Los monos capuchinos de cara blanca suelen desplazarse por amplias extensiones de bosque tropical seco en busca de frutas, insectos y agua. Pero cuando una sequía extrema redujo drásticamente esos recursos en Costa Rica, su comportamiento cambió.

Entre 2014 y 2016, la sequía vinculada con El Niño provocó graves daños en el paisaje. Numerosos árboles dejaron de producir frutos y algunos cursos de agua se secaron completamente.

El problema no era solamente encontrar comida. Las frutas constituían también una importante fuente de hidratación. A medida que desaparecieron, el agua disponible pasó a convertirse en uno de los recursos fundamentales para garantizar la supervivencia.

Los monos capuchinos tuvieron que readaptarse a la falta de agua y frutas. Foto: AFP

Los capuchinos tuvieron que modificar las rutas que habían utilizado durante años. Abandonaron partes de sus territorios y comenzaron a concentrarse alrededor de los pocos cursos de agua que todavía permanecían disponibles.

El resultado fue una convivencia forzada. Decenas de ejemplares terminaron ocupando sectores reducidos de las orillas y los encuentros entre grupos, que normalmente mantenían cierta distancia, comenzaron a producirse con mayor frecuencia.

Con menos alimento, menos agua y un creciente desgaste físico apareció otro comportamiento: la defensa territorial. Algunos individuos empezaron a proteger sus zonas y las disputas por los últimos puntos de acceso al agua se volvieron habituales.

Los grupos de monos comenzaron a disputarse las mejores zonas del río

La crisis alteró incluso las ventajas tradicionales de vivir en comunidad. Los grupos más grandes podían imponerse gracias a su superioridad numérica y comenzaron a controlar los sectores más favorables de las orillas. Los grupos pequeños fueron desplazados hacia zonas degradadas o con menos recursos.

Sin embargo, pertenecer a una comunidad numerosa no garantizaba mejores condiciones: cuantos más integrantes había, mayor era la competencia por conseguir alimento. Los investigadores observaron que la eficiencia individual para encontrar comida disminuía dentro de los grupos grandes. La misma cantidad limitada de recursos debía repartirse entre demasiados animales. Las consecuencias fueron severas.

Los investigadores de campo registraron pérdidas significativas de peso y los integrantes más vulnerables fueron quienes sufrieron el mayor impacto. Uno de los datos más extremos estuvo relacionado con las crías: la mortalidad infantil llegó al 84%, más de tres veces por encima de los niveles habituales. Las hembras adultas también registraron una mortalidad superior a la de los machos.

Qué descubrieron los científicos sobre los monos capuchinos

La presión llegó a modificar algunos vínculos sociales. Hubo hembras que abandonaron a crías moribundas para buscar alimento, mientras algunos grupos se transformaron en unidades defensivas concentradas en conservar sus posiciones junto al agua.

Los registros pertenecen al Lomas Barbudal Monkey Project, que lleva décadas realizando observaciones de campo. Los datos permitieron analizar cómo los fenómenos ambientales extremos modifican los costos y beneficios de vivir en grupo.

Los investigadores encontraron una paradoja. En condiciones normales, pertenecer a un grupo numeroso puede ofrecer ventajas frente a comunidades vecinas. Durante una crisis extrema, esa superioridad puede reducirse porque aumenta simultáneamente la competencia entre los propios integrantes.

El mono caí o capuchino, tiene una eficiencia individual para encontrar comida que disminuía dentro de los grupos grandes. Foto: Freepik

Algunos ejemplares terminaron dispersándose y otros grupos se fragmentaron. En esas condiciones, defender un sector dejó de ser simplemente una cuestión de jerarquía: se convirtió en una estrategia de supervivencia.

El fenómeno fue analizado en el estudio Environmental fluctuations alter the competitive trade-offs of group size in a social primate, publicado en 2026 en Nature Ecology & Evolution.

El caso muestra hasta qué punto una crisis ambiental puede reorganizar las relaciones sociales de una especie: cuando escasearon el agua y la fruta, controlar los últimos recursos disponibles pasó a determinar qué grupos tenían mejores posibilidades de sobrevivir.