WASHINGTON (AP) — La oleada sin precedentes de redistribución de distritos a mitad de la década para la Cámara de Representantes de Estados Unidos ha cambiado los distritos parlamentarios de una décima parte de los estadounidenses y ha alterado de manera significativa la composición de al menos una quinta parte de los distritos, según un nuevo estudio.

En un informe de Protect Democracy se determinó que 34,8 millones de personas —aproximadamente uno de cada 10 estadounidenses— ahora viven en un distrito distinto del que tenían durante el ciclo electoral de 2024. Y cerca de una quinta parte de todos los estadounidenses vive ahora en un distrito en el que más de una cuarta parte de los votantes son nuevos en comparación con el último ciclo electoral.

Los hallazgos muestran la drástica reconfiguración que han provocado en todo el país las disputas partidistas por la redistribución de distritos, iniciadas el año pasado por el presidente Donald Trump. Los nuevos mapas parlamentarios se trazan cada vez más de maneras que favorecen la política partidista por encima de factores como la geografía y las comunidades compartidas. Eso despierta preocupación entre académicos sobre cómo la política hiperpolarizada del país afecta la democracia estadounidense.

“Si esta tendencia continúa, realmente pone en duda si los funcionarios electos siguen representando a sus electores, o si los votantes están siendo escogidos al azar por quienes trazan los mapas para obtener una ventaja partidista”, afirmó Ben Raderstorf, defensor de políticas en Protect Democracy y uno de los coautores del informe.

La batalla partidista sin cuartel por la redistribución de distritos para la Cámara comenzó cuando Trump instó a la Asamblea Legislativa controlada por los republicanos en Texas, el segundo estado más poblado, a redibujar su mapa parlamentario para ayudar al partido. El plan, sumamente inusual, provocó una respuesta inmediata de California, el estado más poblado, que celebró un referendo exitoso para inclinar su mapa a favor de los demócratas.

Otros estados siguieron el ejemplo, y los republicanos podrían ganar nueve escaños debido a la redistribución de distritos.

En el informe de Protect Democracy se advierte que esas tácticas partidistas reducen la confianza en las elecciones estadounidenses en general y aíslan a los legisladores en funciones de la opinión pública. Eso puede dificultar la organización política, se advierte en el informe, y podría agravar la ya elevada polarización política del país. Ambos partidos también podrían entrar en un “bucle de fatalidad” en el que adopten esfuerzos de redistribución de distritos más agresivos y frecuentes para evitar ceder terreno a sus rivales.

En algunos estados como Missouri, la redistribución de distritos a mitad de la década ha generado confusión entre los votantes sobre en qué distrito viven y qué candidatos aparecerán en su boleta de noviembre. Tras fallos contradictorios de tribunales inferiores, la Corte Suprema de Estados Unidos bloqueó la semana pasada los nuevos distritos de Missouri respaldados por Trump que se habían utilizado en las primarias, lo que obligó al estado a volver a sus distritos anteriores para la elección general.

El informe concluye con un llamado a nuevas estructuras electorales que, según los autores, eliminarían los posibles efectos negativos de la redistribución partidista, como la representación proporcional o una tregua formal entre los partidos para implementar planes de distritación no partidistas.

En nueve estados ya existen comisiones no partidistas para trazar las líneas de los distritos parlamentarios, pero esas disposiciones tienen límites. California, por ejemplo, suspendió sus mapas no partidistas mediante un referendo el año pasado en respuesta a las medidas de redistribución de distritos de Texas.

Esos remedios tendrían pocas probabilidades de prosperar en el Congreso y en las legislaturas estatales, pero los académicos creen que hay pocas vías para bajar la temperatura en las disputas partidistas por la redistribución de distritos.

“Esto no hará más que empeorar hasta que alguien lo detenga”, señaló Raderstorf. “La lógica de la manipulación de circunscripciones electorales apunta inevitablemente hacia una ventaja partidista maximalista en ambos bandos. No hay una salida que no sea la reforma. Es la única manera de romper el ciclo”.