"Dice que jugaba e interactuaba todos los fines de semana con esa obra al visitar a su tío abuelo”, comenta a Ñ el curador Santiago Villanueva, sobre la obra de Miguel Carlos Victorica, de 1938, que representa a una gata negra sentada sobre sus dos patas traseras en un aparente espacio interior. Quien jugaba con ella es el historiador del arte, curador e investigador Marcelo E. Pacheco, cuya colección de obras se exhibe en Colección Amalita con el título Reunión en neocriollo.

El óleo de la gata pertenece en la actualidad a la colección Mauricio Neuman y fue pedido en esta ocasión para formar parte del relato que reúne cien obras de Pacheco de arte argentino, desde inicios del siglo pasado hasta comienzos del actual. Un conjunto inescindible de una historia familiar, afectiva, intelectual y profesional, de la cual emerge la singularidad de esta colección con “algo radiográfico”, en palabras de Villanueva, en tanto insumo también para las investigaciones de Pacheco y de su labor como curador.

Raquel Forner. Sin título, 1974. Litografía 43/45, 28 x 27 cm.

Historiador del arte egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Pacheco trabajó en la Dirección del Museo Nacional de Bellas Artes (1986 a 1993) y cofundó y dirigió el Centro de Documentación para las artes visuales en la Argentina / Fundación Espigas (1993 a 2002). Fue Curador en Jefe del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (2002 a 2013), en tanto desarrolló una profusa tarea docente en diversas instituciones.

Un juego de cruces e intercambios

Su extensa labor de especialista en arte argentino moderno, contemporáneo y en historia del coleccionismo se inició durante la adolescencia en la ciudad de Necochea, en los años 70, al brindar conferencias en el salón de actos del Palacio Municipal y escribir breves reseñas dedicadas al trabajo de Juan Batlle Planas, Adolfo Bellocq y Raquel Forner.

Oscar Bony. La confesión de Pettoruti, 1994.

Podríamos hipotetizar que el mencionado juego infantil con las obras habría perdurado en el joven y el adulto en tanto posibilidad de establecer relaciones, cruces novedosos, creativos, cuestionadores de lógicas establecidas. Lo cual hace a todo conocimiento que indaga y plantea perspectivas renovadoras. En este sentido, hay un término transversal a la exposición, ya desde su título, como clave de lectura: neocriollo. Así llamó el artista Xul Solar al idioma que creó en 1922, en un claro gesto vanguardista, para lograr una mejor comunicación entre los habitantes de América latina, a través de la combinación de distintos idiomas. Esta definición se hace extensiva a la actitud de Pacheco para pensar el arte argentino, su identidad y ampliar sus fronteras, en un modelo de intercambios y vínculos.

También Neocriollo es el título de una obra de Mónica Giron, quien forjó con Pacheco un estrecho vínculo desde finales de los años 80. La pequeña escultura en bronce exhibida es parte de una serie que se inició con una primera pieza en cera y en homenaje al personaje homónimo de la novela Adán Buenos Aires de Leopoldo Marechal. De esta forma, nombres, estéticas y tiempos se entrelazan de manera permanente sobre una línea cronológica, la cual estructura la muestra en tres núcleos conformados por las décadas del 20 al 40, la de los años 60 y la de los 90. El orden establecido por la sucesión temporal, sin embargo, se ve gratamente alterado por los diálogos entre generaciones, miradas especializadas y afectos.

Víctor Grippo. Cajita de critico sagaz, 1978.

Un ejemplo de lo antedicho es una obra de Oscar Bony, de 1994, que se sirve de la reproducción de una pintura de Emilio Pettoruti y le hace tajos/agujeros, los cuales, a su vez, recuerdan la estética de Lucio Fontana. Con esta imagen, Bony respondió a una ponencia de Pacheco sobre Pettoruti, que pone de manifiesto, también con otras obras en la exposición, el vínculo entre artista e historiador.

Procedencias de familias

Las piezas de la colección tienen diversas procedencias: algunas son parte de la herencia familiar, otras son compras, intercambios y regalos. Uno de los aspectos centrales abordado con claridad es, en palabras de Villanueva, que la propuesta “da cuenta de las particularidades que tienen las colecciones de quienes trabajan en historia del arte, y las construyen inventando una relación y un carácter hacia los objetos que investigan; desde los que arman una narración que no deja fuera la historia personal y las formas que se fueron cruzando”.

neocriollo

En el núcleo de las primeras décadas del siglo pasado prevalece la herencia familiar tempranamente incorporada por la sensibilidad de Pacheco. Allí sobresalen la pintura figurativa y las vanguardias con los nombres de Víctor Cúnsolo, Alfredo Guttero, Ramón Gómez Cornet, Manuel Colmeiro, entre otros. Se destaca el conjunto de grabados de Adolfo Bellocq, uno de los cuales se titula Equilibrio familiar. Al pasar al segundo núcleo, de pronto se advierte el dibujo Lazos familiares de Mónica Giron al lado de una obra de Raquel Forner, otra de las presencias nodales en la colección. Significativo “lo familiar” que parece exceder los lazos sanguíneos en esta colección hasta englobar a los artistas.

De la década del 60 hay obras de Antonio Berni, Germaine Debercq, Víctor Magariños, Ricardo Garabito, Víctor Grippo, Emilio Renart, Jorge de la Vega y muchos otros. Adentrándonos en los años 90 aparecen también destacados creadores, a quienes Pacheco acompañó y exhibió: Cristina Schiavi, Nushi Muntaabski, Daniel Ontiveros, Elba Bairon, Fabio Kacero, Marcelo Pombo, Román Vitali, Rosana Fuertes, Benito Laren, Cristina Piffer y más.

Mónica Giron. NEOCRIOLLO , 2007.

El diseño expositivo, a cargo de Giron, es un aspecto muy trabajado en esta ocasión. “Santiago Villanueva me pidió que los colores pudieran ser portales para entrar en las temporalidades que recorre la muestra. Hace años que estudio el feng shui en cruce con las Bellas Artes y la arquitectura en general”, contó la artista a Ñ. Se buscó que las paredes y los colores guíen también desde la percepción y la emoción con dinamismo y serenidad. Lo cual se logra con los contrastes de blanco y marrón, la estridencia de un púrpura o la calma de un verde y un rosa pastel.

“Los artistas y las obras que constituyen el patrimonio de un museo son las marcas que definen su personalidad y su relación con la comunidad”, escribió Pacheco en 2011, en el catálogo de la exposición Arte Argentino actual en la colección del Malba (Obras 1989-2010). Parafraseando esta cita podemos decir que los artistas y las obras que constituyen el patrimonio de la colección privada de Pacheco son las marcas que definen su personalidad y carrera profesional en relación con la comunidad artística y la historia del arte.

  • Reunión en neocriollo
  • Lugar: Colección Amalita. Olga Cossettini 141.
  • Horario: mar. a vie. de 11 a 19; sáb. y dom. de 10 a 19:30
  • Fecha: hasta el 27 de septiembre
  • Entrada: $10.000 residentes