin mantenimiento, las plantas introducidas habían ocupado buena parte del lugar.
Entre las especies que dominaban el terreno estaban el olivo de otoño, la rosa multiflora y la enredadera agridulce oriental, todas originarias de Asia. Tallamy observó que los insectos nativos apenas se alimentaban de ellas, mientras que las plantas autóctonas sí presentaban señales de consumo.
En lugar de limitarse a eliminar esas especies, la pareja comenzó a reemplazarlas por árboles y arbustos propios de la región, entre ellos robles y cerezos. La idea era recuperar las plantas con las que los insectos locales habían evolucionado durante miles de años.
Douglas Tallamy, conservacionista y entomólogo. Foto: homegrownnationalpark.org
Tallamy empezó además a registrar de manera sistemática las especies que aparecían en la propiedad. Fotografió las polillas que encontraba y anotó las aves que utilizaban el lugar para reproducirse, convirtiendo el terreno en una especie de laboratorio natural.
El regreso de las orugas
La transformación tenía un objetivo concreto. Las orugas constituyen una fuente fundamental de alimento para numerosas aves que crían a sus pichones. Según la información recopilada por Tallamy, una pareja de carboneros puede necesitar miles de orugas durante unas pocas semanas para alimentar a sus crías.
Por eso, recuperar la vegetación nativa podía tener consecuencias que fueran mucho más allá de las plantas. Si aumentaba la cantidad y diversidad de insectos disponibles, también podían encontrar alimento las aves que dependían de ellos.
Quince años después del comienzo de la restauración, los árboles y arbustos nativos de la propiedad sostenían al menos 1.000 especies de orugas. Al mismo tiempo, más de 50 especies de aves habían criado allí, según los registros de Tallamy.
Las orugas son alimento para numerosas aves que crían a sus pichones. Foto: Instagram
El resultado reforzó una de las ideas centrales de su trabajo: algunas plantas nativas tienen una importancia desproporcionada para mantener las redes alimentarias locales.
Las plantas que sostienen una cadena
Tallamy desarrolló el concepto de las llamadas plantas clave, especies que pueden sostener una cantidad especialmente elevada de insectos. Sus investigaciones indican que aproximadamente el 5% de los géneros de plantas nativas sostienen cerca del 75% de las especies de orugas. Los robles, por ejemplo, pueden albergar alrededor de 1.000 especies de orugas en Norteamérica.
La relación también fue estudiada fuera de la propiedad. Una investigación de 2018, encabezada por Desirée Narango, antigua estudiante de Tallamy, encontró que los carboneros de Carolina que criaban en jardines con mayor presencia de plantas nativas lograban criar más pichones que aquellos ubicados en espacios dominados por plantas no nativas.
Los registros del lugar continuaron aumentando en los años posteriores. Foto Open AI
La restauración de la propiedad no terminó después de 15 años. Con el paso del tiempo, el registro de polillas continuó aumentando. Para 2024, Tallamy y su esposa contabilizaban 1.267 especies de polillas y 62 especies de aves que habían utilizado el lugar.
En años posteriores, el número de polillas documentadas superó las 1.300 especies. El terreno también se convirtió en uno de los ejemplos que Tallamy utiliza para promover la recuperación de hábitats mediante plantas nativas.
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