El perro que antes corría hacia la puerta puede empezar a levantarse con más calma. Quizá tarde un poco más en subir al sofá, prefiera paseos cortos o pase buena parte del día descansando.
Estos cambios no implican necesariamente que haya dejado de disfrutar, pero sí obligan a observarlo de otra manera y a adaptar las rutinas a una etapa en la que el bienestar depende menos de la intensidad y más de la comodidad, la seguridad y el respeto a sus tiempos.
Juan Manuel Liquindoli, psicólogo, máster en Etología Clínica y adiestrador canino, comparte en su canal de Instagram una serie de consejos para comprender mejor el comportamiento de los perros.
Concretamente se centra en aquellos que han entrado en la vejez y recuerda que acompañarlos no consiste en renunciar a las actividades, sino en buscar otras ajustadas a sus capacidades.
Paseos tranquilos y estímulos para mantenerlos activos
La pérdida de movilidad o energía no significa que el animal deba pasar el día sin hacer nada. Liquindoli recomienda mantener actividades de estimulación sensorial y cognitiva, siempre adaptadas a su estado físico:
“Entre ellas se encuentran los paseos tranquilos, en los que pueda detenerse y dedicar tiempo a olfatear sin verse obligado a seguir un ritmo demasiado rápido”, empezaba recomendando.
Hay que acompañar adecuadamente a los perros en su vejez. Foto: Freepik
El olfato le permite al perro explorar su entorno y recibir información, por lo que un recorrido corto y pausado puede resultar más estimulante que una caminata larga. “Puedes incorporar juegos de búsqueda sencillos en casa, repartiendo comida en lugares accesibles o utilizando objetos que no exijan saltos ni movimientos bruscos”, proponía.
El especialista propone además los juegos de olfato y las bandejas para lamer, así como los descansos al aire libre. El objetivo no es cansar al animal, sino ofrecerle oportunidades para continuar interactuando con el entorno sin provocarle dolor, frustración o agotamiento.
Una casa adaptada para prevenir caídas y golpes
El envejecimiento también puede modificar la forma en que el perro se desplaza por casa. Un suelo que durante años no había supuesto ningún problema puede convertirse en una superficie difícil cuando pierde fuerza, estabilidad o coordinación.
Por eso, pequeños cambios en el ambiente pueden marcar una diferencia importante. “Puede ser buena idea instalar rampas que le ayuden a subir sin impacto y evitar las escaleras cuando les cuesta utilizarlas. También conviene facilitar el acceso a su cama, al agua y a la comida, sin obligarlo a atravesar obstáculos o recorrer grandes distancias”.
Estas adaptaciones no tienen por qué limitarse a los perros con un problema diagnosticado. Introducirlas de forma preventiva puede evitar caídas y reducir el esfuerzo que realizan las articulaciones. También ayuda mantener una distribución estable de los muebles, especialmente si el animal empieza a perder visión o se muestra desorientado.
Observar los cambios sin forzar al animal
La vejez no solo puede traer cambios físicos. También pueden aparecer inseguridades, temores o una menor tolerancia ante situaciones que antes gestionaba sin dificultad. “Quizás lo notes más testarudo o intolerante”, señalaba Liquindoli.
Sin embargo, interpretar estas conductas como desobediencia puede llevar a exigirle algo que ya no está en condiciones de hacer.
La recomendación del adiestrador pasa por acompañarlo sin forzar y respetar sus tiempos y limitaciones: “Si se detiene durante un paseo, evita una escalera o rechaza el contacto en una zona concreta, conviene prestar atención a lo que intenta comunicar”, afirma.
Un cambio brusco de carácter también puede estar relacionado con dolor o malestar y no únicamente con la edad.
Los mimos y los masajes suaves pueden contribuir a que se relaje y, al mismo tiempo, permiten detectar antes una molestia, una zona sensible o alguna alteración en la piel. Deben hacerse sin invadirlo y detenerse si muestra incomodidad. “Cada día con un perro viejo es un regalo. Merecen que los acompañemos con paciencia, respeto y mucho amor”, termina diciendo.
Los mimos y los masajes suaves pueden contribuir a que se relaje. Foto ilustrativa: generada XAI
La revisión veterinaria, una parte imprescindible del cuidado
La Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (WSAVA) recomienda evaluar periódicamente el bienestar físico y emocional de los animales de compañía y prestar atención a posibles signos de dolor o cambios de conducta.
En un perro mayor, perder movilidad, aislarse, mostrarse irritable o alterar sus hábitos de sueño, alimentación o eliminación no debe atribuirse automáticamente a la edad.
Una revisión veterinaria permite descartar enfermedades, ajustar la alimentación y el ejercicio y tratar las molestias que puedan limitar su vida cotidiana. Adaptar el hogar y las actividades ayuda, pero debe formar parte de un seguimiento profesional que tenga en cuenta las necesidades de cada animal.
Christian Jiménez, La Vanguardia
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