No hace falta ordenar toda la casa. A veces alcanza con guardar los platos, sacar papeles y objetos acumulados sobre una mesa o dejar completamente despejada la mesada de la cocina para experimentar una inesperada sensación de alivio.
La psicología y la neurociencia encontraron algunas explicaciones posibles. Los objetos que aparecen simultáneamente dentro del campo visual compiten por recursos limitados de procesamiento, mientras que otros estudios hallaron una relación entre percibir el propio hogar como desordenado y determinados indicadores de estrés.
Qué ocurre cuando hay demasiadas cosas a la vista
Stephanie McMains y Sabine Kastner, investigadoras de Princeton University, estudiaron cómo responde el cerebro cuando debe procesar varios estímulos visuales simultáneamente. En una investigación publicada en The Journal of Neuroscience, utilizaron resonancia magnética funcional para observar la actividad cerebral de los participantes.
Los objetos que aparecen simultáneamente dentro del campo visual compiten por recursos limitados de procesamiento, mientras que otros estudios hallaron una relación entre percibir el propio hogar como desordenado y determinados indicadores de estrés.
Los resultados mostraron que cuando diferentes estímulos aparecen al mismo tiempo compiten por su representación dentro del sistema visual. Como la capacidad de procesamiento es limitada, la atención ayuda a seleccionar aquello que resulta relevante.
Eso no significa que cada taza o papel sobre una mesa produzca estrés. El experimento tampoco utilizó habitaciones desordenadas. Pero muestra por qué seleccionar información en un campo visual cargado puede exigir más al sistema de atención.
Los resultados mostraron que cuando diferentes estímulos aparecen al mismo tiempo compiten por su representación dentro del sistema visual.
El estudio que entró en las casas de 60 personas
Para analizar específicamente el hogar, Darby Saxbe y Rena Repetti, entonces investigadoras de UCLA, realizaron un estudio con 60 integrantes de parejas de doble ingreso. Los participantes recorrieron sus propias casas mientras describían los espacios ante una cámara. Posteriormente, las investigadoras analizaron las palabras que habían utilizado.
Expresiones relacionadas con desorden, acumulación y proyectos sin terminar fueron agrupadas dentro de una categoría denominada “hogar estresante”. Las referencias al descanso y la naturaleza, en cambio, formaron parte de la categoría de “hogar restaurador”.
Expresiones relacionadas con desorden, acumulación y proyectos sin terminar fueron agrupadas dentro de una categoría denominada “hogar estresante”.
El equipo hizo algo más: midió durante tres días el cortisol, una hormona involucrada en la respuesta del organismo al estrés.
Qué encontraron al medir el cortisol
Las diferencias aparecieron especialmente entre las mujeres.
Aquellas que describían sus hogares utilizando más expresiones asociadas con el desorden y las tareas pendientes mostraban un patrón diario de cortisol más plano y un aumento del estado de ánimo depresivo durante el día.
Las mujeres que percibían sus casas como más restauradoras mostraban un patrón diferente. El resultado, sin embargo, requiere cautela. El estudio encontró una asociación, pero no demostró que el desorden fuera la causa directa de las diferencias observadas.
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Por qué la psicología es tan importante en la vida cotidiana
Tampoco permite afirmar que ordenar una habitación reduzca automáticamente el cortisol.
El desorden no significa lo mismo para todos
Hay otro detalle importante en el trabajo de UCLA: las investigadoras no determinaron objetivamente cuántos objetos había que acumular para considerar desordenada una casa.
Lo que analizaron fue cómo cada persona experimentaba y describía su propio hogar. Una pila de libros, juguetes o papeles puede representar para alguien una serie de obligaciones pendientes. Otra persona puede convivir con exactamente los mismos objetos sin experimentar malestar.
Por eso, no existe científicamente una cantidad ideal de cosas que deberían quedar a la vista.
¿Alcanza con ordenar una sola superficie?
No hay estudios que demuestren específicamente que despejar una mesada produzca calma porque el cerebro deja de “decidir” qué objetos ignorar.
Sin embargo, las investigaciones sobre atención ofrecen una explicación más prudente: reducir los estímulos visibles también reduce la cantidad de elementos que compiten simultáneamente por el procesamiento visual.
Además, ordenar una pequeña superficie puede transformar rápidamente la percepción general de un ambiente sin exigir la tarea mucho mayor de organizar toda la casa.
Lo que la ciencia puede decir sobre el orden
Sentirse mejor después de despejar una mesa no significa tener una personalidad obsesiva ni demuestra que el desorden sea perjudicial para todo el mundo. La evidencia apunta a algo más sencillo: el entorno visual y la manera en que interpretamos nuestro hogar pueden relacionarse con nuestra experiencia psicológica.
Por eso, quizás el alivio que aparece después de ordenar una mesada no provenga de una misteriosa necesidad de tener todo impecable. Puede ocurrir que, entre decenas de objetos y tareas pendientes, una superficie despejada simplemente convierta una pequeña parte del ambiente en un lugar donde ya no queda nada por resolver.
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