La llegada de Arnold Toynbee a la Argentina en 1966 significó algo más que una importante visita académica; entre otras razones, por la oportunidad que dio de tomar contacto directo con su particular filosofía de la historia en las aulas universitarias y los círculos influyentes del Cono Sur.
Invitado para dar una conferencia magistral en el IV Congreso Internacional de Historia de América por la Academia Nacional de la Historia, las aulas de la Universidad de Buenos Aires, que acababa de sufrir La Noche de los Bastones Largos, y de otras sedes universitarias -La Plata, Rosario, Córdoba y Salta- se convirtieron en cajas de resonancia de sus ideas.
El núcleo de su pensamiento, centrado en que las civilizaciones progresan gracias a la acción transformadora de "minorías creadoras" capaces de liderar las respuestas a retos existenciales, fue adoptado, discutido y criticado con igual intensidad por la intelectualidad local de la época.
En el contexto universitario de los años '60, fuertemente marcado por la difusión de las corrientes sociológicas marxistas y revisionistas, la visión toynbeana de la historia ofreció una alternativa conceptual desde el pensamiento humanista. Mientras desde algunas perspectivas y planteos de la izquierda local se criticaba su enfoque, considerado excesivamente idealista o eurocéntrico, otros historiadores y sociólogos argentinos encontraron una herramienta conceptual útil para comprender los procesos de liderazgo y los movimientos de masas en América Latina.
La idea de que una civilización decae cuando su élite dirigente se vuelve excesivamente estática y se transforma en una "minoría dominante" que debe recurrir cada vez más a su fuerza coercitiva, fue interpretada por muchos como una crítica velada a los regímenes de facto que se imponían en la región.
Seis décadas después, el impacto pedagógico de aquella visita de Toynbee puede ser considerado un hito. Las discusiones teóricas que el historiador británico mantuvo con destacados intelectuales argentinos ayudaron a poner al día la historiografía académica del país y a que esta fluyera en un contexto de efervescencia y bloqueo autoritario.
Su propuesta de abordar el pasado trascendiendo las fronteras de los Estados-nación, en el marco de unidades mayores como las civilizaciones, promovió la apertura hacia una perspectiva universalista. Al recordar los sesenta años de sus conferencias en nuestro país se puede reconocer, por ello, en Toynbee a un catalizador que ayudó a pensar el destino nacional en el devenir del mundo y sus transformaciones fundamentales.
Todavia no hay comentarios aprobados.