La Oktoberfest es uno de los eventos más populares del planeta, y la mayoría de las personas, acertadamente, la identifica con la cerveza.

Sin embargo, no todos saben que su origen está directamente relacionado con una boda real, concretada hace más de doscientos años.

La fiesta, que se está realizando en estos días en la ciudad de Múnich, reúne a millones de personas, y su celebración solo se interrumpió durante un puñado de años.

Un casamiento por interés y una fiesta descomunal

Para explicar el origen de la Oktoberfest hay que remontarse a fines de la década de 1800. Por entonces, la princesa Teresa de Sajonia-Hildburghausen figuraba en la lista de candidatas a esposa de Napoleón Bonaparte, quien buscaba una mujer de sangre real.

Casi toda Europa estaba bajo el control o la influencia del emperador francés. Alemania no existía como un país unificado; era un mosaico de pequeños reinos y ducados.

En este contexto, Luis, el príncipe heredero del recién proclamado reino de Baviera, sentía un rechazo visceral hacia la imposición cultural y militar francesa, y era uno de los grandes promotores del incipiente nacionalismo cultural germano: el sueño de una identidad compartida por encima de las fronteras.

Luis de Baviera y Teresa de Sajonia se casaron en 1810. Foto: Wikipedia

Por tanto, llevó a cabo una arriesgada jugada: viajó a conocer a Teresa y le propuso matrimonio casi de inmediato.

En plenas guerras napoleónicas, el príncipe pretendía, a través del enlace, concretar una maniobra geopolítica. "Me caso sin pasión, ya que es más provechoso para el futuro", le escribió a su hermana, la princesa Carolina Augusta de Baviera.

Pero la falta de amor no era rara en los casamientos de la época. Lo insólito fue cómo, después de que Teresa aceptó, lo celebraron.

En vez de una ceremonia a puerta cerrada con la aristocracia, invitaron al pueblo a una fiesta descomunal de 5 días, con la ciudad iluminada, ópera y baile gratis, mesas con comida y cerveza costeadas por el rey en plazas y tabernas.

Por las calles de Múnich hubo hasta desfiles infantiles con trajes típicos de regiones recién anexadas al reino, como Franconia y Suabia, pues la corona bávara quería más que una fiesta.

Según varios historiadores, la celebración fue diseñada para que comunidades culturalmente distintas se percibieran como una sola nación.

Culminó el 17 de octubre con una carrera de caballos en un campo extramuros, a la que acudieron unas 40.000 personas, algo impresionante si se tiene en cuenta que, en 1810, Múnich tenía 40.638 habitantes.

Fue tal el éxito que el rey de Baviera pidió nombrar el terreno donde se celebró como Theresienwiese (“pradera de Teresa”), en honor a su nuera.

Al año siguiente, recordando la repercusión de 1810, las autoridades decidieron repetir la fiesta, aunque no hubiera boda que festejar. Desde entonces, se repitió ininterrumpidamente año tras año (salvo durante las guerras mundiales), bajo el nombre de Oktoberfest.

Hoy día, es la fiesta folclórica más grande más grande del mundo, y ha sido replicada, en menor escala, en varias ciudades de distintos países: existen más de 2.000 festivales inspirados en el de Múnich.

Cambio de fecha y una apertura particular: la Oktoberfest en la actualidad

Desde 1872, el Oktoberfest de Múnich no comienza en octubre, sino que, por motivos climáticos, se decidió fijar la fecha de inicio el primer sábado después del 15 de septiembre.

Video

La Oktoberfest de Múnich 2026.

Antes de la apertura oficial, los propietarios de las grandes carpas cerveceras recorren Múnich en carros tirados por caballos, acompañados por bandas y trabajadores de las cervecerías.

Al mediodía, el alcalde de Múnich entra en la carpa Schottenhamel y abre la primera barrica de cerveza con un grifo y un mazo. Esta práctica no formaba parte de la Oktoberfest original, sino que se implementó a partir de 1950.

Cuando el funcionario consigue introducir la canilla y comenzar a servir cerveza, pronuncia la tradicional frase O'zapft is!, que significa aproximadamente "¡Ya está abierto!".

Por lo general, el alcalde entrega la primera jarra al ministro-presidente de Baviera. A partir de ese momento, comienza oficialmente el Oktoberfest y las demás carpas pueden empezar a servir cerveza.

El sonido de los cañonazos es la señal que indica el inicio del festival, al que, habitualmente, acuden más de seis millones de personas desde todos los rincones del planeta.

Los hombres llevan lederhosen, unos pantalones cortos de cuero, decorados con bordados y sostenidos por tirantes; las mujeres visten dirndls, una blusa blanca, un corpiño ajustado y un delantal cuyo lazo delata su vida sentimental: atado a la izquierda significa soltería, y a la derecha, que el corazón ya está ocupado.

Durante los 16 o 18 días que dura el evento, Theresienwiese se convierte en un gigantesco parque de atracciones, con tiovivos y montañas rusas.

La atracción de la Oktoberfest son las carpas donde se vende cerveza. Foto: Reuters/Nadine Rupp

Pero la verdadera atracción son las seis enormes carpas. Dentro de ellas se sirve muchísima cerveza, tanta como para llenar casi 3 piscinas olímpicas, a menudo acompañada con uno de los más de 1,2 millones de brezn, un tipo de pan tradicional bávaro con forma de lazo, horneados durante el festival.

En las grandes carpas también hay música en vivo, sobre todo bandas de música tradicional bávara, y la gente suele bailar sobre los bancos y acompañar las canciones. También hay polcas, valses y música popular alemana, además de canciones internacionales.