Hace seis meses, Julián, un argentino de 26 años nacido en Mar del Plata, decidió instalarse en Rusia junto a su pareja, Anna, a quien conoció mientras vivía en España.

Después de pasar cuatro años en ese país y una temporada en Nueva Zelanda, emprendió una nueva aventura lejos de Argentina. Esta vez, el motivo fue el amor.

“Simplemente por amor, gente, por esta bella señorita”, contó el joven en un video en el que repasó su experiencia durante sus primeros meses en Rusia.

Después de pasar cuatro años en ese país y una temporada en Nueva Zelanda, emprendió una nueva aventura lejos de Argentina. Foto: Youtube/ Anna & Julián

Allí relató cómo fue adaptarse a un país con otro idioma, un clima completamente diferente y una cultura que, según explicó, tiene varias costumbres muy distintas a las de Latinoamérica.

¿Se puede vivir en Rusia sin hablar ruso?

Una de las principales dificultades que encontró Julián fue el idioma. Aunque aseguró que es posible vivir en Rusia sin hablar ruso, advirtió que la falta de conocimientos puede complicar situaciones cotidianas y trámites.

“Podés, se te va a complicar”, explicó. Entre las principales dificultades mencionó hacer trámites burocráticos, acudir a un hospital o desenvolverse con mayor independencia. Por eso, recomendó a quienes tengan pensado emigrar que realicen al menos un curso intensivo antes de viajar.

El argentino reconoció que todavía tiene un nivel básico del idioma y que eso también hizo que le resultara más difícil sentirse completamente integrado en la sociedad rusa.

Trabajo para latinos: una condición clave

Julián también respondió una de las preguntas que más suelen hacerse quienes consideran emigrar: si hay trabajo para los latinos en Rusia.

“Sí, gente, hay trabajo para los latinos. Hay bastante trabajo. El tema es que tienen que venir 100% legal porque acá en Rusia no se jode”, afirmó.

Entre las principales dificultades mencionó hacer trámites burocráticos, acudir a un hospital o desenvolverse con mayor independencia. Foto: Youtube/ Anna & Julián

Sin embargo, aclaró que no dominar el ruso puede representar una dificultad importante a la hora de conseguir empleo. En su caso particular, trabaja junto a su pareja en redes sociales y otros proyectos digitales, por lo que no depende del mercado laboral ruso tradicional.

El frío, una de las grandes diferencias

Si hubo algo que marcó su experiencia, fue el clima. Julián contó que durante el invierno llegó a realizar un asado con sus suegros a 25 grados bajo cero e incluso se metió en un río congelado.

“Realmente hace frío en Rusia”, aseguró. Según relató, en la ciudad de su pareja las temperaturas pueden llegar a los 40 grados bajo cero durante el invierno.

Aclaró que no dominar el ruso puede representar una dificultad importante a la hora de conseguir empleo. Foto: Youtube/ Anna & Julián

Aun así, explicó que el país está preparado para esas condiciones: el transporte público, los supermercados y los edificios cuentan con calefacción, mientras que la población utiliza ropa especialmente preparada para las bajas temperaturas.

Para él, además del abrigo adecuado, es fundamental tener capacidad de adaptación. “Si venís negado al frío, te veo complicado”, resumió.

Qué piensa sobre la guerra y cómo es la vida cotidiana

Respecto de la guerra, Julián señaló que el conflicto no modifica de la misma manera la vida cotidiana en todo el territorio ruso. Según su experiencia, la población continúa con sus actividades habituales y los principales inconvenientes que percibió estuvieron relacionados con posibles demoras o cierres de aeropuertos.

También destacó aspectos que lo sorprendieron positivamente, como la eficiencia del transporte público, la limpieza y el orden de ciudades como Moscú y San Petersburgo, además del nivel de seguridad que percibe en comparación con algunos países latinoamericanos.

Julián destaca la eficiencia del transporte público, la limpieza y el orden de las grandes ciudades como Moscú y San Petersburgo. Foto: Youtube/ Anna & Julián

Pero no todo fueron elogios. Entre las cosas que menos le gustan mencionó la dificultad para relacionarse con algunas personas por la barrera idiomática, ciertas diferencias en las formas de trato y el hecho de que muchas personas se queden mirando cuando él y su pareja hablan español en público.

¿Es feliz en Rusia?

Después de seis meses, Julián aseguró que su experiencia fue positiva, aunque aclaró que no sabe cuánto tiempo permanecerá en Rusia. “Yo soy feliz junto a Anna, en Rusia o en donde sea”, sostuvo. Para él, vivir allí representa principalmente una oportunidad de conocer otra cultura, aprender sobre nuevas tradiciones y enfrentarse a un idioma y un clima completamente diferentes.

El joven reconoció también que emigrar implica atravesar momentos de desarraigo. Se fue de Argentina en 2022 y todavía no regresó, por lo que extraña a su familia, sus amigos y las costumbres de su país. De cara al futuro, la pareja tiene otros proyectos: entre ellos, recorrer las distintas provincias argentinas y posteriormente emprender un viaje por Latinoamérica.

Su consejo para quienes estén pensando en seguir un camino similar es claro: aprender el idioma, viajar con la mente abierta y estar dispuesto a adaptarse. “¿Tenés miedo? No importa, hacelo con miedo, pero hacelo. Nunca te quedes con las ganas de hacer nada en la vida”, concluyó.