A mediados de 1966, la agenda del historiador británico Arnold Toynbee en Buenos Aires incluyó un escenario de fuerte carga política y simbolismo: la Escuela Superior de Guerra. Ante un auditorio colmado por la plana mayor del Ejército Argentino, cuadros de las Fuerzas Armadas y altos funcionarios —quienes acababan de instaurar un régimen militar de corte fuertemente anticomunista—, el célebre autor de Estudio de la Historia dictó una conferencia, el 4 de octubre de ese año, que desafió las certezas geopolíticas de la época. El tema era "el mundo hacia el cuál vamos".
En plena Guerra Fría, mientras el debate local e internacional estaba tomado por la confrontación entre Washington y Moscú, Toynbee desvió la mirada de los militares hacia el Extremo Oriente para lanzar una profecía audaz: el verdadero protagonista del siglo XXI, advertía, no sería la Unión Soviética, sino una China emergente como potencia global.
Para la mentalidad militar argentina de aquel entonces, imbuida en la Doctrina de la Seguridad Nacional, el régimen de Mao Tse Tung representaba una amenaza ideológica monolítica y destructiva. Toynbee, aplicando su método macro-histórico, proponía una lectura diferente. Explicaba que el comunismo no era una culminación de la historia china, sino una fase transitoria, un ropaje occidental que la civilización china había adoptado para modernizarse, centralizar su poder y sacudirse un siglo de humillaciones extranjeras.
El historiador británico argumentaba que la milenaria cohesión cultural, la disciplina social y la capacidad de resistencia del pueblo chino resurgirían con una fuerza avasallante, una vez que lograran la estabilidad interna. El desafío de la modernidad encontraría en China una respuesta de escala global que alteraría el equilibrio planetario de manera irreversible.
Las palabras de Toynbee en aquel escenario tenían una dimensión anticipatoria. Hoy, con una China consolidada como gran fábrica del mundo y un principal socio comercial y financiero de gran parte de América Latina , el análisis toynbeano adquiere renovada actualidad.
Aquella conferencia en el ámbito castrense argentino dejó una lección fundamental que la intelectualidad y la diplomacia regional tardaron décadas en procesar: la importancia de evaluar los movimientos geopolíticos trascendiendo las urgencias políticas del momento y sus justificaciones ideológicas, sumergiéndose en la corriente profunda de la historia de las civilizaciones.
Desde la Argentina de aquellos turbulentos años, Toynbee no solo anticipó el siglo XXI, sino que advirtió a sus oyentes que el tablero mundial se movería pronto bajo los pies de un gigante que empezaba a desperezarse.
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