James Dyson construyó buena parte de su carrera alrededor de una idea aparentemente sencilla: si algo no funciona correctamente, hay que descubrir por qué y buscar una manera de mejorarlo. A los 78 años, el inventor británico continúa defendiendo la curiosidad, la experimentación y el aprendizaje a partir de los errores.
Nacido en Cromer, Inglaterra, en 1947, Dyson no siguió inicialmente una formación tradicional como ingeniero. Estudió arte y diseño y terminó acercándose a la ingeniería casi accidentalmente. Él mismo se definió como un autodidacta y aseguró que siempre prefirió descubrir las cosas por su cuenta antes que recibir las respuestas de otros.
Esa manera de pensar terminó siendo determinante para el producto que transformaría su carrera. En 1978 estaba insatisfecho con el funcionamiento de su aspiradora, cuya bolsa perdía capacidad de succión al acumular polvo. Tras observar un sistema ciclónico utilizado en un aserradero para separar partículas del aire, comenzó a preguntarse si el mismo principio podía aplicarse a un electrodoméstico.
Los 5.127 intentos detrás de la aspiradora sin bolsa
El resultado no apareció de inmediato. Dyson pasó cinco años desarrollando 5.127 prototipos hasta perfeccionar su sistema de separación ciclónica. La cifra se convirtió con el tiempo en uno de los ejemplos más conocidos de su filosofía sobre innovación: cada modelo que no funcionaba proporcionaba información para construir el siguiente.
James Dyson pasó cinco años desarrollando 5.127 prototipos. Foto: Web
El camino tampoco fue sencillo desde el punto de vista económico. Dyson recordó que llegó a estar fuertemente endeudado mientras trabajaba desde su casa y experimentaba con sus diseños. Aun así, describió aquella etapa como profesionalmente estimulante porque cada prueba le permitía realizar nuevos descubrimientos.
“Todo el mundo tiene miedo al fracaso”, reconoció en una entrevista de 2025 para Design Matters. Pero agregó que equivocarse constituye una parte necesaria de la experimentación y, finalmente, del éxito. Su crítica apunta especialmente a una educación que suele premiar encontrar rápidamente la respuesta correcta en lugar de experimentar hasta descubrirla.
La aspiradora ciclónica terminó convirtiéndose en el producto emblemático de su compañía. Pero detrás del éxito comercial quedó una metodología que Dyson trasladaría posteriormente al desarrollo de otros dispositivos: construir, probar, detectar el problema, modificarlo y volver a empezar.
Por qué Dyson considera al fracaso una herramienta para aprender
Su pensamiento va más allá de aceptar los errores como un costo inevitable. Dyson sostiene que fallar permite obtener información que un acierto inmediato no necesariamente proporciona.
En una conversación con Tim Ferriss explicó que aprender mediante el descubrimiento, los errores y la curiosidad es, a su juicio, una de las formas más estimulantes de adquirir conocimiento. Incluso reveló que había considerado titular su autobiografía A Life of Failure —“Una vida de fracasos”— porque considera que del fracaso se aprende aquello que no funciona.
La filosofía permanece incorporada al trabajo de su fundación. Los materiales educativos de la James Dyson Foundation utilizan precisamente el proceso de los 5.127 prototipos para mostrarles a los estudiantes que la ingeniería es iterativa y que una solución puede surgir después de numerosos intentos fallidos.
James Dyson considera que del fracaso se aprende aquello que no funciona.
Dyson también cuestiona el peso excesivo de la experiencia. Según explicó, los estudiantes y recién graduados pueden aportar preguntas aparentemente ingenuas que obligan a los expertos a reconsiderar por qué hacen las cosas de determinada manera. Para él, preguntarse constantemente “¿por qué?” permite abandonar caminos establecidos y encontrar soluciones diferentes.
Más de cuatro décadas después de aquel primer experimento con una aspiradora, esa lógica continúa definiendo su visión de la innovación: si una prueba sale mal, todavía puede aportar información para la siguiente. Porque detrás de cada error, sostiene la filosofía que marcó su trayectoria, siempre queda algo nuevo por aprender.
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