Científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) descubrieron nueve nuevas especies de esponjas marinas de aguas profundas en Alaska, un hallazgo que permite conocer mejor la biodiversidad de una región del océano que todavía permanece en gran medida inexplorada.

Los ejemplares fueron encontrados en el golfo de Alaska y las islas Aleutianas, según informó NOAA Fisheries. Con las nuevas incorporaciones, ya son 232 las especies de esponjas identificadas en aguas de Alaska, aunque los investigadores consideran que podrían existir cientos todavía desconocidas.

Las muestras fueron recolectadas durante los estudios anuales de arrastre de fondo que NOAA Fisheries utiliza para monitorear las poblaciones de peces y mariscos. Los científicos analizaron especímenes obtenidos desde 2012 y describieron formalmente las nuevas especies en dos trabajos científicos publicados recientemente.

Por qué las esponjas son importantes para los ecosistemas de Alaska

Las esponjas se encuentran entre los animales multicelulares más antiguos de la Tierra, con una historia evolutiva que se remonta a más de 600 millones de años. Aunque carecen de cerebro y órganos complejos, cumplen funciones fundamentales: filtran el agua de mar y crean estructuras que sirven como hábitat para otras especies.

“Las esponjas son ecológicamente importantes”, explicó Sean Rooney, biólogo pesquero de NOAA y coautor de los estudios en el Alaska Fisheries Science Center.

El investigador las comparó con los árboles de un bosque porque aportan estructuras complejas en el fondo marino que ofrecen hábitat y refugio a peces y cangrejos de importancia comercial.

Las comunidades densas de esponjas son consideradas por NOAA como hábitats esenciales para los peces, debido a que proporcionan refugio y pueden favorecer la supervivencia, el crecimiento y la recuperación de sus poblaciones.

Foto: NOAA Fisheries

Además, estos animales producen sustancias químicas para defenderse de depredadores y competir con otros organismos. Algunos de esos compuestos son investigados por su potencial para desarrollar tratamientos contra el cáncer.

Cómo identificaron las nueve nuevas especies

Reconocer una nueva especie de esponja presenta dificultades particulares. A diferencia de muchos animales marinos, que pueden distinguirse mediante características visibles como aletas o formas corporales, numerosas esponjas tienen pocos rasgos externos que permitan diferenciarlas.

Por ese motivo, los científicos deben estudiar sus estructuras microscópicas y material genético.

“Los códigos de barras de ADN proporcionan una referencia genética rápida”, explicó Meredith Everett, bióloga del Northwest Fisheries Science Center de NOAA.

El procedimiento tampoco está libre de obstáculos. Como las esponjas se alimentan filtrando el agua, dentro de sus tejidos pueden encontrarse ADN de otros organismos y sustancias bioquímicas capaces de interferir con los análisis. Pese a ello, el equipo consiguió desarrollar nuevos códigos de barras genéticos para varias especies de Alaska.

Para Rooney, los nueve descubrimientos representan apenas una parte de lo que podría encontrarse en la región. Las grandes profundidades y las zonas rocosas son particularmente difíciles de estudiar con los métodos tradicionales.

“Ahora hay más de 232 especies identificadas de esponjas en Alaska y probablemente cientos más que todavía desconocemos”, señaló el científico.

Las amenazas que enfrentan las esponjas de aguas profundas

El descubrimiento se produce mientras organizaciones ambientalistas advierten sobre las presiones que enfrentan los ecosistemas del fondo marino de Alaska.

Una de las principales preocupaciones es la pesca de arrastre de fondo, una técnica que utiliza redes que se desplazan sobre el lecho oceánico y que puede afectar los hábitats donde crecen estas comunidades.

A esto se suma la propuesta de la administración del presidente Donald Trump de ampliar la minería en aguas profundas para obtener minerales críticos, como níquel y cobre, utilizados en distintas aplicaciones tecnológicas y militares.

Cooper Freeman, director para Alaska del Center for Biological Diversity, sostuvo que los “jardines de esponjas” funcionan como refugio y áreas de desarrollo para distintas especies de peces y cangrejos.

El ambientalista cuestionó tanto el impacto del arrastre de fondo como una eventual expansión de la minería submarina, al considerar que ambas actividades pueden alterar ecosistemas particularmente frágiles.

La administración Trump también planteó explorar posibilidades de minería submarina en extensas áreas del Pacífico, incluidas zonas cercanas a las Islas Marianas del Norte y Guam, iniciativas que han generado oposición en esos territorios estadounidenses.