Hernán Drago es tan lindo que parece que le duele la cara. Casi de IA. Conductor, partenaire gauchito en todo y encima un ser humano -eso dicen- que encarnó la venganza de los nerds como nadie nunca jamás. De niño, "rechoncho". De adulto, modelo de alta gama y a seguir viviendo del canon de belleza.

Lo escuchás y lo primero que dice es “ropa interior”. Es que trabajó muchos años haciendo publicidades de calzoncillos. “Te dan un relleno porque es más estético y la prenda luce mejor". Drago ha llegado a contar que le ofrecieron dinero por sexo, pero por suerte aparecieron en su camino los desafíos de panelista en Pampita Online y el trampolín de Bienvenidos a bordo, conducido por Guido Kaczka, lo más visto de El Trece en 2020.

Bajo la ropa interior

Cuando se prenden las cámaras, su cuerpo transformado se llena de orgullo y Drago pone esa cara de deferencia, de corrección excesiva, de estar amorosamente de acuerdo con casi todo. Un talento proactivo para la funcionalidad que no le conocíamos, pero que debe tener sustento en aquella vieja convicción de que era él y nadie más que él para protagonizar la campaña de calzoncillos.

Hernán Drago es la cara "Contractil", con una saga de comerciales.

La pandemia metió a todos adentro, menos a Drago. En 2020, el modelo con 30 años de profesión fue convirtiéndose en una cara frecuente de la tele. El modelaje no tenía nada que ver con lo que él era por dentro. Lugarteniente de Kaczka, cada noche en Bienvenidos a bordo fue forjando un spin off que ahora lo llevó a Elnueve con Bienvenidos a ganar (tomó la conducción a principios de 2026, en reemplazo de Laurita Fernández).

El ciclo de búsqueda de figuras tiene la misma productora de Es mi sueño, reality que conduce y produce Guido y va en el prime time de El Trece.

Veinte kilos después

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Hernán Drago y avisos de remedios contra las hemorroides.

Cuando se conmemoraba el Día Internacional del bullying, en 2022, se escuchó la voz imprevista, casi inaudita de Hernán Drago. A corazón abierto, contó la lucha contra la obesidad (¿?) que enfrentó desde primer grado y durante toda su adolescencia.

Llegó a tener hasta 20 kilos de más, no quería salir de su casa, le faltaba motivación. “Me mandaron al nutricionista, pero no entendían por qué no bajaba de peso. Lo que pasaba es que escondía comida en la cama”.

Desde entonces lo miramos distinto. Espléndido, pero con un dejo de resiliencia, de cierta belleza que todavía le queda por salir. Un día de 1991, a los 16 años, su apetito insurrecto quedó superado porque supo entrar en el radar de Pancho Dotto. Tiempos en que las bellezas no eran "diversas" ni mucho menos.

De asistente de Guido Kaczka en El Trece a tener ciclo propio, producido por Guido, en Elnueve.

Lindo desde el siglo pasado

Kilómetros de pasarela lo depositaron en la tele con El show del Clío, en 2009. Pudiendo estar en Guardianes de la Galaxia, más lindo que la China Suárez, Drago inicia su camino con Juan Gujis. Su perfil como referente publicitario le permitía ser una voz autorizada para presentar avisos.

“Ahí está Hernán Drago”, dijo Ricardo Darín, reconociéndolo cuando se lo cruzó en Scalabrini Ortiz y Santa Fe. Drago, mínimo, viene siendo lindo desde la década del ‘90 del siglo pasado. Ahora tiene 51. En algún momento, hace mucho, se dio cuenta de que no era uno más, que su mentón no era del montón y que acumulaba suficientes cualidades como para poder ser modelo, paradigma, prototipo, ejemplo de algo.

Traspasa la pantalla y pone en duda a más de un indeciso. Fue acomodándose en las mieles de la popularidad. Dejó de ser una sonrisa de pasta de dientes. Con Guido lo daba todo. Bastaba que el conductor accionara un deseo para que Hernán ampliara su campito de atribuciones participativas en juegos, ayudando con las adivinanzas, haciendo un ida y vuelta con el conductor, bailando todos los ritmos que existen, generando una complicidad.

Varones en problemas

Drago podía ocupar otros rincones. Un poco inocentón -quizás huella de aquel bullying-, sin dudas un agente del feminismo más intransigente, su presencia cotidiana viene provocando el cretinismo del varón heteropatriarcal. Íntimamente, Drago sufre porque a su lado -él lo sabe- todos somos hombres de a pie. Como parte de una campaña de humanización, para desenamorar un poco, fue necesario imaginar a Hernán Drago con hemorroides.

Y él se prestó con hípico sinceramiento. Justo a la hora de la cena, en la tanda que incluye laxantes, geles íntimos y probióticos, se lo escucha: "Sufrir de hemorroides me fue alejando de lo que más me gusta: los caballos. Era una pesadilla apoyar la cola en la montura". Y la saga de remedios para ese problema sigue y rinde muy bien en la tanda del prime time de Telefe.