Un imán, una mañana fría y una búsqueda que parecía no tener demasiado para rescatar. Rodrigo Andrade estaba junto a su padre Miguel, como todos los fines de semana, haciendo pesca magnética en el Río Tigre cuando sintió que el imán había quedado enganchado en algo pesado. Pensó que podía ser una viga o un caño. Cuando lo sacó del agua, se encontró con otra cosa. Salió un antiguo proyectil de apariencia militar.
“Cuando lo saco, veo la forma y enseguida se me ocurrió decir: es un misil”, recordó Rodrigo, de 42 años. Lo levantó con cuidado, lo dejó sobre el pasto y decidió no manipularlo más. Después llamó al Municipio de Tigre para informar sobre el hallazgo.
El operativo tuvo un detalle particular. Entre las personas que revisaron el objeto había alguien con experiencia militar y un ex capitán del Ejército que había realizado un curso de desarme. También intervino el escuadrón antibombas. Finalmente, determinaron que se trataba de un proyectil inerte, sin carga explosiva activa. Una semana después intentó llevarlo al Museo Naval de la Nación, en Tigre, pero salió del lugar con la pieza nuevamente en sus manos.
Reconocen que no tienen una confirmación histórica sobre el recorrido del proyectil, pero estiman que pertenece a la época de la Segunda Guerra Mundial.
“Así como entramos, salimos con el proyectil porque no lo aceptaron”, contó. Según le explicaron, debía presentar primero fotografías y enviar información por correo electrónico para que la institución evaluara si tenía interés en incorporarlo. Por ahora, el objeto sigue en poder de Rodrigo, apartado del resto de su casa.
La pieza tiene grabada una serie de marcas que despertaron todavía más preguntas. Según Rodrigo, puede distinguirse el número 3, que indicaría tres pulgadas, además de la inscripción “BORG” y el año 1946. A partir de esas marcas, él y su padre elaboraron una hipótesis sobre su posible origen y sobre cómo pudo terminar en el río.
La búsqueda de objetos bajo el agua comenzó mucho antes de ese descubrimiento. Rodrigo y Miguel, de 68 años, llegaron a la pesca magnética después de mirar videos de aficionados europeos y brasileños. Para Navidad, Rodrigo le regaló un imán a su padre y, unos meses después, hicieron su primera salida. En abril decidieron subir su primer video a YouTube y crearon Re Pegados, el proyecto que comparten en redes.
Aunque el proyectil estaba inerte, Rodrigo reconoce que le da temor tenerlo en su casa.
El nombre también tiene una explicación familiar. “Repegados” hace referencia a la forma en que los objetos quedan adheridos al imán, pero también al vínculo entre padre e hijo. Toman la pesca magnética como una actividad compartida que les permite pasar tiempo juntos y, al mismo tiempo, reconstruir pequeñas historias a partir de lo que encuentran.
“Lo que nos interesa es la historia que puede haber detrás del objeto”, explicó Rodrigo. Entre sus hallazgos hay monedas, cadenas, cerraduras, clavos y piezas que pueden haber formado parte de construcciones antiguas. Incluso conserva un clavo forjado a mano que, según su investigación, podría haber pertenecido a antiguas construcciones vinculadas al ferrocarril.
Tigre ocupa un lugar especial dentro de esas búsquedas. Rodrigo destaca la historia náutica de la zona y recuerda que, antes de las rutas modernas, los ríos funcionaban como verdaderas vías de comunicación. Por eso, cada objeto recuperado puede convertirse en una pista sobre cómo era el movimiento en la zona décadas atrás.
Los ríos para los pescadores eran "las autopistas de antes", esto guía parte de sus búsquedas.
El proyectil de 1946 terminó siendo el hallazgo que más preguntas les dejó hasta ahora. Mientras esperan saber si alguna institución puede determinar su origen o darle un destino, Rodrigo y Miguel continúan todos los fines de semana en el Delta. “Tratamos de sacar todo lo que uno se pregunta: ¿qué habrá debajo de ese río?”, resume Rodrigo.
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