Desde su primera certeza a los nueve años, cuando advirtió que lo suyo iría por el dibujo y la pintura, hasta llegar a los bocetos que hizo para Altri Canti en el Teatro Colón (2021), entre esos dos grupos de creaciones, Renata Schussheim desanda su extensa trayectoria en Figurines, el libro realizado en conjunto por la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba) y Ampersand.
Renata Schussheim. Foto: Martín Bonetto.
La publicación, cuyo formato se encuadra más en el de un Coffee Table Book que en el de un libro de texto, es el resultado de un hecho inédito que reúne a ambos sellos editoriales, y que además cuenta con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes y de la Fundación Proteatro.
Y si el prólogo a cargo del reconocido coreógrafo Oscar Araiz, amigo y entrañable compañero de aventuras creativas de Schussheim, retoma la génesis desde sus primeros diseños, y la diversidad que signó toda su obra, el posfacio, en las palabras de la periodista y escritora María Moreno, a quien la artista conoce desde la época en la que ambas trabajaban en la revista Siete Días, postula a los figurines en el mismo rango que otras piezas de la autora y se empeña en –bienvenido sea– descifrar su estilo caracterizado por las texturas peleteras, la seda o el shantun.
A su vez, entre las más de trescientas páginas que lo componen, sobresale la exhaustiva selección de bocetos realizados durante cinco décadas por la creadora para desarrollar la vestimenta de los personajes que protagonizaron obras de teatro, danza y ópera, por caso distintas versiones de Romeo y Julieta, Sueño de una noche de verano y Bocca rock, entre otras.
Renata Schussheim. Foto: Martín Bonetto.
También incluye la recapitulación de los “figurines para soñar”, en referencia a los dibujos que la artista ideó por fuera de cualquier proyecto en particular y que se inscriben en el mero propósito creativo.
Lo mismo aquellos que no llegaron a ser estrenados como los de “Gomina”, pergeñada con Jean François Casanova, otro de sus socios artísticos en más de una ocasión y la puesta de “Don Giovanni”, que hubiese estado al mando de Sergio Renán, pero tampoco llegó a verse.
Territorio propio
“Todo lo que tenga que ver con lo visual es mi territorio”, expresa Schussheim a lo largo del texto, quien además explica que suele visualizar los espectáculos apenas se los cuentan, como si se tratara de revelaciones.
Y, justamente, es esa instancia previa, la que privilegia el libro, la del devenir de cada una de las vestimentas que tendrán un rol central a la hora de darle vida a los personajes.
Además de la selección de figurines, el libro incluye los escritos breves, aunque frecuentes, que la hacedora fue recopilando durante todos estos años, y obras gráficas, como el afiche de promoción de la disruptiva Fénix (presentada en Buenos Aires a mediados de los 80), asimismo acotaciones y otras referencias a las distintas creaciones de las que fue parte.
También algunas anotaciones más en tono de bitácora personal que otra cosa, como las de los encuentros que tuvo con el diseñador italiano de vestuario Piero Tosi, el actor Alfredo Alcón y el músico y mimo Lindsay Kemp, entre otras figuras de los escenarios del mundo.
Esto último corrobora que más allá del valor artístico que creó, las piezas incluidas en la publicación se vuelven registros fundamentales de las distintas etapas que transitó y también de sus intérpretes, como las extraordinarias criaturas que imaginó para diferentes historias.
De hecho, la autora reconoce su sostenido interés por mostrar lo bestial que pueden detentar los humanos y viceversa; la humanidad que puede expresar una bestia. Y es en ese sentido que están los trajes que diseñó para Eugene Oneguin y La púrpura de la rosa, a fines de la década del 90, ambas en escenarios europeos.
Transversalmente, esos dibujos tan típicos de Schussheim, contrastan con otros más curiosos, que también forman parte del libro, como, por ejemplo, los de los grafismos Selk’nam, en alusión al pueblo originario que habitó la zona de Tierra del Fuego, para las mallas de los bailarines en La consagración de la primavera, presentada en el Teatro Colón.
Renata Schussheim. Foto: Martín Bonetto.
Y si, por un lado, el texto es un repaso vibrante para los espectadores del teatro desde la década del 70 y hasta antes de la pandemia, en una línea cronológica, aunque más que nada guiada por la familia de dibujos que la artista buscó agrupar; por el otro, es una invitación para las nuevas generaciones que no sólo no vieron la mayoría de las obras seleccionadas, sino para que además puedan hacerlo por fuera del imperativo de las pantallas.
Labor analógica
Es que Figurines honra la labor analógica llevada a cabo en cada proyecto, que no solo considera los bocetos que fueron digitalizados para poder incluirlos en el libro, con un diseño extraordinario de Martín Gorricho, sino que la propia autora expresa con orgullo que sigue desarrollando sus dibujos a mano alzada.
A eso se suma la exploración de archivo fotográfico que hizo para diferentes vestuarios y la exhibición de retazos textiles como los de los figurantes en colores cálidos de Las bodas de Fígaro o las bailarinas de Pericón.com.ar, creada por Enrique Pinti.
Renata Schussheim. Foto: Martín Bonetto.
También este trabajo pone en evidencia como la vestimenta en general y, en este caso, del vestuario en particular, se vuelve un testimonio histórico, que persiste en el tiempo en materialidad y vigencia.
Alcanza con atender especialmente a los atuendos que creó para Boquitas Pintadas, la transposición al teatro de la legendaria obra de Manuel Puig; los mismos vestidos fueron conservados por el Teatro San Martín y se usaron una y otra vez cuando fue repuesta.
Renata Schussheim. Foto: Martín Bonetto.
Este y otros espectáculos están recopilados en la línea de tiempo que funciona como corolario del libro y a la vez como yapa retrospectiva de la selección que la precede.
Figurines, de Renata Schussheim (Ampersand y Eudeba).
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