Los objetos en desuso suelen terminan convirtiéndose en basura irrecuperable. Para Benjamin Davis, de 16 años, restos de una impresora 3D que había sido desechada era el material perfecto para comenzar su proyecto: una materia prima que estaba esperando su segunda oportunidad. El estudiante de Massachusetts dedicó horas y horas a convertir este plástico desechado en un material útil.
El joven diseñó y corrigió un pequeño sistema de reciclaje para convertir el plástico desechado de la impresión 3D en filamento utilizable para próximas impresiones.
Su invento solucionó un problema creciente de residuos y le valió 75.000 dólares en la Regeneron International Science and Engineering Fair (ISEF) celebrada en Estados Unidos.
Poner en marcha la máquina no fue un tarea tan sencilla para Davis: necesitó de más de 800 horas de dedicación al proyecto: realizó más de 50 interacciones de los componentes y realizó varios rediseños hasta encontrar la pieza final.
El proyecto no fue solo un gran reconocimiento por su aporte al reciclaje, sino que también abordó problemas puntuales del filamento como la eficiencia, calidad del filamento y facilidad de uso.
Reciclar pedazos de plástico y convertirlos en filamento
En la escuela secundaria Bishop Feehan en Attleboro, este aprendiz construyó esta máquina como parte de su proyecto de investigación científica: el sistema convierte el pastico desechado (incluyendo los restos de una impresora 3D en desuso) en el filamento que puede volver a utilizarse en una impresora 3D.
El proceso permitiría a los usuarios reutilizar el material de las impresiones falladas y otros residuos para evitar la compra de filamento nuevo.
Su invento genera una alternativa mucho más económica de producción.
El invento funciona mediante dos procedimientos que transforman al plástico: pultrusión, que tira de fibras reforzadas con resina a través de una matriz caliente para formar perfiles continuos; y la extrusión, que empuja el material fundido a través de un molde.
Por qué la maquina se convirtió en una gran opción
Desde la Sociedad para la Ciencia informaron que el procedimiento de Davis es un 4% más efectivo que el uso individual de los métodos existentes y fue diseñado para un uso más práctico y producir un filamento de mayor calidad y más fácil de operar. El objetivo del estudiante era generar otra alternativa de producción que le diera uso a los desechos.
A su vez, toma tanta relevancia por el bajo costo económico: cuesta aproximadamente un 90 % menos que las máquinas de reciclaje existentes en el mercado.
Esto podría derivar en que el reciclaje de plástico a pequeña escala sea más accesible para escuelas, aficionados y usuarios individuales de impresoras 3D.
La particularidad de este equipo es que tiene un tamaño de escritorio y procesa los restos plásticos para generar un filamento reutilizable de alta calidad directamente donde se genera el residuo.
Al evitar el traslado de insumos a plantas industriales, el prototipo reduce costos y simplifica la reutilización del material.
Abordar un problema que se pasaba por alto
Actualmente las impresiones 3D son una actividad que se abordan en diversos rubros y ámbitos escolares y laborales, pero suelen implicar mucho más de lo que solo se puede ver en el producto final, es que los intentos fallidos y el filamento sobrante se acumulan a gran velocidad: hasta el 67 % del filamento en un proyecto de impresión 3D convencional se convierte en residuos.
Su maquina lo convirtió en ganador de 75 mil dólares.
Davis logró romper con ese círculo de abundantes desechos y con su máquina logró reincorporarlos a la producción: un impulso mayor hacia una fabricación más sostenible y entender que no siempre se necesita de materiales nuevos.
El reciclaje en las impresiones 3D despertaron a curiosidad de este joven y marcó en gran parte, el camino para su futuro: su interés por la fabricación avanzada y la ingeniería mecánica y de materiales.
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