No todos los perros tienen la misma facilidad para desenvolverse en el agua. Aunque la natación puede resultar una actividad agradable para muchos peludos, determinadas características físicas pueden hacer que algunos tengan más dificultades para mantener una posición adecuada, impulsarse o respirar mientras nadan.
Por eso, que un perro entre en el agua no significa necesariamente que vaya a desenvolverse en ella con facilidad.
El veterinario Pancho Cavero ha llamado la atención sobre estas diferencias en una publicación en Instagram. “No todos los perros saben nadar; algunos pueden ahogarse en minutos”, advierte.
Bajo su punto de vista, no se trata simplemente de una cuestión de práctica, sino también de anatomía: “Algunos cuerpos no fueron diseñados para el agua”.
El hocico corto puede dificultar la respiración
Cavero señala especialmente a los bulldogs, pugs y boxers, razas que presentan distintos grados de braquicefalia, es decir, una conformación del cráneo caracterizada por un hocico relativamente corto.
Según explica, esta característica puede dificultar la respiración durante el esfuerzo y complicar que el peludo mantenga la cabeza fuera del agua.
Pancho Cavero, veterinario, habla sobre la capacidad de los perros de nadar. Foto: Redes
La evidencia científica reciente respalda que la conformación de las vías respiratorias tiene importancia en estas razas; una investigación publicada en 2026 en la revista PLOS One evaluó la función respiratoria de 898 perros pertenecientes a 14 razas braquicéfalas, entre ellas el boxer.
Los investigadores observaron que casi todas las razas estudiadas presentaban algún grado de alteración respiratoria y encontraron una asociación entre un hocico más corto, el estrechamiento de las fosas nasales y un mayor riesgo de síndrome obstructivo de las vías respiratorias braquicéfalas.
Asimismo, otro estudio publicado en 2025 en The Veterinary Journal analizó mediante tomografía las vías respiratorias de 40 carlinos, 52 bulldogs franceses y 21 bulldogs. Los investigadores encontraron que determinadas características anatómicas de la nariz, la nasofaringe y la tráquea estaban relacionadas con una mayor obstrucción respiratoria.
En el caso de los bulldogs, una tráquea de menor tamaño se relacionó con índices más elevados de obstrucción. Ambos trabajos dejan algo claro: la respiración puede ser un factor importante cuando estos animales realizan ejercicio físico.
Los bulldogs tienen características relacionadas con mayor obstrucción respiratoria. Foto: Shutterstock
No solo importa la forma de la cabeza
Cavero también destaca otras características corporales que pueden influir en la relación de un perro con el agua. En el caso de los dachshunds y los basset hounds, apunta a sus patas cortas como una dificultad para conseguir un impulso eficiente.
En los bulldogs añade otra particularidad: “Tienen el pecho muy ancho y los cuartos traseros pequeños, su cuerpo simplemente no flota bien”.
Por este motivo, el veterinario recomienda no asumir que todos los perros reaccionarán de la misma manera al entrar en el agua. Asimismo, tampoco aconseja introducirlos de forma brusca. “Nunca lances un perro al agua para que aprenda”, señala, y añade que, si el peludo quiere entrar, debe hacerlo gradualmente y con supervisión.
Cavero lo deja claro: la capacidad de disfrutar del agua no depende únicamente de que un perro sea capaz de nadar durante unos metros. Su conformación física, su capacidad respiratoria y la manera en la que consigue mantener la cabeza fuera del agua pueden cambiar considerablemente la experiencia.
Helena Ortega, La Vanguardia
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