Hay actores que acumulan personajes y otros que parecen acumular vidas. Pepón Nieto (Marbella, 1967) pertenece a la segunda categoría. Desde que abandonó San Pedro de Alcántara con apenas 19 años para perseguir un sueño incierto en Madrid, ha construido una de las trayectorias más reconocibles y queridas de la interpretación española.

Teatro, cine y televisión han sido las estaciones de un recorrido en el que ha dado vida a policías, camareros, hombres corrientes y personajes inolvidables para varias generaciones de espectadores.

Su Mariano Moreno de "Los hombres de Paco" forma ya parte del imaginario colectivo, pero su carrera se extiende mucho más allá, con una presencia constante sobre los escenarios y ante las cámaras durante más de tres décadas.

Ahora recorre España con "La pasión infinita", una tragicomedia dirigida por José Troncoso que él mismo produce, mientras comienza el rodaje de "El malentendido", la nueva película de Álex de la Iglesia.

Entre funciones, ensayos y kilómetros de carretera, Pepón sigue observando el mundo con la misma curiosidad que cuando era aquel joven que llegó a Madrid con un mapa bajo el brazo. Para él, la movilidad nunca ha sido solo una forma de desplazarse: es una manera de entender la vida.

"Me gustó conducir desde muy pequeño"

-Naciste en Marbella, creciste en San Pedro de Alcántara y acabaste viviendo en Madrid. Si tuvieras que resumir tu vida en una ruta por carretera, ¿cuáles serían las tres paradas imprescindibles?

-Marbella, Madrid y Cádiz. Marbella porque es donde está mi familia y donde tengo el corazón. Madrid porque llevo aquí cuarenta años y porque todo lo bueno, lo malo, lo mejor y lo peor de mi vida me ha pasado en esta ciudad. Y Cádiz porque es mi lugar elegido, el sitio donde siempre he sido feliz y donde voy siempre que puedo.

"Hoy me conozco Madrid como un taxista", dice Pepón Nieto. Foto: Instagram

-¿Cuál ha sido el viaje más importante de tu vida?

-Sin duda, el que hice para venirme a Madrid. Primero vine con mi padre en coche para buscar piso y matricularme. Después regresé solo en tren. Recuerdo perfectamente aquel viaje.

Siempre había pensado que podía volver porque esta es una profesión muy difícil y yo no conocía a nadie. Pero cuando me monté en aquel tren pensé: “Yo ya no vuelvo”. Volvería a visitar a mi gente, claro, pero mi vida ya estaba aquí.

-¿Qué sentías al llegar a una ciudad tan grande siendo un actor desconocido?

-Una mezcla de ilusión y vértigo. No existían los navegadores y me compré una guía un callejero de Madrid. Iba a los sitios un poco perdido y cuando volvía a casa miraba dónde había estado. Así fui aprendiendo la ciudad. Hoy me conozco Madrid como un taxista.

-Tu padre tenía un bar y fue allí donde nació tu afición al teatro. ¿Qué recuerdas de aquellos primeros trayectos entre casa, el bar y los ensayos?

-Los recuerdo como una época muy divertida. Aquella gente fue mi primera pandilla. Éramos unos chavales a los que nos gustaba quedar para ensayar y montar espectáculos. Probablemente éramos unos raritos porque mientras otros hacían cosas más normales nosotros hacíamos teatro.

-Has dicho alguna vez que no fuiste un actor vocacional. ¿Te ocurrió algo parecido con la conducción?

-No. A mí me gustó conducir desde muy pequeño. Mi padre tenía una Ford Transit blanca y me enseñó antes incluso de tener carné. Cuando el bar estaba lleno, me mandaba a por pan, a la gasolinera o a la pescadería. Así que aprendí conduciendo por necesidad.

"Conduciría como yo Mariano, de 'Los hombres de Paco'"

-¿Recuerdas el primer coche que sentiste realmente como tuyo?

-Sí. Tardé mucho en tener coche porque vivía en Madrid, viajaba constantemente y tampoco tenía dinero para comprarlo. Pero un día hice una campaña de publicidad y con ese dinero me compré un BMW X5. Estaba feliz. Para mí representaba algo que había parecido imposible conseguir.

-Si tuvieras que asociar tres vehículos a tres etapas de tu vida, ¿cuáles serían?

-Mi juventud sería una Vespa negra de 125. La etapa de "Periodistas" coincide con ese primer X5. Y la de "Los hombres de Paco" con un Audi Q7, que fue el coche con el que más tiempo estuve y al que más cariño le tengo, aunque gastaba una barbaridad.

-¿Disfrutas conduciendo?

-Muchísimo. Soy muy mal copiloto. Cuando va conduciendo otra persona, me pongo nervioso y voy pendiente de todo. En cambio, al volante voy relajado. Me gusta conducir de día y de noche. Si no fuera porque hay que parar para tomar un café o echar gasolina, podría hacerme de un tirón el viaje de Madrid a Cádiz.

-Has interpretado personajes muy diferentes. ¿Cuál conduciría como tú y cuál sería un peligro al volante?

-Conduciría como yo Mariano, de "Los hombres de Paco", porque es un tipo prudente y yo también lo soy. Un peligro al volante sería Cucho, el personaje que interpretaba en "El tiempo de la felicidad".

En el medio Paco (Paco Tous) y a su derecha Mariano (Pepón Nieto) en "Los hombres de Paco".

-¿Eres prudente al volante?

-Muchísimo. Nunca he tenido un accidente. No he dado un parte en mi vida. Ni con el coche ni con la moto. Llevo años asegurado a todo riesgo y las compañías deben estar encantadas conmigo.

-Vives en Madrid y te mueves mucho en moto. ¿Qué descubres de una ciudad sobre dos ruedas que no ves desde un coche?

-La libertad. La moto te evita mucha frustración. En un coche te quedas atrapado en atascos imposibles y en calles sin escapatoria. En moto siempre encuentras la manera de avanzar. Además, vas viendo todo lo que ocurre a tu alrededor. Me encanta moverme en moto por Madrid.

-Los actores pasan media vida viajando. ¿Eres de los que disfrutan del trayecto o de los que solo piensan en llegar?

-Yo disfruto muchísimo del trayecto. Este fin de semana veníamos de Murcia y mañana me voy a Bilbao. Conduciré yo. Tengo mis paradas favoritas en distintas carreteras, sitios concretos donde me gusta detenerme a tomar algo o estirar las piernas.

-¿Qué has aprendido observando a la gente durante los viajes?

-Mi profesión consiste en observar. Me pasa en el metro, en un taxi o en cualquier sitio. Siempre estoy fijándome en cómo habla la gente, cómo se mueve o cómo se comporta. A veces hasta me dan ganas de grabarlos con el móvil, aunque obviamente no lo hago. Es una deformación profesional.

-¿Qué conversación recuerdas con más cariño dentro de un coche?

-Han pasado muchas cosas. Conversaciones maravillosas, llamadas importantes, incluso discusiones de pareja. El coche es un lugar donde se comparten muchas intimidades.

-¿Y los silencios?

-Viajo mucho solo. Antes escuchaba más música, pero últimamente escucho muchísimos podcasts. Así que cada vez hay menos silencios.

-Si pudieras hacer un viaje largo con tres acompañantes, vivos o muertos, ¿a quién elegirías?

-A mi padre, que ya no está. A mi hermano, que tampoco está. Y a mi madre, que sigue aquí y es el pilar de mi vida. Sería un viaje perfecto.

-¿Te gusta pasar desapercibido cuando viajas o disfrutas cuando te reconocen?

-No hago nada especial para ocultarme, pero tampoco disfruto especialmente cuando me reconocen. La gente suele ser muy amable conmigo, pero hay días en los que simplemente te apetece estar tranquilo. No es un problema, pero tampoco es algo que busque.

-¿Cuál es el paisaje que más te ha impresionado visto desde una ventanilla?

-La Alpujarra granadina. Me parece una de las rutas más bonitas que se pueden hacer en coche en España.

-Siempre llevas una maleta preparada para la gira. ¿Qué objeto nunca falta?

-Un bañador. Da igual que sea invierno o verano. Nunca sabes si el hotel tendrá una piscina o un spa y prefiero estar preparado.

-Si hoy tuvieras que elegir entre una noche de estreno y un viaje sin rumbo por una carretera junto al mar, ¿qué elegirías?

-Sin ninguna duda, el viaje. La noche de estreno es un suplicio. Sigo poniéndome muy nervioso. Cuando se acerca ese momento estoy deseando que pase. En cambio, un viaje por la costa me parece un auténtico placer.

-Imagina que dentro de muchos años alguien rueda una película sobre tu vida. ¿Con qué imagen te gustaría que terminara?

-Entrando en un teatro. Bajar del escenario significa que ya ha terminado todo. Entrar en el teatro significa que todavía queda función, que todavía quedan historias por contar.

-Después de tantos kilómetros, tantos personajes y tantos escenarios, ¿qué destino te queda por alcanzar?

-Profesionalmente, todos. Cada personaje es una vida nueva y cada proyecto es un territorio desconocido. Y en cuanto a los viajes, no creo que haya una provincia española que no conozca, pero siempre descubres pueblecitos, rutas o caminos por los que meterte y que son impresionantes. La verdad es que este país no te lo acabas.

Jaume Vidal Rubio, La Vanguardia.