Qué tienen en común una ficción dramática y un documental periodístico? A simple vista, poco o nada. Sin embargo, por un lado, está Adolescencia, una miniserie británica ganadora del premio Emmy que narra el rol dramático que juega un fenómeno digital conocido como manosfera (del inglés manosphere) en la vida de un joven adolescente.

El actor Owen Cooper en el papel de Jamie Miller, de la serie Adolescencia. Foto: Netflix.

Por el otro, el documental Louis Theroux: Dentro de la machósfera presenta una serie de entrevistas con un grupo de manfluencers que despliegan, sin filtros, sus discursos de supremacía machista.

Ambas producciones visibilizan la manosfera, machósfera o androsfera, un ecosistema digital que hasta hace poco permanecía fuera del radar de gran parte de los adultos y que cada día genera más preocupación.

La machósfera es una red de comunidades digitales que comparten una mirada crítica sobre los avances impulsados por el feminismo y otros movimientos que promueven la igualdad y, además, sostienen que esos cambios desplazaron a los hombres del lugar privilegiado que históricamente ocuparon en la sociedad.

No se trata de una moda pasajera de internet. Es un ecosistema político, emocional y económico con su propio idioma, referentes, reglas, reclamos y una narrativa donde el enojo, otras veces el odio o el desprecio, ocupan lugares predominantes.

Sin embargo, el poder de seducción de este universo no reside únicamente en su discurso antifeminista, sino en ofrecer soluciones simples para enfrentar grandes frustraciones, como lo explica la psicóloga Lucía Saavedra, especialista en masculinidades y docente e investigadora de Estudios de Género de la Facultad de Psicología de la UBA: “La machósfera podría entenderse como una expresión cultural que se impone como forma válida de tramitar los malestares de algunos varones adolescentes y jóvenes”.

Aunque las crisis sociales, políticas y económicas fueron las que les impidieron e impiden hacer realidad los proyectos para los cuales los hombres han sido socializados -ser proveedores, poderosos y autosuficientes- “los movimientos feministas aparecen como responsables de que los varones no puedan cumplir con lo que esperan de sí mismos”, enfatiza Saavedra.

Si tuviéramos la posibilidad de hacer un corte transversal de la machósfera, veríamos tres capas bien diferenciadas que explican su estructura y funcionamiento.

“Creemos que es importante entender, más allá de las distintas tribus o siglas relacionadas con este espacio, cómo opera conectando fenómenos globales y generando adaptaciones locales”, explican Santiago Morcillo, Estefanía Martynowskyj y Matías De Stéfano Barbero, investigadores de narrativas de los antifeminismos online del Conicet.

El influencer "Clavicular" moldea su rostro y su cuerpo artificialmente. Foto: Clavicular/Instagram

“Tiene una capa de foros y espacios en línea, que permanece más oculta donde prima el anonimato y una mayor virulencia; otra intermedia donde operan influencers que son los encargados de adaptar localmente los giros e ideas, para darle consistencia ideológica y conectarlo con una tercera capa que es donde se ubica al mainstream, los medios tradicionales y los actores clave como los políticos.”

Comienzos

Su origen se remonta a comienzos de los años 2000, cuando surgieron los primeros blogs y foros orientados a cuestionar los cambios en las relaciones de género y a ofrecer estrategias para seducir a las mujeres.

Pocos años después se hizo evidente el crecimiento del número de grupos online en la red Reddit bajo una narrativa más ideológica como los movimientos Incel -los célibes involuntarios que consideran que los hombres tienen derecho a tener sexo y que las mujeres los privan deliberadamente- y Red Pill -sostienen haber “despertado” a una “realidad oculta” de opresión a los hombres-.

Esta evolución demuestra que la machósfera ya no es una suma de espacios aislados, sino un circuito de radicalización progresiva, donde los usuarios van pasando de posturas moderadas a otras más extremas.

En los últimos años el fenómeno mutó hacia la cultura del podcast y las redes sociales en donde surgieron figuras mediáticas como Andrew Tate, un ex-luchador de kickboxing británico-estadounidense que se convirtió en el principal referente del estilo de vida de la hipermasculinidad, autoproclamado misógino y, tal vez, el mayor propagador de las ideas que conforman este universo.

Gracias a sus videos, Tate sumó millones de seguidores en todo el mundo, a pesar de tener causas penales por presunta trata de personas, conformación de una organización criminal y delitos vinculados a la explotación sexual.

Actualmente, pese a haber sido expulsado de las redes sociales, sus videos continúan circulando gracias a los reposteos de sus seguidores.

Día a día, miles de jóvenes de entre 12 y 25 años llegan a este espacio de manera casual. A partir de búsquedas relacionadas con fitness, citas, desarrollo personal o consejos financieros, los algoritmos de las redes sociales los conducen progresivamente hasta sumergirlos en un universo que combina modelos de éxito poco realistas con discursos misóginos.

Andrew Tate tiene causas penales y muchísimos seguidores. Foto: AP.

Pero, ¿cómo se explica la fascinación por manfluencers? De acuerdo con Saavedra, “en un contexto de altos índices de malestares psíquicos y crisis en salud mental, si un referente público ofrece una especie de salida, puede resultar atractivo”.

En tanto que la antropóloga española Nuria Alabao, autora de Ínceles, gymbros, criptobros y otras especies antifeministas, argumenta que aquellos jóvenes que enfrentan crisis de vivienda o precariedad laboral experimentan una pérdida de control sobre su vida y estas comunidades ofrecen una ilusión de control absoluto.

El “looksmaxxing”

Los números y las percepciones de los especialistas son contundentes y preocupantes: el programa para adolescentes y hombres jóvenes del Boston Children’s Hospital, estima que dos de cada tres jóvenes consumen regularmente contenido de influencers de masculinidad, en tanto que un informe elaborado por University College de Londres y la Universidad de Kent asegura que TikTok amplifica de manera agresiva la difusión de contenido dañino y misógino entre adolescentes.

Precisamente, a través de esa red social, Clavicular, un influencer estadounidense de 20 años, se convirtió en una de las figuras más destacadas del looksmaxxing, una corriente que promueve estrategias para sacarle el mayor partido a la apariencia física.

A primera vista, looksmaxxing parecería estar relacionado con el cuidado personal pero en realidad es una puerta de entrada a la machósfera.

Clavicular, cuyo nombre real es Braden Peters, sostiene que ser más atractivo equivale a ser más poderoso, por ese motivo modeló su cuerpo y su cara para potenciar su imagen por medio de técnicas extremas como dietas rigurosas (starvemax-xing), consumo de esteroides y otros fármacos, entrenamiento intensivo, cirugías plásticas y una práctica muy peligrosa que consiste en golpearse con un martillo la mandíbula y los pómulos para tener rasgos más angulosos (bonesmashing).

En la actualidad, Peters vende asesorías a sus seguidores por miles de dólares al mes y les comparte su vida en transmisiones en vivo y videos, pero durante su adolescencia era un joven incel que consumía el contenido de Tate y Nick Fuentes.

El looksmaxxing también se convirtió en una suerte de salvavidas para algunos grupos incels que mutaron superficialmente para evitar bloqueos o denuncias, aunque en el fondo continúan difundiendo mensajes como “si a pesar de todos tus esfuerzos las chicas no te miran, es culpa de esas zorras, no tuya”.

Detrás del discurso también hay un negocio, ya que los influencers convierten a sus comunidades en potenciales consumidores: les venden cursos, mentorías y membresías que rara vez cumplen con lo prometido, y utilizan estructuras similares a los esquemas piramidales ya que recompensan a sus seguidores por el reclutamiento de nuevos miembros.

La machósfera ha logrado reconfigurar las ideas sobre género de un sector de su público con postulados como “la violencia no tiene género” o “la violencia de género es un invento ideológico”, según un informe del Centro Reina Sofía. La ONU, para la Igualdad de Género, advierte que la popularidad del lenguaje extremo empleado en la machósfera no solo normaliza la violencia contra las mujeres y niñas, sino que además está asociada a la radicalización y a ideologías extremistas.

La política mete la cola

La política es otra de las patas que sostiene a este fenómeno. Louis Theroux, el documentalista que entrevistó a los influencers de la machósfera, vincula su auge con la victoria de Trump en 2024.

António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, afirmó que lo más alarmante es la creciente capacidad para movilizar a hombres jóvenes y niños, en un contexto donde las nuevas generaciones masculinas muestran actitudes más conservadoras hacia la igualdad de género que las anteriores.

Partidos y líderes populistas de extrema derecha utilizan mensajes de la “masculinidad autoritaria” para movilizar y captar a los jóvenes, en tanto que activistas como el estadounidense Nick Fuentes trabajan para que las mujeres pierdan el derecho a votar y eliminar los logros de las minorías y de la comunidad LGBTQ+.

A diferencia de lo que ocurre en otros países, en Argentina no existen influencers que se identifiquen abiertamente con la machósfera.

En TikTok e Instagram hay numerosas cuentas pequeñas de creadores que generan contenido sobre looks-maxxing, masculinidad o seducción, aunque ninguno ha logrado convertirse en un referente masivo.

A ese escenario se suman analistas/influencers como Emmanuel Danann y Tipito Enojado que cuestionan las políticas de género y el feminismo, cuentan con una fuerte llegada entre el público joven pero no se presentan a sí mismos como parte del universo de la manósfera.

Qué es ser varón en 2026

“La batalla no se libra únicamente en el terreno de las ideas - advierten los investigadores del Conicet- sino también en el de las emociones, las identificaciones y los modos de habitar los vínculos. Por eso, es importante comprender el atractivo que estos discursos ejercen sobre muchos jóvenes para pensar el presente, ya que no expresan un anhelo de regresar al pasado, sino que forman parte de una lucha por definir qué significa ser varón y qué orden de género logrará volverse hegemónico en los años por venir.”

La misoginia no nació en internet, pero la red ha colaborado para amplificarla. Muchos chicos no ingresan por odio, sino por malestar o por curiosidad. En la serie Adolescencia, las familias y la escuela desconocían por completo la influencia de la machósfera en los niños.

En Argentina, la Educación Sexual Integral (ESI) ofrece un espacio en el aula donde se problematizan las cuestiones de género, y donde varones y mujeres pueden expresar su vulnerabilidad, miedos y frustraciones.

Queda en manos de los adultos informarse y abordar estos temas con los integrantes más jóvenes de la familia, asegurarles vínculos reales y de confianza para que los adolescentes puedan compartir sus dudas y malestares antes de que las respuestas lleguen, peligrosamente, desde una pantalla.