El fútbol español ha entrado en una guerra impuesta para dirimir la contienda contra marroquíes (sobre todo muchachos) que desde hace más de un mes invadieron Ceuta buscando sustento. Los chicos no han encontrado trabajo o vida, pero se hallaron ante un país hosco, o por lo menos difícil, cuya actitud ha sido una puerta que ahora es también una especie de cárcel cerca de Marruecos.
La presencia del fútbol en esta fase de la rabia local (y española) y la insistencia de los marroquíes (y de otras procedencias) ha puesto una pica complicada en este delicado conflicto. No todo el país piensa o actúa igual ante este drama multilateral. Son la derecha y la ultraderecha las que requieren que se vayan de inmediato los intrusos que llegaron de pronto desde el otro lado del charco marroquí.
Todo ello ha concitado una nueva guerra: la que el fútbol le ha brindado a los que prefieren que los extranjeros de Marruecos (y de otras procedencias) se vayan por donde vinieron. Algunos vinieron por mar, nadando, y más de cien perdieron la vida; otros vinieron por medios variados. La población ha ido creciendo su pasión por verlos partir y eso ha terminado siendo una llamada a la discordia.
Ahora todo lo que ocurre es duro, difícil de resolver, y muy complicado de explicar, quizá porque los que lo han utilizado como parte de la diatriba política española buscan una solución que sonroje al gobierno de Pedro Sánchez, cuya caída buscan a toda costa las dos facciones del presente lío nacional, el PP y Vox. Sus directivos quieren ahora que caiga el Gobierno, y que con él se vayan los que vinieron a Ceuta.
El embrollo ha conseguido ahora que el fútbol participe en la historia. Y, como se dice en España, ¡dios la que se armó! La federación nacional y, por ejemplo, el Real Madrid que, como todo el fútbol de estos tiempos, está lleno de extranjeros, impuso a sus futbolistas la idea de convertirse en adalides contra los extranjeros que buscan cobijo en la intemperie.
Mbappé, junto con otros de los extranjeros madridistas (Vinicius y Konaté), decidieron esconder el lema con el que este y otros equipos salieron a exhibir el eslogan propio de la provincia de Ceuta: “Todos somos caballas”, que es el eslogan. Los directivos les dieron las camisetas de grito al ceutí y ellos se las quitaron en seguida. No estaban de acuerdo con esa expresión unilateral de apoyo a los españoles que no quieren a estos extranjeros. La decisión de los futbolistas ha tenido un adalid cuya potencia, como futbolista, exhibe sobre todo Mbappé, el que mejor habla español de casi todos los futbolistas extranjeros que trabajan en España.
Mbappé, pues, fue el único que puso la voz. Él, como los otros compañeros, se quitaron la camiseta. El griterío que hubo contra él no fue mitigado ni por lo que él mismo dijo, él “quería tener también un gesto con los emigrantes”… Dijo exactamente: “Tengo toda la seguridad con Ceuta y con todas las víctimas. Porque antes de ser jugador, soy humano. Pero también yo quería tener un gesto y un pensamiento para todos los inmigrantes que han perdido la vida y que también están en condiciones duras”.
Tal como están en España en este momento todos los hechos que tienen que ver con el conflicto que se centra en Ceuta es conveniente decir que cualquier argumento que no sea ahora aprobado por los partidos que he citado antes (PP, Vox) será siempre contrario a Mbappé y a lo que este (y sus compañeros) se atrevieron a decir.
Recogí esta frase de un antiguo político que ya no tiene ganas de decir qué pasa en su país, pero que tuvo ganas de decirme esto acerca de la ocurrencia de la Liga y la iniciativa del Real Madrid: “La campaña en que se metió la Liga fue tan boba como inadecuada. Y más si atendemos a que casi la mitad de los futbolistas son extranjeros. Creo que ha sido Mouriño el que ha dicho que la política divide (y no olvidemos que el presidente de la Federación es militante del PP y el de la Liga es de Vox) y el deporte une. Pero aquí no se respeta nada con tal de echar a Pedro Sánchez. ¿Qué pinta lo de Ceuta en el fútbol salvo para llevarlo a masas que terminan gritando ‘¡Pedro Sánchez, hijo de puta!’?”.
Ahora España vive en estado de melancolía: ni el fútbol se adapta a la expresión libertad de expresión.
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