Estar junto a Gustavo Santaolalla por unas cinco horas es uno de los placeres que muy pocos pueden experimentar. Este lunes, en un alto de Principio de éxtasis, la súper apuesta más fuerte del Colón en lo que va de la temporada (se estrenó el 10 de septiembre, con el ballet del teatro, basada en el cuento El Aleph, de Jorge Luis Borges, con coreografía del español Goyo Montero y voz en off de Ricardo Darín), Clarín pudo darse ese lujo.
La puesta cuenta con la musicalización del ganador de dos premios Oscar y 17 Grammy: el consagrado músico, compositor y productor argentino generó tiempo y espacio para tener un contacto cercano con la prensa.
La entrevista estaba pautada para las 19.30, pero hubo un cambio de planes. Primero, alrededor de 90 comensales se deleitaron con un “menú bien argentino”, con comidas típicas de norte a sur, ideado por mismísimo Santaolalla, y también de los vinos Cielo y Tierra, de la bodega mendocina propiedad del artista. Todo ocurrió en El Mercado, el restaurant anclado en el Hotel Faena, en Puerto Madero.
Luego, la noche continuó en el mismo lugar, con un mini recital de cuatro temas interpretados por Santaolalla, secundado por algunos músicos de su banda: con guitarras, un violín y el famoso ronroco, uno de los instrumentos favoritos del artista, eje principal de su gira luego de tres años de no pisar el suelo argentino.
Santaolalla animó una velada en Puerto Madero que terminó de madrugada, entre brindis y canciones. Foto: Mariana Nedelcu
Finalmente, la entrevista con un Santaolalla de 75 años auténtico con los medios, pasadas las doce de la noche. Se lo vio distendido, disfrutando de la vida, de los placeres de la música y de sus vinos, pero también preocupado por la actual situación que atraviesa la Argentina: “No está en su mejor momento”, exclamó.
A solas con Clarin, Santaolalla habló de todo: del éxito de Principio de éxtasis, con casi todas las localidades vendidas hasta el 20 de septiembre, de su tercer concierto con el “Ronroco Tour” en el distinguido teatro el próximo 21 de septiembre, y de una posible vuelta de la gira “De Ushuaia a la Quiaca” con León Gieco, su “hermano del alma”, entre otros temas.
Mano a mano con un grande
-¿Cuánto hacía que no venías a la Argentina?
-Hace tres años. La última vez vine a votar y después ya no volví.
-¿Cómo la encontraste ahora?
-La sigo en el día a día. Sabía lo que me iba a encontrar: un poquito lastimada, no muy bien que digamos. No está en su mejor momento. Es lamentable.
Y agrega: "Viéndolo de afuera también se hace más duro, porque pareciera que uno a veces ve más cosas. Eso te pasa cuando producís música: estás del otro lado del vidrio y ves cosas que el artista no ve. A veces pienso eso: nosotros estamos afuera y a lo mejor vemos cosas que acá no ven. Están muy claras. Es un momento muy difícil en el mundo. Creo que hay que poner a la Argentina en ese contexto, en lo que está ocurriendo en el mundo".
Hacía tres años que Santaolalla no viajaba a la Argentina. Y dijo que el país "no está en su mejor momento". Foto: Mariana Nedelcu
Abierto al diálogo, ya de madrugada, asume que "tengo una gran esperanza y confianza en nuestro país y en nuestra gente. Hemos pasado por tantas cosas horribles y, de alguna manera, las hemos superado en parte. Lo digo así porque a veces uno puede considerarlo superado, pero después te das cuenta que, otra vez, se vuelve a algo parecido. Ahí decimos: ‘Pucha, pensé que esto lo teníamos superado’. Creo que más que nunca hay que ver al país como una parte del planeta: no podemos solamente pensar acá... porque no es solamente acá".
-¿Qué te pareció "Principio de éxtasis" en el Colón?
-Me encantó trabajar con Goyo Montero. Mi experiencia con la danza viene de 1975, cuando el gran Oscar Araiz utilizaba una música que había hecho con Arco Iris y creó un ballet que se llamó Agitor. Lo hizo acá con su ballet, el ballet de Angers, y lo presentó en el Théâtre de la Ville de París. Luego, mi segunda experiencia fue haciendo un musical basado en la música de Bajofondo con un coreógrafo argentino, Julio Zurita, y con el coreógrafo Sergio Trujillo, ganador de los Tony Awards en Broadway. Hicimos tres meses en Toronto (Canadá) y en Boston ganamos unos premios por este musical muy lindo, basado en una historia que tenía que ver con los desaparecidos y con lo que pasaba en ese momento.
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"Principio de éxtasis", en el Colón.
Y, sigue enumerando: "Mi tercera experiencia o contacto con la danza tiene que ver con Pina Bausch: ella y su compañía tomaron tres músicas mías de la película 21 gramos y forman parte de un espectáculo que, de hecho, lo están haciendo ahora con Sweet Mambo. Fue maravilloso poder ver mi música con su coreografía".
-¿Cómo surgió la propuesta para hacer la música oficial de "Principio de éxtasis"?
-Hace como diez años que queremos hacer cosas con Julio Bocca (Director Artístico del Colón). Él estuvo en el Sodre, en Montevideo, pero hace años queríamos hacer algo juntos. Siempre pasaban cosas que no se podían dar hasta que surgió esta oportunidad de hacer algo que tiene un punto de inspiración en el cuento El Aleph, y me atraía muchísimo. Era una gran prueba. Estoy muy contento: es un gran paso para el Teatro Colón y para la danza en este maravilloso teatro, que siempre estuvo más orientada a lo conservador, que también está bueno. Para Julio (Bocca) también era una gran apuesta: el público y la crítica reaccionaron súper bien. Para mí es una gran experiencia.
En el restaurante del Hotel Faena, Gustavo Santaolalla diseñó un menú regional para 90 comensales. Foto: Mariana Nedelcu
-¿En qué te inspiraste para poder crear la música original y qué instrumentos utilizaste para elaborar esta pieza?
-El 90% de los instrumentos lo toco yo, pero trabajo mucho y también recurro mucho a alguien que es mi mano mi derecha y parte del día a día de mi lenguaje, Javier Casalla. Acá toca el violín y la viola. También usé una orquesta sinfónica con la que grabo -basada en Budapest- pero yo soy quien toca muchísimos instrumentos en esta obra.
-¿Cómo se fusiona la danza en "Principio de éxtasis" con la literatura de Borges y tu música?
-Si uno se pone a pensar y a tratar de racionalizar, perdés. Le doy una gran importancia al juego y parte de mi lenguaje tiene que ver con eso. Si me pongo a pensar que tengo que hacer algo sobre Borges me abrumo y no puedo hacer nada. Entonces, me dejo tomar las impresiones que recibo a través de sus cuentos, de su historia, en este caso El Aleph. O sea, está muy basado en eso aunque, de todas maneras, el ballet no tiene una narrativa lineal.
Anfitrión de noche de y madrugada, Santaolla recibió a los invitados el lunes, habló y cantó hasta las primeras horas del martes. Foto: Mariana Nedelcu
Jugar en las grandes ligas
"Volviendo a lo del juego, me entregué mucho a eso, a dejarme jugar con los personajes como Daneri (el personaje central creado por Borges en este relato): un tipo obsesionado con triunfar con su libro. Le hablaba de todo el mundo, pero Borges no terminaba de entender toda la historia hasta que, finalmente, cuando se entera que van a derrumbarle la casa, a la muerte de Beatriz Viterbo (personaje idealizado y amado por el narrador del cuento), se le agrega la muerte de la casa. Después, estas cosas no necesariamente las ves ahí, pero todo eso me hizo un mundo que me lleva a escribir la música", reconoce Santaolalla.
-¿Tuviste la posibilidad de hablar de la obra con Julio Bocca y Ricardo Darín?
-No tuve la posibilidad de hablar con Ricardo, aunque tuvimos un par de encuentros muy lindos. De hecho, él estaba en un principio en un proyecto que estoy haciendo ahora: el Payador Perseguido, que fue comisionado para mí por la Filarmónica de Nueva York. Darín iba a hacer la narración, estaba muerto por hacerla pero, desafortunadamente, justo en el momento en que este proyecto se iba a presentar él estaba filmando la próxima temporada de El Eternauta y no pudo. Me quería matar. Sin embargo, lo va a hacer Viggo Mortensen. Está buenísimo igual. Con Darín trabajé el monologo, cuando empieza el segundo acto de Principio de éxtasis. En cambio, con Julio sí he hablado.
Principio de éxtasis" está inspirado en el cuento "El Aleph", de Jorge Luis Borges. Foto: Carlos Villamayor
-¿También estuviste con León Gieco?
-Es mi hermano. Lo vi bárbaro, es un gran referente para mí. Muchas veces, cuando estoy confrontado con alguna situación, pienso: ‘¿Qué haría León en esta situación?'. En base a eso por ahí digo algo. León es un gran artista, una gran persona.
-¿Está la posibilidad de reflotar aquella gran gira de Ushuaia a la Quiaca 2? ¿Lo charlaron?
-¡Sí! Hay posibilidades. La idea está. Cuando el otro día me junté con León en La Peña del Morfi (Telefe), tocamos una chacarera de Sixto Palavecino. La tocamos una vez después de unos veinte años que no la tocábamos. Cuando la tocamos ahora fue como si la hubiéramos tocado todos los días desde hace tres años. Con León nos conocemos de memoria. Por eso queremos en algún momento poder hacer una gira de Ushuaia a La Quiaca con eso.
-El 21 de septiembre se viene un nuevo concierto con el ‘Ronroco Tour’, tu tercera presentación en el Teatro Colón.
Mi primer concierto solista fue el que hice en el Colón, en 2016. Si bien saqué discos solistas como Santaolalla (1982), GAS (1995) y también Ronroco (1996), nunca había tocado en vivo con una banda o había armado un proyecto para tocar en el Colón. En 2016 presenté Desandando el camino, en el Colón, y ahí dije: 'De acá todo para abajo'. ¿Si empezás en el Colón, después a dónde vas? También volví a tocar en 2019 con una sinfónica en el marco del “Festival Únicos”. Por suerte no fue para abajo, para nada (risas).
Gustavo Santaolalla y León Gieco, hace 41 años, cuando trazaron un mapa musical de la Argentina en el álbum "De Ushuaia a La Quiaca".
-¿Qué podés adelantarnos ahora ya que se cumplen 25 años de "Ronroco"?
-Establecí una relación muy especial con ese instrumento. Es algo muy interno que tiene que ver con el espíritu. Me llevó muchos años decidirme hacer un concierto que fuera alrededor de ese mundo. Mis conciertos siempre fueron marcados por un gran eclecticismo estilístico y sónico, de tocar cosas rockeras, folclóricas, clásicas, minimalistas y súper instrumentadas. Todo muy variado, muy entretenido y, de pronto, armar un concierto alrededor de lo que es el álbum Ronroco es una cosa diferente, que ocurre todo en un espacio.
"Hace dos años hicimos experimentos en Europa con una gira más pequeña, y el año pasado hicimos una gira más armada, con una gran respuesta de público tocando en teatros increíbles como el Concertgebouw (Países Bajos), donde Stravinski estrenaba sus obras, con todo soldout (agotado). Lo mismo en el Elbphilharmonie, el teatro más moderno de Europa que está en Hamburgo, también todo vendido, y ver qué pasaba con la gente. Es algo muy especial. En el momento en que estamos viviendo en el planeta y con todo lo que estamos viviendo acá, en Argentina, el concierto tiene un lugar. Hay algo que pasa con la música del concierto como el volumen, el manejo de los matices y todo eso, que hace que la gente lo disfrute. No quiero decir demasiado, lo tienen que ver y experimentar, pero pasan cosas maravillosas".
Palabra de Santaolalla, un artista entregado a una noche atravesada por el placer.
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