El psicólogo canadiense Albert Bandura (1925-2021) fue un experto en el aprendizaje social, reconocido por ser una de las figuras en la transición entre el conductismo y la psicología cognitiva moderna.

Recordado profesor de la Universidad de Stanford, centró sus estudios de tendencia conductual-cognitiva, y fue reconocido por su trabajo sobre la teoría del aprendizaje social y su evolución al sociocognitivismo, así como su postulado de la autoeficacia, a la que definió como la confianza de una persona para lograr metas o superar tareas por su capacidad.

Demostró que los niños asimilan conductas observando a los adultos referentes, sin necesidad de instrucciones explícitas. Observan lo que hacen los adultos a su alrededor y lo codifican: qué recibe atención, qué se castiga, qué se ignora. Se trata de la capacidad de aprender mediante la imitación.

Qué pasa con los que creen que pueden cambiar realmente. Foto Shutterstock

Esto lo dejó explicitado con el experimento del muñeco Bobo en 1961, su estudio más famoso en el que demostró que los niños aprenden conductas agresivas mediante la imitación y la observación de los adultos, sin necesidad de recibir un refuerzo directo. Expuestos a modelos adultos agresivos tendían a repetir exactamente esas conductas violentas hacia el muñeco inflable.

"Las personas que creen que pueden cambiar su vida suelen tener más éxito, mejor salud y mayor bienestar": la sentencia de Bandura

Hoy por hoy, con el mundo hiperconectado y lleno de información constante, las recetas para alcanzar la felicidad abundan. Pero centrarse en la frase que Bandura escribió es no buscar chamanes ni apuntar al pensamiento mágico, sino saber que fortalecer la mente es lo más importante.

Pero ojo, no se trata simplemente de tener una "buena autoestima" o repetir afirmaciones positivas frente al espejo. La figura de la autoeficacia para Bandura es la convicción profunda y real de que uno posee la capacidad para realizar lo que se propone. Se trata de un motor invisible que define cómo vivimos.

Bandura habló de cómo los niños aprenden por imitación. Foto: Shutterstock

Por esto, creer realmente que uno tiene influencia y capacidad para cambiar su vida, es lo que le da un mayor bienestar. La forma en la que nos percibimos en ese sentido es lo que puede dictar cómo pensamos, sentimos y actuamos. Cuando una persona cree que tiene control sobre su destino, su respuesta ante las dificultades cambia por completo.

Lo que parece una obviedad hoy, fue un gran descubrimiento: quienes creen que cuentan con los recursos suficientes para superar las dificultades, suelen encarar los problemas de una manera diferente. En los fracasos, resisten y vuelven a intentar. Frente a desafíos no perciben las metas difíciles como amenazas, sino como un problema por resolver.

No se trata de ser positivo solamente

Tampoco es solo gritar a viva voz que "todo va a estar bien" sin hacer nada, sino tomar real conciencia de los problemas y enfrentarlos con autoeficacia, sabiendo que se tiene la capacidad de superarlos.

No se trata de tirar un problema para adelante, sino de realmente saber que los problemas que se tengan en la vida se intentarán solucionar con todas las herramientas adquiridas. Esa es la diferencia que dice Bandura entre conseguir más éxito y mayor bienestar.