Durante décadas, la imagen del pulpo estuvo asociada a un animal escurridizo, inteligente y capaz de esconderse entre las rocas del fondo marino. Sin embargo, un nuevo hallazgo paleontológico está obligando a los científicos a revisar esa idea.
Fósiles descubiertos en antiguos sedimentos oceánicos indican que los primeros pulpos pudieron alcanzar casi 20 metros de longitud y poseían unas mandíbulas tan resistentes que les permitían triturar presas de caparazón duro con una fuerza excepcional.
Un nuevo hallazgo sobre los pulpos cambió el mapa del conocimiento científico. (Foto: imagen ilustrativa - IA)
El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Hokkaido, en Japón, se basó en una parte del cuerpo que sí logró sobrevivir al paso de millones de años: las mandíbulas.
A diferencia del resto del organismo, compuesto casi por completo por tejidos blandos que rara vez se fosilizan, estas estructuras ofrecieron suficiente información para reconstruir el aspecto, el tamaño y los hábitos alimenticios de estos antiguos cefalópodos.
Para localizar los fósiles, el equipo utilizó una combinación de tomografía de alta resolución y un sistema de inteligencia artificial entrenado para identificar mandíbulas ocultas dentro de bloques de roca. Las muestras procedían de antiguos fondos marinos de Japón y de la isla de Vancouver, en Canadá, y fueron datadas entre 100 y 72 millones de años, durante el Cretácico Superior.
Mandíbulas diseñadas para romper caparazones
Los investigadores determinaron que los restos pertenecían a un grupo extinto de pulpos con aletas conocido como Cirrata. El desgaste observado en las mandíbulas resultó sorprendente: presentaban grietas, rayaduras, pulidos y fracturas que solo pueden producirse tras morder repetidamente presas extremadamente duras.
En algunos ejemplares, hasta un 10% de la punta de la mandíbula había desaparecido por el uso, una señal de que se trataba de cazadores especializados y muy agresivos. A partir de las dimensiones de esas mandíbulas, los científicos estimaron que algunos individuos pudieron alcanzar casi 20 metros de largo, un tamaño comparable o incluso superior al de varios reptiles marinos que compartían el mismo océano.
Además, detectaron un desgaste desigual entre ambos lados de la mandíbula, lo que sugiere que estos animales preferían morder siempre del mismo lado, un comportamiento relacionado con la lateralización cerebral y considerado un indicio de elevada complejidad cognitiva.
Un descubrimiento que cambia la historia evolutiva
Los fósiles también obligan a modificar la cronología de la evolución de los pulpos. Según los autores, el registro conocido de los pulpos con aletas retrocede unos 15 millones de años, mientras que el origen del linaje general de los pulpos se adelanta alrededor de cinco millones de años respecto de lo que se aceptaba hasta ahora.
El trabajo fue publicado en la revista Science y constituye la primera evidencia fósil directa de pulpos gigantes depredadores.
El hallazgo cuestiona una idea instalada desde hace décadas: que los grandes vertebrados eran los únicos depredadores dominantes de los océanos prehistóricos. (Foto: imagen ilustrativa - IA)
Más allá del tamaño de estos animales, el hallazgo cuestiona una idea instalada desde hace décadas: que los grandes vertebrados eran los únicos depredadores dominantes de los océanos prehistóricos.
Los investigadores sostienen que algunos invertebrados también pudieron ocupar la cima de la cadena alimentaria y que el uso de inteligencia artificial para analizar fósiles ocultos permitirá reconstruir con mayor precisión ecosistemas marinos que aún guardan numerosos secretos.
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