La escena es conocida: alguien hace una pregunta sencilla durante la cena y la respuesta termina convirtiéndose en una historia de veinte minutos, con nombres, fechas, anécdotas secundarias y recuerdos que se alejan cada vez más del punto inicial.
Cuando quien habla pertenece a la generación de los baby boomers, resulta tentador pensar que simplemente quiere adueñarse de la mesa. La explicación psicológica, sin embargo, puede ser bastante menos intencional.
Incluso existe la creencia que intenta explicarlo desde la crianza: se dice que esta generación creció bajo el estricto mandato de “ver pero no oír”, por lo que hoy estarían recuperando ese turno para hablar que la infancia les negó durante años.
Sin embargo, la psicología del envejecimiento propone mirar el problema desde otro lugar. La verdadera razón detrás de estas historias interminables rara vez tiene que ver con el ego o con un trauma de la niñez, sino con un proceso natural de la mente que modifica la forma en que organizamos la información.
El problema puede estar en filtrar, no en querer hablar más
Desde hace décadas, la ciencia estudia un fenómeno denominado off-target verbosity, o verbosidad fuera de tema. No significa simplemente hablar mucho. Se refiere específicamente a producir respuestas extensas que pierden foco e incorporan información cada vez menos relacionada con la pregunta original.
Hablar durante mucho tiempo o desviarse del tema puede parecer una necesidad de dominar la conversación. Foto: Shutterstock.
Investigadores del Departamento de Psicología y del Centre for Research in Human Development de Concordia University, de Canadá, encontraron en un estudio que quienes tenían más dificultades para suprimir información irrelevante almacenada en la memoria de trabajo mostraban también mayores niveles de verbosidad fuera de tema.
La hipótesis es bastante intuitiva. Mientras una persona relata una historia, se activan numerosos recuerdos y asociaciones. Para mantenerse en el punto, el cerebro debe decidir cuáles son relevantes y cuáles conviene dejar afuera. Si ese mecanismo inhibitorio pierde algo de eficiencia con la edad, pueden colarse más detalles en la conversación.
Una investigación posterior de Beijing Normal University y Hubei University permitió precisar ese mecanismo. Los investigadores encontraron que la verbosidad fuera de tema en adultos mayores se relacionaba especialmente con dificultades para eliminar información que ya había dejado de ser relevante y para frenar respuestas que no correspondían con el objetivo de la conversación.
No todos hablan por la misma razón
Otras investigaciones muestran que esta característica no describe a todos los adultos mayores. Un estudio publicado en Journal of Language and Social Psychology estimó que la verbosidad fuera de tema aparecía en alrededor del 20% de las personas mayores analizadas.
El trabajo también distinguió este patrón de la simple tendencia a hablar mucho: una persona puede ser muy habladora y, al mismo tiempo, mantenerse dentro del tema de la conversación.
Desayuno saludable. Foto Shutterstock.
La investigación disponible apunta así a un mecanismo cognitivo: en algunos adultos mayores puede resultar más difícil descartar información que ya perdió relevancia. Por eso, recuerdos y asociaciones que aparecen mientras hablan pueden terminar incorporándose al relato.
Así que una historia interminable durante la cena no siempre es un intento de acaparar la atención de la familia. A veces, la persona no está decidiendo incluir cada detalle: simplemente tiene más recuerdos compitiendo por salir y un filtro un poco menos estricto para mantenerlos fuera del relato.
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