Magíster en Ciencias Sociales y doctor en Arquitectura, Luis Müller pasó años inmerso en el archivo de Amancio Williams (Buenos Aires, 1913-1989). Pudo acceder a los documentos completos de Williams antes de que su familia decidiera confiarlos al Canadian Centre Of Architecture, la única institución que se propuso para conservarlos como un todo: desde fotos personales hasta los estudios sobre edificios de estructuras colgantes, o una ciudad para la Antártida.

Amancio Williams. Archivo Clarín.

La tesis de doctorado que resultó de esa investigación se convirtió ahora en Amancio Williams. La invención como proyecto, un libro atrapante y revelador sobre la conducta creativa y la convicción moderna del creador de la Casa sobre el Arroyo. Sobre ese trabajo, dialogó con Clarín.

–¿Cómo llegaste al cambio de enfoque sobre el legado de Williams, del arquitecto fantasioso que construyó poco al de un hombre que hizo de la invención su proyecto?

–Fueron muchos años de acceso al archivo, lo que me dio la posibilidad de conocer otras dimensiones, poco conocidas. Williams había quedado recortado en la historiografía. Y a mí me interesó profundizar en la génesis de su creatividad, en su proceso creativo. Eso me llevó a estudiar su marco formativo, incluidas sus suscripciones a revistas técnicas y sus estudios de ingeniería, que luego abandonó para dedicarse a la aviación, lo que le permitió ver el mundo desde el aire. Williams se abrió a otra experiencia, la de pensar a la arquitectura en el espacio: una arquitectura que se despegue del suelo, más aérea. Entre 1938 y 1941 estudia arquitectura, se casa con Delfina Gálvez y abren el estudio donde comparten un proceso ya de plena experimentación sobre la forma, el espacio, la técnica. En esa primera década de trabajo, que va de 1943 y a 1952, surgen todas sus ideas, en cuanto a sus intenciones, intereses y proceso creativo.

–¿Qué siguió a ese momento seminal?

–Williams después reprocesa esas ideas. Porque está, a lo largo de su vida, volviendo sobre sus invenciones. Por eso propuse el título “La invención como proyecto”: porque había leído, estudiando lo que se había escrito sobre Williams, que toda su obra es algo así como una sucesión de invenciones, que todo proyecto suyo es una invención. Dando vuelta los términos pude pensar que en realidad todo el proceso de Williams es un proyecto en el cual la invención es constitutiva, es el proyecto.

–¿Invención en qué sentido?

–En el de ver cada problema de la arquitectura casi desde el grado cero, como si nunca hubiera sido trabajada anteriormente. Es un proyecto de vida vinculado con una experimentación en torno a eso. Es más, podríamos decir que hay problemas que tal vez no se habían visto hasta que él los hace evidentes a través de una solución posible. Williams se formó en los 30, una época muy interesada por los procesos mecánicos, los materiales, y todo eso era para Williams su repertorio formativo. No es casual que surja una mente como la suya en ese ambiente.

Amancio Williams. Archivo Clarín.

–Eso queda claro en proyectos como el aeropuerto para Buenos Aires sobre el río.

–Claro, piensa en soluciones no digo universales, pero para distintas temporalidades y distintas situaciones. La idea de un aeropuerto como si fuera la estructura de un puente puede parecer fantasioso, pero no lo era. En ese tiempo había un debate acerca de dónde construir un aeropuerto más cercano que Ezeiza, que terminó siendo Aeroparque. Williams se mete en ese debate proyectando un aeropuerto sobre el río (para el cual hizo consultas con el ingeniero italiano Pier Luigi Nervi) e imaginando, con la experiencia que traía de la aviación, que las pistas tenían que ser mucho más largas porque los aviones a reacción requerían otro tipo de trayectoria a los de ese momento. Inventa una solución totalmente alternativa, original, fuera de los parámetros del común de las soluciones posibles.

–¿Por qué decís que donde se condensa toda la capacidad de Williams es en el proyecto de los hospitales de Corrientes?

–Creo que los hospitales expresan la capacidad de Williams para leer las coordenadas de la arquitectura, hacia dónde va la disciplina. En ellos encontré la clave para pensar el proceso creativo de Williams, porque al acceder al archivo pude ver cómo desarrolla sus ideas de los borradores hasta el proyecto definitivo. Estudiando esos hospitales, que se le otorgan en tiempos de Ramón Carrillo como Secretario de Salud Pública en las poblaciones de Mburucuyá, Esquina y Curuzú Cuatiá, Williams termina resolviendo un sistema de construcción de hospitales. En lugar de pensar en tres proyectos aislados, ideó un sistema hospitalario, en el cual esos hospitales podrían haber sido replicados en otros lugares y configurados de otras maneras, porque se diseñan con piezas interconectadas. Y todo esto antes de que se estableciera el concepto de arquitectura de sistemas, que llegó en los 60. Si se los revisa bien, tienen diferencias. Pero los tres forman parte de un sistema, del cual surge que Williams estaba pensando con una creatividad que impacta. Y a eso agrega la cubierta elevada, las famosas cáscaras, que en las zonas calurosas despeja la acumulación de temperatura. Yendo hacia atrás, encontré unos dibujos de los techos altos que hizo cuando estudiaba arquitectura. Los empezó a pensar en 1939 y una década después proyecta esos techos para los hospitales. Después los propuso para distintos tipos de programas funcionales, desde una residencia a una estación de servicio. Es decir que diseña un elemento de arquitectura casi universal. Algo muy lindo que me dijo una entrevistada es que, en su estudio, Amancio pasaba por los tableros y les decía a sus ayudantes: “La arquitectura no es una cosa de moda, tiene que pensarse y ser construida para que dure por lo menos 300 años”. Pensaba en la larga duración de la arquitectura.

–Hay otro aspecto menos conocido de Williams que aparece en el libro: su rol como divulgador y polemista.

–Amancio tiene, entre los arquitectos, una especie de veneración, pero también le reprochaban que siempre estuvo como ensimismado, enrollado en sí mismo. Pero si se observa cómo generó nexos con colegas, para producir acciones concretas sobre la arquitectura como cultura, uno empieza a ver otras facetas. Para él era necesario reforzar una identidad disciplinar de la arquitectura moderna con nombres y personalidades, entonces entablan relaciones, diálogos productivos. El que más me sorprendió, es el que establece con André Bloc, director de la revista L'Architecture d'aujourd'hui. Williams se encarga de gestionar toda una red sudamericana para promocionar la arquitectura moderna de la región a través de esa publicación. Y lo que resalta fue el absoluto rechazo que le produjo enterarse de que Alejandro Bustillo, un clasicista, había sido promovido como posible director de la edición latinoamericana, lo cual genera en Williams una indignación que vuelca en una carta muy interesante.

Amancio Williams con la maqueta de Tres hospitales en Corrientes, Argentina. Foto: gentileza.

–Otra carta muy elocuente es la que envía a su hermano Mario, para quien proyectó una casa lindera a la Casa sobre el Arroyo, en Mar del Plata.

–Sí. Es una carta de renuncia casi, porque a Mario no le gustó la Casa sobre el Arroyo, que fue hecha para sus padres. En esa carta hay una ética inclaudicable. Williams escribió poco. No hay artículos o textos en términos de sentar una posición como arquitecto. Pero él estaba convencido de que su trabajo era trascendente. Y trabajó para eso, porque el archivo que dejó es impresionante: guardó todo. Se pueden reconstruir sus relaciones y su vida, porque no sólo guardó las cartas que recibía, sino también copia de las que enviaba. Trabajó para la posteridad. Una obra más de su trayectoria es este archivo monumental.

Amancio Williams. La invención como proyecto, de Luis Müller (Ediciones UNL).

–¿Qué impresión del personaje te quedó luego de tanto tiempo investigándolo?

–No me quise hacer una imagen personal. Traté de entender que se manejaba por principios y valores, y en eso era inclaudicable. Siendo un poco menos intransigente, quizás hubiera tenido más posibilidades de construir. Pero creo que buscó incesantemente la posibilidad de trabajar. No es que vivió en una burbuja. Al investigar los hospitales, de los cuales se conocía poco, encontré más de 700 planos, el cómputo y el presupuesto, pensados para licitar ya. Williams se proponía la perfección desde lo que, podríamos decir, era una relación platónica con la arquitectura.


Amancio Williams. La invención como proyecto, de Luis Müller (Ediciones UNL).