Las personas que superan los 110 años reciben el nombre de supercentenarios. Su existencia plantea una paradoja para la ciencia: han atravesado más de un siglo de desgaste biológico, pero muchos consiguieron posponer enfermedades que aumentan drásticamente con la edad.

Una investigación reciente sugiere que parte de la explicación podría encontrarse en la manera en que su sistema inmunitario continúa adaptándose incluso después de los 100 años.

El estudio, publicado en agosto de 2026 en Cell Reports, analizó células T de 28 japoneses: ocho personas de entre 70 y 99 años, diez centenarios de 100 a 109 y diez supercentenarios de 110 años o más. Los científicos observaron una diferencia llamativa en unas células conocidas como linfocitos T citotóxicos CD4, o CD4 CTL.

En los participantes menores de 100 años estas células representaban alrededor del 4% de las células T. Entre los centenarios alcanzaban aproximadamente el 10% y entre quienes habían superado los 110 años llegaban a cerca del 18%.

Un sistema inmunitario que no parece limitarse a deteriorarse

Los CD4 CTL son interesantes porque pueden matar directamente células que reconocen como anormales. Por lo general, constituyen una fracción pequeña del sistema inmunitario, pero los investigadores descubrieron además que en los centenarios y supercentenarios muchas de estas células se habían multiplicado formando grandes clones.

Llegar a los 110 años es tan excepcional que quienes lo consiguen son considerados un grupo biológico especialmente valioso para estudiar el envejecimiento. Foto: Pexels

El clon dominante representaba, en promedio, un 33,3% de los CD4 CTL analizados. Eso sugiere que estas células habían encontrado determinados estímulos persistentes y se habían multiplicado para responder a ellos.

Al comparar los receptores de esas células con bases de datos científicas apareció otra pista: numerosas secuencias coincidían con las encontradas previamente en células T que se expanden dentro de tumores, incluidos algunos cánceres de pulmón, mama e hígado. Ninguno de los participantes centenarios estudiados padecía esos cánceres.

Eso llevó a los autores a plantear una hipótesis: estas células podrían participar en una vigilancia inmunitaria capaz de eliminar células potencialmente peligrosas antes de que lleguen a transformarse en una enfermedad detectable. Pero es importante remarcar que el estudio no demostró que esas células sean la causa de la longevidad ni que protejan efectivamente del cáncer.

El hallazgo encaja con una revisión publicada también en 2026 en Nature Reviews Immunology. Allí, investigadores de distintos centros describieron que centenarios y supercentenarios presentan características inmunitarias poco habituales: mejor control de la inflamación crónica, determinados patrones de expresión genética similares a los de personas más jóvenes y adaptaciones particulares del microbioma.

La gran pista, entonces, podría no ser que estas personas tengan un sistema inmunitario que simplemente envejece más despacio. Podría ser algo más interesante: continúa reorganizándose y adaptándose.

Es probable que llegar a los 110 años dependa de una combinación extraordinaria de genética, ambiente, azar y estilo de vida. Pero la nueva investigación aporta una pieza fascinante: incluso cuando casi todos los sistemas del organismo acumularon más de un siglo de historia, ciertas defensas parecen conservar todavía la capacidad de cambiar para protegerlo.