La Universidad Nacional de Tres de Febrero desarrolló un prototipo único de impresoras 3D con foco en la ecología y la calidad de las piezas fabricadas. El proyecto es llevado a cabo por el equipo AeroMat, integrado por investigadores del Centro de Energías Renovables de la universidad y docentes, egresados y estudiantes de Ingeniería Ambiental. El prototipo no tiene un equivalente comercial en el mundo y actualmente se está trabajando en la patente.
Lo novedoso de esta impresora es que es capaz de fabricar piezas de materiales compuestos a partir del uso de dos materiales orgánicos. Estos son el ácido poliláctico (PLA) y la fibra de lino, que ingresan por separado a la máquina y luego se integran al mismo tiempo de la impresión para generar un compuesto orgánico de alta resistencia. El material resultante tiene una resistencia mecánica entre 5 y 15 veces mayor a la de los bioplásticos utilizados comúnmente.
El equipo de trabajo se especializa en transición energética, y habían implementado tecnología de impresión 3D para aerogeneradores. Lucio Ponzoni, director de AeroMat, cuenta acerca de la experiencia: “Las piezas estaban generadas con plásticos biodegradables que no tenían muy buenas propiedades mecánicas. Entonces, si bien los podíamos fabricar en la impresión 3D, luego de un cierto tiempo, terminaban fallando porque no podían soportar la función de estar girando todo el día contra el viento”.
El equipo de AeroMat. De izquierda a derecha: Julieta Ganiele, Gabriel Serrano, Santiago González y Lucio Ponzoni
Entonces, la idea para crear un modelo que mejore la resistencia de los materiales apareció, y el equipo empezó a trabajarlo en 2022. A medida que el proyecto iba avanzando, los investigadores entendieron que el desafío podía transformarse en una tecnología mucho más amplia, capaz de trabajar con diferentes matrices y fibras naturales y aplicarse a otros sectores industriales, según explica Ponzoni. La presentación oficial se hizo el pasado 4 y 5 de septiembre en La Rural en el marco del Congreso Argentino de Impresión 3D, luego de tres años y medio de desarrollo.
Otra particularidad del funcionamiento de este sistema es que, al momento de la impresión, se pueden orientar las fibras en función de lo que se requiera: “Es decir, si yo necesito fabricar una pieza que está va a estar sometida a tensión, puedo orientar esas fibras naturales cuando imprimo en la dirección del esfuerzo y eso lo que hace es que la pieza no se rompa en esa dirección a la que va a estar sometida”, comenta Ponzoni.
AeroMat presentó el prototipo en el Congreso Nacional de Impresión 3D, en La Rural.
El director de AeroMat remarca que existen otras impresoras “que usan algo parecido a lo que nosotros podemos llegar a hacer”. Sin embargo, agrega que trabajan con materiales sintéticos formados a partir del petróleo “y que, si bien tienen mejores propiedades que los nuestros, el gran problema que tienen estas piezas es que después cuando cumplen su vida útil, no se pueden reciclar, o son muy difíciles o caros de reciclar”. Por lo tanto, muchas empresas notaron que, al utilizar aquellas impresoras, no pueden cumplir con la economía circular, lo que es un requisito cada vez más común para obtener créditos y desarrollar proyectos.
En definitiva, el prototipo de impresora 3D desarrollado por el equipo Aeromat de la UNTREF apareció como una respuesta frente a una problemática específica que surgió en el uso de piezas diseñadas para aerogeneradores. Sin embargo, la tecnología puede ser útil para otro tipo de industrias, a la vez que asegura a las empresas el cumplimiento de estándares ecológicos, al producir un compuesto que, una vez que cumple con su ciclo de vida, se degrada de manera natural.
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