En la sociedad actual existe una obsesión: ir cada vez más rápido. La velocidad es sinónimo de éxito y la inmediatez, una necesidad constante. Un viejo proverbio chino, muy anterior al siglo XXI, enseña una perspectiva diferente.
El mensaje central de estas palabras metafóricas sugiere que la velocidad y el esfuerzo serán insuficientes para alcanzar el éxito si no existe una meta definida.
Desde la psicología varios autores coinciden en que necesitamos objetivos claros para tomar decisiones y evaluar nuestros progresos. Edwin Locke y Gary Latham, por ejemplo, aseguran que los objetivos específicos y bien definidos favorecen un mejor rendimiento.
Volviendo a la metáfora, sería un grupo que avanza más despacio pero que, al tener un rumbo claro, llegará a su destino, mientras que el otro componente, el que va más rápido, sin rumbo, puede perderse en el camino.
Desde la psicología social, Kurt Lewin ofrece una perspectiva relevante. Considerado uno de los pioneros en el estudio de los grupos, afirma que el comportamiento depende de la interacción entre la persona y su entorno.
Ya sea en proyectos laborales o personales, la dirección suele ser más importante que la velocidad. Foto: Pexels.
Para Lewin los grupos funcionan como sistemas dinámicos en los que las acciones de cada miembro afectan al conjunto. Si existe una dirección común, las fuerzas del grupo tienden a orientarse hacia un mismo objetivo, lo que favorece la cooperación y la cohesión. Si, en cambio, faltan metas compartidas, pueden surgir conflictos, desorganización y pérdida de eficacia.
La psicología moderna demuestra que la búsqueda constante de rapidez puede conducir a decisiones impulsivas. Daniel Kahneman distinguió entre un sistema rápido e intuitivo y otro más lento y reflexivo. Desde esta perspectiva, avanzar despacio no necesariamente implica ineficacia, porque supone, la mayoría de las veces, dedicar tiempo a analizar información, evaluar alternativas y corregir errores.
Cómo definir y alcanzar las metas
Aunque este proverbio se aplica muchas veces a la cultura empresarial y al liderazgo, es posible considerarlo también para la vida personal. Establecer metas posibles es una manera de disminuir el estrés y evitar la frustración.
Desde el sitio Psicología y Mente brindan algunos consejos:
Un progreso lento pero con un objetivo definido suele llevar más lejos. Foto: Pexels.
• Listado a largo plazo. Son objetivos por alcanzar en cuestión de años o que a pesar de que nunca se logren nos ayudan a establecer rutinas. Un listado de cinco o seis de estos objetivos es un buen punto de partida.
• Concretar los planes. Hay que establecer metas que sean, sobre todo, realistas y que, para alcanzarlas, no haya que traicionar nuestros valores.
• Dividir los objetivos. Además de los metas a largo plazo, hay que establecer marcos temporales más cortos para ilusionarse con los resultados que vamos alcanzando semana tras semana.
• Revisar los objetivos de vida. Con el tiempo todos cambiamos y es posible que una meta de vida deje de ser importante o deje de tener sentido. Por eso, hay que verificar los avances y fijarse si lo que hacemos sigue motivándonos.
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