¿La Inteligencia Artificial (IA) puede ser una herramienta para ayudarnos a solucionar los problemas cotidianos del territorio? Es el interrogante que está detrás del proyecto CarpinchIA, un hackathon impulsado por la Universidad del Delta (UNDelta), Areabeta y Circular que reunió a más de cien participantes en Nordelta para trabajar sobre desafíos y necesidades concretas de Tigre, San Fernando y Escobar.

Crecidas, incendios, movilidad fluvial, salud y ambiente fueron algunos de los problemas abordados por los nueve equipos que participaron de la experiencia que reunió a una universidad nacional, empresas y especialistas en torno a la resolución de problemáticas del territorio local. Dos de los proyectos recibirán acompañamiento para intentar transformar la solución desarrollada en un proyecto sostenible.

Durante las últimas semanas, el debate sobre los riesgos de la inteligencia artificial se posicionó en el centro del debate internacional. En la iniciativa, la IA también ocupa un lugar central, pero la pregunta gira en torno a su utilización para resolver los problemas actuales del territorio.

Las ideas centrales de la iniciativa pueden resumirse en dos premisas. La primera es “Del miedo a la acción”, es decir, “de estar mirando lo que pasa con el supuesto advenimiento del apocalipsis a generar mecanismo para usar la tecnología para solucionar problemas concretos”, explicó Francisco Capurro Robles, director del Instituto de Tecnología y Producción de UNDelta.

La segunda es, “primero el problema, después la tecnología”. Implica detectar problemas concretos antes de pensar qué herramientas utilizar. “Pensar un problema real de quienes nosotros tenemos al lado, nuestros vecinos, compañeros, amigos compañeros, familia, comunidades de los barrios, etcétera, y aplicar herramientas de inteligencia artificial que ya existen y están en uso para intentar solucionar esos problemas”, señaló Capurro Robles.

Los equipos trabajaron sobre distintas problemáticas de Tigre, San Fernando y Escobar y desarrollaron herramientas basadas en inteligencia artificial.

Del concurso participaron más de diez proyectos diversos que fueron evaluados por un jurado. Pelo de Agua, por ejemplo, desarrolló un modelo para anticipar hora a hora la altura del río Luján en San Fernando durante las 24 horas siguientes integrando información meteorológica, hidrológica y meteorológica mediante aprendizaje automático. El proyecto llegó a construir una base unificada de 15 años de registros para anticipar variaciones sobre la marea astronómica.

Copernicus, el proyecto ganador del primer puesto propuso el monitoreo satelital de la calidad del agua de canales y lagunas a través de la utilización de imágenes satelitales y agentes de inteligencia artificial. El proyecto construyó un tablero operativo sobre las 340 hectáreas del sistema de lagos de Nordelta, con información histórica desde 2018 y detección automatizada de cambios en la calidad del agua.

El segundo puesto fue para el proyecto VigIA, que propuso una red de sensores ambientales para detectar patrones que indiquen riesgo de incendio en el Delta y generar alertas tempranas. El objetivo del proyecto es combinar sensores, datos locales y achine learning — una tecnología de inteligencia artificial que permite aprender a partir de datos— para generar información que pueda servir a productores, vecinos, bomberos y Defensa Civil.

Navego es el nombre que recibió otro de los proyectos que desde la UNDelta definieron como “una suerte de carpooling fluvial”. Busca simplificar una dinámica que los isleños ya tienen en grupos de WhatsApp para compartir viajes y gastos en sus embarcaciones privadas ya que dentro del territorio hay canales y arroyos que no tienen cobertura del transporte de lanchas colectivas.

Tambien se presentaron proyectos para monitorear los flujos peatonales del Puerto de Frutos mediante visión computacional , gestionar clubes de barrio y organizar la información sanitaria favorecer el seguimiento preventivo de los pacientes.

Los dos proyectos seleccionados por el jurado realizarán un proceso de incubación, con mentorías, acceso a espacios de prototipado y acompañamiento para intentar transformar la solución desarrollada en un proyecto sostenible. El ganador del primer puesto recibirá acompañamiento durante un año, y el segundo durante seis meses.