Un problema aparece en el trabajo y la mente comienza a imaginar que terminará en un despido. Una discusión de pareja se transforma rápidamente en la posibilidad de una separación. Una molestia física lleva a pensar que probablemente empeorará. Para algunas personas, las amenazas parecen crecer a medida que piensan en ellas.

La psicología tiene un concepto para describir este patrón: “looming cognitive style” (LCS), que podría traducirse como estilo cognitivo de amenaza creciente. Se trata de la tendencia a imaginar que un peligro aumentará rápidamente en probabilidad, intensidad, gravedad o proximidad.

Un estudio publicado el 23 de julio de 2026 en la revista científica Cognitive Therapy and Research investigó qué ocurre con quienes presentan este patrón y encontró una diferencia importante: su relación con la ansiedad sería directa, mientras que su vínculo con los síntomas depresivos pasaría por la rumiación, es decir, quedar atrapado en pensamientos negativos repetitivos.

Qué significa pensar que un problema siempre va a empeorar

Los autores del trabajo, John Riskind y Ayse Altan-Atalay, explican que las personas con un LCS elevado no perciben una amenaza simplemente como algo negativo.

Los investigadores recomiendan que quienes experimenten problemas de salud mental se contacten con los servicios de salud. Foto Shutterstock.

Su particularidad está en el movimiento que imaginan: el problema parece acercarse, hacerse más probable o volverse progresivamente más grave.

No sería lo mismo, por ejemplo, pensar que existe un conflicto laboral que imaginar inmediatamente una secuencia en la que ese problema aumenta hasta resultar incontrolable.

Investigaciones anteriores ya habían relacionado este estilo cognitivo principalmente con la ansiedad. Una persona que interpreta las amenazas de esta manera puede experimentar mayor vigilancia y preocupación porque siente que dispone de cada vez menos tiempo para reaccionar.

El nuevo estudio intentó responder otra pregunta: ¿cómo puede ese patrón relacionarse también con síntomas depresivos?

El papel de darle vueltas una y otra vez al mismo problema

Los investigadores estudiaron inicialmente a 370 universitarios de entre 18 y 60 años. El análisis final incluyó a 247 participantes, el 77% mujeres, que completaron las dos etapas del trabajo.

Primero respondieron cuestionarios diseñados para medir el estilo cognitivo de amenaza creciente, la rumiación, la ansiedad y los síntomas depresivos. Aproximadamente seis semanas después, volvieron a evaluar los dos últimos indicadores.

¿Pueden ciertos síntomas asociarsse con depresión? Foto Shutterstock

Los resultados mostraron caminos diferentes.

El LCS se relacionó directamente con posteriores síntomas de ansiedad. En cambio, cuando los investigadores incorporaron la rumiación al modelo estadístico, la asociación con los síntomas depresivos apareció indirectamente a través de ese pensamiento repetitivo.

La rumiación consiste en regresar mentalmente una y otra vez a situaciones angustiantes, sus causas y consecuencias. En lugar de avanzar hacia la resolución del problema, la persona puede quedar concentrada en errores, pérdidas o situaciones que siente incapaz de modificar.

Por qué sentir que se pierde el control puede ser importante

Una posible explicación está relacionada con la sensación de control.

Cuando alguien imagina que una amenaza crece constantemente, también puede comenzar a percibirla como cada vez más difícil de detener. Según los autores, ese sentimiento de inevitabilidad podría favorecer el paso desde la preocupación por lo que ocurrirá hacia la rumiación sobre aquello que no se pudo resolver.

Muchas personas imaginan que una amenaza crece constantemente. Foto Shutterstock.

De esta manera, dos personas pueden enfrentar el mismo problema y representarlo mentalmente de formas muy distintas. Para una puede mantenerse relativamente estable; para otra, puede convertirse rápidamente en una amenaza que parece avanzar.

Los investigadores destacan además una diferencia entre preocupación y rumiación. Aunque ambas implican pensamientos negativos repetitivos, la preocupación suele estar orientada hacia amenazas futuras, mientras que la rumiación tiende a concentrarse en pérdidas, errores o malestar que ya ocurrió.

Lo que el estudio todavía no permite afirmar

Los propios autores advierten que los resultados tienen limitaciones. La muestra estuvo compuesta por estudiantes universitarios y no por pacientes diagnosticados, por lo que los hallazgos no pueden generalizarse automáticamente a toda la población.

Además, el estilo cognitivo y la rumiación fueron medidos al mismo tiempo al comienzo del estudio. Por eso, aunque el análisis encontró una relación entre ambos, no demuestra que imaginar amenazas crecientes provoque posteriormente la rumiación ni que cause depresión.

La rumiación mental es un patrón de pensamiento repetitivo e involuntario.

El trabajo sí aporta una pista sobre un comportamiento cotidiano: imaginar repetidamente que un problema va a crecer puede formar parte de un patrón psicológico más amplio. Y, según estos resultados, quedar atrapado pensando una y otra vez en aquello que parece imposible de controlar podría ser una pieza importante para entender su relación con el malestar emocional.