“Un partido de rugby se puede asemejar a una partida de ajedrez, como también puede contener piezas de ballet y combates de lucha grecorromana. Por eso es tan apasionante”, acierta Jorge Búsico en su flamante ADN Puma. Gloria, caída y renacimiento del rugby argentino en la era profesional, publicado por Aguilar.

El seleccionado argentino de Rugby Los Pumas enfrentan a Australia en la Ciudad Jujuy. Foto: Emmanuel Fernández.

El libro viene a sumarse a un pack de obras que, en los últimos años, son tanto signo del crecimiento de ese deporte por fuera de sus confines originales como también de que, por distintos motivos, no suele dejar indiferente a nadie.

El deporte de la pelota ovalada, esa que pica para cualquier lado, en su versión moderna es antiguo, valga la aparente paradoja. Ya hacia mediados del siglo XIX se jugaba en Inglaterra una versión aproximada a la actual, aunque durante varias décadas de ese siglo las diferencias reglamentarias con su primo hermano, el fútbol, no estaban claras.

Sin embargo, los países europeos que dominaron el surgimiento y el desarrollo de la actividad (Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda) la encapsularon y sostuvieron que debía ser amateur, principio que, con claroscuros, mantuvieron hasta 1995, a contracorriente de casi todos los demás deportes.

En esa misma línea, recién se organizó un Mundial en 1987, mientras que el fútbol lo había hecho en 1930 en Uruguay, el básquet en Argentina en 1950 y el vóley en 1949, en Checoslovaquia. Quizá esa suerte de aislamiento intencional y la complejidad de sus reglas hayan provocado que la bibliografía sobre el rugby no fuera abundante.

524 clubes y 110 mil jugadores

Pero el ritmo del crecimiento de la cantidad de jugadores y de espectadores hizo que la tendencia cambiara. Como recuerda Búsico, hay 524 clubes desplegados en todo el país y 110 mil jugadores fichados. Solo a modo de ejemplo de la expansión territorial, existen clubes de rugby de geografías tan distintas como Defensores de Glew, Nevado, de Chilecito, en La Rioja, y Bigornia, en Rawson, Chubut.

ADN Puma escarba en distintos episodios que se ubican entre mediados de los 90, cuando el profesionalismo se oficializa a nivel internacional, y la actualidad, con Los Pumas consolidados con un equipo de primer nivel. Con todo, sería un error encasillar al libro solamente como “deportivo”.

Porque Búsico, autor de clásicos de la materia como Ser Puma y El Rugido, explica también internas grupales, disputas políticas al interior de la dirigencia del rugby argentino, las relaciones con las potencias y el costado comercial que inevitablemente ganó terreno con la mayor difusión del deporte.

Se analizan vínculos económicos entre algunas figuras de Los Pumas y distintas empresas, la influencia de la señal televisiva ESPN, el rol clave, en varios casilleros del tablero, de Agustín Pichot y otros elementos que permiten iluminar el mundo del rugby local, todavía reacio a abrirse del todo.

Agustín Pichot. (Photo by Juan MABROMATA / AFP)

En ese marco, le dedica un buen espacio a la “Pumamanía” generada por el tercer puesto en el Mundial de Francia de 2007, en donde la Argentina derrotó dos veces a la selección local, y a las repercusiones sociales de esos éxitos, que llevaron al rugby y a sus protagonistas a lugares insospechados.

El asesinato de Fernando Báez Sosa

Otro espacio importante se lo lleva el peculiar año 2020, que empezó con el asesinato del joven Fernando Báez Sosa por un grupo en donde había jugadores de rugby, que siguió con el primer triunfo en la historia del seleccionado argentino ante los All Blacks y que continuó con el paso en falso de los Pumas ante la muerte de Diego Maradona, no honrada como sí lo hicieron los neocelandeses.

El anuncio de la mamá de Fernando Báez Sosa por la misa a seis años de su brutal crimen en Villa Gesell.

Como anticlímax de una temporada fatídica para la imagen pública de ese deporte, se reflotaron viejos tuits racistas de algunos jugadores, de cuando tenían 18 años, situación que también cuenta el libro.

ADN Puma se nota escrito desde el conocimiento profundo del juego, de la historia y de la idiosincrasia del rugby argentino. Pero al mismo tiempo el autor nunca se rebaja a la condescendencia y es punzante en distintos momentos, en particular cuando explica los acuerdos comerciales que rodean al fenómeno Puma y a sus protagonistas más conocidos.

Por fuera de esta obra, y más allá de los libros que publicaron ex Pumas como el propio Pichot y Patricio Albanese, el rugby es también objeto de estudio académico, a partir del Grupo de Estudios e Investigaciones en Rugby (GEIR), en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y articulado con el Conicet.

Entrenamiento de los Pumas para el mundial de Australia_ de 2003. Foto: Archivo Clarín.

En tanto, el doctor en Comunicación Juan Branz, también de la UNLP, es autor de Machos de verdad. Masculinidad, deporte y clase en Argentina, publicado en 2019 por Mascaró, que desmenuza los aspectos machistas del rugby. Sebastián Fuentes, por su parte, (otro investigador del Conicet, como Branz), publicó en 2021 por Prometeo Cuerpos de elite. Educación, masculinidad y moral en el rugby argentino.

Más recientemente, en 2024, los historiadores Andrés Reggiani y Alan Costa publicaron por Siglo XXI El Rugby. Historias, rituales y controversias desde sus orígenes hasta hoy, quizás el mejor libro académico para comprender el desarrollo de ese deporte en el país, lejos de lecturas maniqueas, y que es citado por Búsico. El mismo año, Agustina Caride editó por Marea ¡Vamos las pibas!, sobre Las Espartanas, el primer equipo de rugby de mujeres en prisión.

Andrés Reggiani y Alan Costa publicaron por Siglo XXI El Rugby. Historias, rituales y controversias. Foto: Ariel Grinberg.

Al año siguiente, Sudamericana lanzó Espartanos. Reescribiendo historias, en donde Eduardo Oderigo y Carlos Reymundo Roberts cuentan la historia de ese proyecto-equipo, nacido en un penal de San Martín, que antecedió al equipo femenino que retrata Caride. Todas estas obras pueden servir como apertura para mirar a ese mundo en expansión.


ADN Puma. Gloria, caída y renacimiento del rugby argentino en la era profesional, de Jorge Búsico (Aguilar).