Algunas personas conocen muy bien la escena: están furiosas, quieren explicar por qué algo las lastimó o las indignó y, sin embargo, antes de terminar la primera frase empiezan a llorar.

Desde afuera, el llanto puede interpretarse como tristeza. Desde adentro, la emoción dominante sigue siendo enojo. La psicología permite entender por qué eso es posible: las lágrimas no pertenecen exclusivamente a una sola emoción.

Una revisión de la literatura científica sobre el llanto realizada por investigadores de Tilburg University, University of Pittsburgh y University of Rijeka señala que el llanto emocional puede aparecer en una variedad de estados y situaciones y que todavía existen grandes lagunas sobre exactamente qué determina quién llora, cuándo y ante qué emoción. Por eso, llorar mientras se está enojado no es psicológicamente contradictorio.

La otra parte de la explicación tiene que ver con lo que se conoce como socialización emocional. Desde pequeños aprendemos no solo a reconocer nuestras emociones, sino también cuáles reciben apoyo, cuáles incomodan a los adultos y cuáles provocan castigo o rechazo.

En un estudio longitudinal con 210 parejas de madres e hijas, investigadores de las universidades de Chicago, California y Pittsburgh encontraron que las respuestas maternas de apoyo se asociaban con una mejor regulación adaptativa de la ira, mientras que las respuestas poco favorables se relacionaban con una menor capacidad para regular de forma adaptativa tanto la ira como la tristeza durante la adolescencia temprana.

Cuando una emoción aprende a ocupar el lugar de otra

Otro estudio liderado por Bonnie Klimes-Dougan, de University of Minnesota, examinó cómo madres y padres respondían a expresiones de tristeza, miedo e ira de 220 adolescentes. Uno de sus resultados fue que los varones recibían más respuestas punitivas ante expresiones de enojo que las mujeres.

La idea de fondo es clara: las familias no reaccionan igual ante todas las emociones. Cuando un niño crece en un entorno donde expresar tristeza genera consuelo y cercanía, pero levantar la voz o mostrar enojo produce castigo o rechazo, puede aprender a inhibir determinadas formas de expresión y a canalizar la intensidad emocional de otras maneras.

Los varones recibían más respuestas punitivas ante expresiones de enojo que las mujeres. Foto: freepik.

Esta dinámica, estudiada por las teorías de socialización emocional, ayuda a entender por qué las lágrimas pueden aparecer de manera automática frente a la frustración. Las experiencias familiares pueden influir en qué formas de expresar las emociones resultan más aceptables para una persona.

Por eso, llorar de enojo no es una confusión de las emociones. La ira sigue presente y es real. Las lágrimas funcionan como una vía de escape para una intensidad emocional que, debido a esa historia personal y las formas aprendidas de regulación, no siempre encuentra otra manera de manifestarse.