Considerado culpable de 34 secuestros, 31 casos de tortura y 7 homicidios calificados, el sacerdote Christian Federico von Wernich se convirtió en el primer representante de la Iglesia católica en ser condenado a reclusión perpetua por esos crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la última dictadura militar.
Von Wernich, quien nació en mayo de 1938 en el seno de una familia acomodada de San Isidro con cinco hermanos y cuatro hermanas, fue el hijo que se decidió por tomar los hábitos y en su carrera eclesiástica se convirtió en capellán de la Policía de la provincia de Buenos Aires durante la convulsionada década de 1970.
Unos treinta años después, en medio del impulso de juicios por delitos de lesa humanidad que promovió el kirchnerismo, las causas sobre von Wernich y su participación en sesiones de tortura y acompañamiento a los oficiales en su tarea represiva tomaron forma en los expedientes con decenas de testimonios en su contra.
Von Wernich escucha el juicio en su contra protegido por un blindex y chaleco antibalas. Archivo
En ese marco, el 25 de septiembre de 2003 "Queque" von Wernich fue detenido en la costa chilena donde se había refugiado como el padre Christian González. Era buscado en la investigación por el llamado Circuito Camps II.
Cuatro años después, en La Plata, comenzó el juicio en su contra donde más de un centenar de testigos afirmaron haberlo visto en los centros clandestinos de Puesto Vasco, Destacamento de Arana, Coti Martínez y El Pozo de Quilmes.
En octubre de 2007, el Tribunal Oral Federal de La Plata que presidía el juez Carlos Rozanski condenó al presbítero católico y ex capellán de la bonaerense a prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.
Tras la definición judicial, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, que por entonces integraba el obispo porteño Jorge Bergoglio –quien año después se convirtiera en el Papa Francisco- manifestó que "la Iglesia en la Argentina está conmovida por el dolor que nos causa la participación de un sacerdote en delitos gravísimos, según la sentencia”.
El Episcopado señaló entonces que “los pasos que la justicia da en el esclarecimiento de estos hechos deben servir para renovar los esfuerzos de todos los ciudadanos en el camino de la reconciliación y son un llamado a alejarnos, tanto de la impunidad como del odio o el rencor”.
Acusado por haber colaborado con la represion ilegal durante la dictadura, Von Wernich fue llevado a juicio. Archivo
Los obispos reiteraron también que "si algún miembro de la Iglesia, cualquiera fuera su condición, hubiera avalado con su recomendación o complicidad alguno de esos hechos (la represión violenta), habría actuado bajo su responsabilidad personal, errando o pecando gravemente contra Dios, la humanidad y su conciencia".
Como toda respuesta, von Wernich siempre negó los cargos en su contra y solo admitió que visitaba los centros de detención pero no observó violaciones a los derechos humanos. Entre esas visitas, se supo que había tenido contacto con los periodistas Jacobo Timmerman y Osvaldo Papaleo.
Sin embargo, los testimonios fueron contundentes. Uno de ellos fue el de un policía bonaerense, quien afirmó ante el tribunal que tras un operativo de traslados a Avellaneda de detenidos que habían sido asesinados con una inyección de veneno Von Wernich buscó consolarlo y le dijo "que lo que habíamos hecho era necesario, que era un acto patriótico y que Dios sabía que era para bien del país".
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